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OPINIÓN La Unión Europea y América Latina: Entre el libre cambio y un partenariado estratégico por Josep Borrell Fontelles | ||
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Como Presidente del Parlamento Europeo mis siguientes reflexiones irán de la mano del núcleo central de las relaciones entre la Unión europea y América Latina. No me referiré a las dificultades del proceso de ratificación de la Constitución en estos momentos, a pesar de su importancia capital para el proyecto europeo. Esta difícil situación, que tantas energías políticas consume, no disminuye en nada el evidente interés que Latinoamérica representa para la Unión Europea y la necesidad de desarrollar nuestra Asociación Estratégica Birregional. Y ello, a pesar de las grandes asimetrías entre ambos bloques regionales. En efecto, la participación en el comercio mundial es del 5% para la ALADI ([1]) frente al casi 40 % de la UE. Y en generación del PIB mundial la UE supera en 7 ú 8 veces a la ALADI, por no hablar de los distintos estadios en los que se encuentran los correspondientes procesos de integración. Pero no nos engañemos: América Latina constituye una prioridad para España, pero no lo es todavía para la Unión Europea. España y Portugal están en condiciones de mantener abierta la puerta natural de la Unión hacia América Latina, pero hoy por hoy, pocos de sus socios europeos la cruzan de forma decidida. Las razones son múltiples y todavía tenemos que convencer a los otros europeos de que la Asociación Estratégica Birregional sólo tiene sentido si su contenido está a la altura de las legitimas expectativas e intereses a ambos lados del Atlántico. Es un hecho que España ha utilizado en todo momento y sin complejos sus sucesivas Presidencias de la Unión como instrumento privilegiado para reforzar el alcance y la eficacia de la política exterior de la Unión en América Latina y, de paso, dar aún mayor relieve e importancia a su papel político en el área. Retrocediendo unos años y sin ánimo exhaustivo, recordaré logros importantes de la segunda Presidencia española de la UE en 1995, tales como la firma del primer acuerdo interregional UE-MERCOSUR; el fuerte impulso dado a las relaciones de la Unión con México y Chile; la renovación del Diálogo de San José entre la UE y Centroamérica; la mejora del SPG (Sistema de Preferencias Generalizadas) para Centroamérica y el Grupo Andino; el inicio de un diálogo exploratorio entre la UE y Cuba, entre otras. Los esfuerzos españoles, y también portugueses, no han tenido lugar únicamente en el seno del Consejo, sino que se han visto precedidos y secundados con creces por la Comisión Europea, cuyas más altas instancias políticas y administrativas relacionadas con América Latina han estado casi ininterrumpidamente ocupadas por Comisarios y altos funcionarios españoles. De igual modo, las asistencias más regulares y las intervenciones más frecuentes en las comisiones y delegaciones competentes del Parlamento Europeo para América Latina siguen correspondiendo por lo general a europarlamentarios españoles. | ||
Consecuentemente con esta actitud, he visitado oficialmente este verano (europeo) del 2005, como Presidente del Parlamento europeo, a dos países de América Latina, Brasil y Chile. En ellos se han concentrado las relaciones entre la UE y Latinoamérica estos últimos años. En efecto, el Tratado de Asociación con Chile, firmado en 2002 y ya ratificado por todos los países de la UE, constituye el elemento más positivo de las relaciones EU/AL y el mas completo de los Acuerdos de Asociación firmado por la UE con un país no candidato a la adhesión. Por otro lado el Tratado comercial con MERCOSUR (Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay), está en punto muerto desde hace algún tiempo, demasiado tiempo. Durante mi viaje he podido constatar como las autoridades brasileñas consideran que la UE no tiene demasiado interés en concluir esa negociación cuando, paradójicamente, en la UE se piensa lo mismo de la actitud de la otra parte. Esta preocupante situación demuestra, como decía antes, que veinte años después de la adhesión de España y Portugal, América Latina dista de ser una prioridad para la acción exterior de la Unión. No