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4 de noviembre de 2004


OPINIÓN
Ventajas de profundizar la relación UE-Mercosur  
por Jorge Remes Lenicov
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La revisión de la metodología aplicada facilitaría las negociaciones
Los países del MS deben continuar reequilibrando su macroeconomía

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El Mercosur (MS) y la Unión Europea (UE) recientemente acordaron continuar las negociaciones, aunque para alcanzar un resultado satisfactorio se necesitaría una revisión metodológica. Hay disparidades importantes entre ambos: la UE tiene un ingreso per cápita de 26.100 dólares (PPA) y el Mercosur de 8.200 y, entre 1990 y 2002, la UE creció a mayor ritmo. Sin embargo, el Mercosur tiene un gran potencial, con el triple de superficie que la UE y la mitad de población, que bien aprovechado puede atraer más inversiones, incrementar el comercio y mejorar su nivel de vida.

Para alcanzar esos objetivos es fundamental el diseño de una estrategia para el desarrollo, el acompañamiento del contexto internacional y la actitud de la UE, cuyo rol es central, tanto por su exitosa experiencia en materia de crecimiento y equidad, como por su peso específico en la elaboración de reglas internacionales que promuevan el comercio, el mejoramiento de las finanzas mundiales y la lucha contra la pobreza.

Esquemáticamente, se pueden comparar dos modelos: el promovido por el Consenso de Washington (1989) y el que implementó la UE (1993) para incorporar a los 10 nuevos países. Son dos esquemas muy distintos para establecer normas de gobierno que llevaron a resultados diferentes. Los países del Mercosur están modificando aquellos aspectos negativos e implementando medidas tendientes a un mayor crecimiento y a reducir la pobreza.  El caso más patético fue Argentina, que en los noventa era «el mejor alumno» y terminó con la peor crisis; gracias a la salida de la convertibilidad y a los equilibrios macroeconómicos el país se está recuperando.

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La revisión de la metodología aplicada facilitaría las negociaciones

El Consenso de Washington propuso 10 medidas que no fueron las adecuadas para resolver los problemas esenciales; desatendió la problemática social, la educación y la tecnología, y aspectos institucionales básicos, como el mejoramiento del Estado y su necesario rol en cuestiones como las regulaciones y defensa de la competencia o la promoción de pymes. Además, no se cumplieron los supuestos de acceso a los mercados de los países desarrollados ni el apoyo financiero adecuado. Tampoco fue adecuada su metodología: «Hagan las reformas estructurales…ello promoverá el crecimiento… y luego mejorará el bienestar...», decían. El Consenso exacerbó los problemas sociales y la inestabilidad y debilitó instrumentos de política económica.

La UE, al diseñar su ampliación, implementó una estrategia distinta. En 1993 define las condiciones generales de ingreso para los nuevos países: sistema democrático, economía de mercado e incorporación de las normas de la UE. En 1997 se establece la agenda de negociación con 30 capítulos bien definidos y los mecanismos de apoyo. Para 2003 la agenda estaba casi cumplida. Por cierto, los nuevos países debieron hacer un tremendo esfuerzo de adaptación institucional, de organización económica y de cambio cultural.

El proceso de negociación y de reformas internas fue acompañado con 3.000 millones de dólares anuales de apoyo, la apertura total del mercado europeo, tiempos para su adecuación y subsidios agrícolas.  Los resultados de ambos esquemas son claros. Basta comparar los 10 puntos del Consenso de Washington y los 30 de la ampliación europea para explicar por qué en el primer caso aparecen hoy las autocríticas y revisiones, mientras que en el segundo sólo hubo pocas modificaciones coyunturales.

La reconstrucción europea en la posguerra encuentra una economía mundial en franca expansión (el crecimiento entre 1946 y 1974 fue el doble que en los 25 años posteriores); el comercio internacional crecía aceleradamente (casi el doble que el aumento del PBI) y tuvo apoyo externo (Plan Marshall).

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Los países del MS deben continuar
reequilibrando su macroeconomía

Los organismos financieros internacionales tenían fondos, apoyaban políticas anticíclicas y había una gran estabilidad financiera. En cambio, a partir de los ochenta la economía internacional se desacelera, los organismos multilaterales tienen una visión procíclica y sesgada hacia lo financiero, los movimientos de capitales se vuelven inestables y prevalece el proteccionismo agrícola. En los países industrializados éste alcanza los 350.000 millones de dólares anuales, generando pérdidas para América latina por 8.300 millones. Contrastando, la ayuda al desarrollo nunca superó el 0,25 % del PIB, cuando el objetivo era llegar al 0,7 %; la diferencia es de 130.000 millones de dólares anuales.

La experiencia en estrategias de desarrollo y las tendencias mundiales abren un espacio para profundizar la relación entre la UE y el MS.

Los países del MS deben continuar reequilibrando su macroeconomía, proceso que está bien encarrilado. Luego se deben ir haciendo los cambios institucionales y las reformas pendientes. Hoy, la mera mención de reformas no es bien percibida (sensación de «agotamiento»), debido a la mala experiencia de los noventa. Para empezar a salir de la crisis las reformas no son indispensables, pero sí para darle continuidad al crecimiento y generar desarrollo.

Si bien el MS avanzó, el programa propuesto para 2004-06 indica la ardua tarea que queda por delante. Se debe perfeccionar el mercado único, afianzar su estructura institucional y plantear políticas comunes en cuestiones estratégicas y en relación a terceros países.

La UE, por su parte, debería tener en cuenta su propia experiencia al formular sus planteos para el acuerdo con el MS. Esto es, reconocer las disparidades y consecuentemente los diferentes tiempos de adecuación, el trato especial y diferenciado, abrir sus mercados a los productos que más interesan al MS y apoyar el período de transición.

Al MS le conviene ahondar la relación con la UE, pues abre mercados, se profundiza el diálogo político y aumentan las perspectivas de mejorar el nivel de vida. La UE seguirá también este acercamiento por razones estratégicas y económicas. Por conveniencia mutua, un buen acuerdo MS-UE puede y debe ser finalizado. Como los temas por tratar son amplios y complejos, un punto central para facilitar las negociaciones sería la revisión de la metodología aplicada, a la luz de la experiencia acumulada y de los resultados obtenidos. (Clarín/Buenos Aires).


Jorge Remes Lenicov es  Embajador Argentino frente a la Unión Europea.

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