lo es en el ámbito de la PESC (precedida como va por las cuestiones relativas a las sucesivas ampliaciones, la nueva política de vecindad, las relaciones transatlánticas, las relaciones con los países ACP, Rusia, China, etc.). No lo es tampoco en el ámbito de las relaciones económicas y comerciales exteriores (que a pesar de los recientes Acuerdos de Asociación con México y Chile están en regresión estos dos últimos años), ni en materia de cooperación al desarrollo (con una asignación inferior a la de cualquiera de las otras zonas geográficas mencionadas anteriormente). El Parlamento europeo trabaja desde hace tiempo para invertir esta tendencia y dar un contenido adecuado a la Asociación Estratégica Birregional, concebida como una verdadera Asociación política y de seguridad. Y ello es así porque uno de los principios básicos de la acción exterior de la Unión, en sus esfuerzos por consolidarse como un actor global, es la búsqueda de un multilateralismo efectivo. Y junto a él, la preeminencia del enfoque regional. Multilateralismo, integración y multipolaridad son conceptos fundamentales que compartimos con los países latinoamericanos. | ||
Esta es la razón por la que el Parlamento europeo, junto con los Parlamentos de integración latinoamericanos, sigue proponiendo para la Cumbre de Viena de 2006: una nueva Agenda Política Birregional, una Carta Euro-Latinoamericana para la Paz y la Seguridad; la creación de una Asamblea Transatlántica Euro-latinoamericana, integrada por igual número de parlamentarios del PE, por un lado, y del Parlatino, Parlacen, Parlandino, Comisiones Parlamentarias Mixtas, México y Chile por otro, y la creación de una Secretaría Permanente Euro-Latinoamericana que impulse los trabajos de la Asociación en el período entre Cumbres. También creo que la creación de una Zona euro-latinoamericana de libre Comercio a más tardar en 2010 no puede aplazarse por más tiempo. Se trata de un objetivo movilizador decisivo para el refuerzo de la Asociación en los ámbitos económico y comercial. También aquí resulta obvia la actual asimetría entre la ALADI y la UE por lo que se refiere al peso comercial de cada uno de los dos bloques en el comercio de su contraparte. Mientras que para la ALADI, la UE es el tercer destino de sus exportaciones y el segundo de sus importaciones, para la UE, ni las importaciones ni las exportaciones con los países de la ALADI superan el dos por ciento. Ello es en parte consecuencia de la posición de los países latinoamericanos en la globalización: el reciente Índice Mundial de Globalización de 2005 elaborado por la prestigiosa revista Foreign Policy y la consultora A.T. Karney sitúa a Panamá como primer país latinoamericano en globalización (en el puesto 24 de los 62 considerados), por delante de España (26) y seguido de Chile (34), bien por delante de México, Argentina, Colombia, Perú, Venezuela y Brasil, que ocupan uno de los últimos puestos. Pero más allá de las consideraciones comerciales, considero que nuestra Asociación Estratégica Birregional debe caracterizarse, sobre todo, por la promoción de sociedades más justas y cohesionadas. Una asociación estratégica para el desarrollo Si hay algún ámbito que debería caracterizar especialmente la Asociación Estratégica Birregional UE-AL éste debería ser, sin duda, el de su vertiente social, educativa y de cooperación al desarrollo. El Parlamento Europeo ha propuesto lanzar una decidida y generosa política de cooperación al desarrollo de Latinoamérica, centrada especialmente en la lucha contra la pobreza, así como en los ámbitos de la educación, cultural, social, de la salud y de la migración. | ||
Las razones para ello son evidentes: aunque la UE -Comisión más Estados miembros- es el primer donante de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) en favor del continente latinoamericano, la realidad es que la pobreza en América Latina se comprende fácilmente cuando se sabe que los ingresos de hasta dos dólares diarios siguen superando el 40 % y la pobreza extrema, de hasta un dólar diario de ingresos, se acerca al 20 % de la población. Un análisis comparativo de los últimos 20 años en el continente latinoamericano muestra que, a pesar de haberse llevado a cabo con determinación muchas de las reformas económicas y estructurales preconizadas por el «Consenso de Washington», la pobreza y el nivel de indigencia apenas si han disminuido, al tiempo que han aumentado índices como los de concentración de la riqueza (y por tanto de la desigualdad) y la disminución del empleo estable. En particular, la lucha contra la pobreza y la desigualdad, la acción conjunta en materia de educación y de salud, y la dignificación y recuperación social de las poblaciones indígenas, deben estar en la base de una nueva y generosa política de desarrollo de la UE hacia América Latina, basada en medidas como: - la apertura progresiva de los mercados de la UE en línea con los objetivos previstos en los Acuerdos de Asociación; - la creación del Fondo de Solidaridad Birregional propuesto por el Parlamento Europeo en 2001; - la adopción de un marco legislativo diferenciado y la asignación de recursos presupuestarios adecuados y no inferiores proporcionalmente a los que el nuevo Acuerdo de Cotonou prevé para los países ACP; - una política migratoria negociada, decida y generosa; - la apertura de los programas de la Unión Europea relativos a la formación profesional, a la educación, la cultura y la cooperación científica y técnica; - y, en fin, el apoyo a programas de reformas institucionales y fiscales, y la integración completa y efectiva de la población indígena en la vida política, económica y social de cada país en igualdad de derechos con el resto de los ciudadanos. Sólo así cabría considerar que la Asociación Estratégica entre ambas regiones es digna de tal nombre y reposa en algo más que en el desarrollo del comercio entre las partes. Por otra parte, los trabajos actuales del Parlamento Europeo hacia América Latina van encaminados a asegurar que la próxima Cumbre de Viena sea un éxito. En esa próxima Cumbre, la IV, de Jefes de Estado y de Gobierno de la UE/América Latina y Caribe que se celebrará en mayo de 2006, se debería llegar con un acuerdo entre la UE y MERCOSUR, listo para firmar. En Viena se deberían fijar las fechas para el comienzo de las negociaciones comerciales, base para el futuro acuerdo de Asociación entre la UE y América central, y entre la UE y los países de la Comunidad Andina. Todos estos elementos son parte de la ambiciosa estrategia birregional que ya adoptó el PE en su resolución de 2001: «Hacia una asociación global y una estrategia común para las relaciones entre la UE y América Latina.» Naturalmente esta relación birregional deberá hacerse para, con y por el bien de los ciudadanos. No es suficiente que avancemos hacia espacios económicos si el ciudadano no encuentra en ellos la respuesta a sus inquietudes y problemas cotidianos. Discutir sobre acceso a mercados o disminución de aranceles sólo tiene sentido si se habla también de cohesión social y de solidaridad, porque detrás de todos los tecnicismos del comercio internacional, hay seres humanos cuyas vidas se verán profundamente afectadas por su aplicación. El Parlamento Europeo que tengo el honor de presidir, ha insistido siempre, a través de sus resoluciones, ante las demás instituciones de la UE y ante los gobiernos de los Estados miembros, en la necesidad de ayudar, con todos los medios disponibles, a los países latinoamericanos a construir una sociedad basada en la dignidad humana y en un progreso equitativo y sostenible. Es un sueño que puede hacerse realidad. Por él se nos ha acusado muchas veces de ser excesivamente ambiciosos, soñadores y aún quijotescos, en nuestras propuestas. No es éste último un particular calificativo que nos deshonre. Conviene decirlo precisamente ahora; porque, aunque fruto del trabajo común, las propuestas de la UE se deben parte al esfuerzo combinado de políticos, diplomáticos y funcionarios españoles y portugueses. Y por otro lado, porque ello resume bien cuánta imaginación, determinación y entrega serán necesarias para poner las relaciones Unión Europea-América Latina-Caribe a la altura que merecen en un entorno complicado últimamente por el dificultoso proceso de ratificación de una Constitución Europea a cuya cita histórica España y sus ciudadanos han llegado, esta vez, los primeros.
Josep Borrell Fontelles es
Presidente del Parlamento Europeo |
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