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OPINIÓN
Una política de Estado para el tipo de
cambio
por
Aldo Ferrer |
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El esfuerzo debe ser razonable
La solución sería un tipo de cambio alto para las exportaciones
Hay que impedir la
apreciación del peso |
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La
existencia de un extraordinario superávit en el balance comercial (del
orden de los 35 mil millones de dólares en los últimos tres años) y el
default sobre más del 50% de la deuda externa plantean
actualmente desafíos inéditos a la administración de la política
cambiaria.
En tales circunstancias, la alternativa planteada es
acumular reservas en el Banco Central para sostener el tipo de cambio o
dejar caer la paridad para aumentar el pago de la deuda. De la
resolución de este problema depende la recuperación y el desarrollo de
la economía argentina.
Los argumentos neoliberales a favor de la
apreciación del peso son insostenibles y refutados por la
experiencia de países que están aplicando con éxito tipos de cambio
competitivos, como China, Malasia, Taiwán y la República de Corea. No es
cierto que, con un tipo de cambio más bajo, el mismo superávit primario
del presupuesto permita comprar más dólares y pagar más deuda. En
realidad, la apreciación del peso volvería a deprimir la economía y a
reducir la recaudación y el superávit primario. Por eso, entre otras
razones, hay que crecer para pagar la deuda.
Tampoco es cierto que la emisión de pesos para
aumentar las reservas generaría inflación. Existen todavía recursos
ociosos y capacidad de importar para aumentar la oferta ante la eventual
expansión excesiva de la demanda efectiva. Además, el Banco Central, si
hace falta, puede realizar operaciones de mercado abierto, colocando
letras y absorbiendo liquidez. El consiguiente déficit cuasifiscal por
los intereses de las letras sería compensado con creces con la
recaudación generada por el crecimiento de la producción y el empleo. |
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El esfuerzo debe ser razonable
Por último, tampoco es verdad que si se hace un esfuerzo mayor para
pagar deuda y se complace a los mercados, volverán el crédito y el
crecimiento.
Esta es la política que provocó la crisis y el default.
En el pasado, Argentina exportó tanto ahorro como
importó deuda y vendió activos internos, con los resultados conocidos.
El país puede y debe hacer un esfuerzo razonable para resolver el
problema de la deuda. Pero el crecimiento no depende del crédito externo
sino de espacios de rentabilidad, difundidos en todo el sistema
económico y el territorio, que retengan el ahorro interno, eviten la
fuga de capitales y atraigan inversiones extranjeras directas que
fortalezcan la competitividad internacional de la economía.
No hay restricciones técnicas ni debería haber
compromisos con el FMI que impidan sostener el tipo de cambio. En
todo caso, este tema, aún con más urgencia que otros, no es negociable o
puede ser administrado a través de la política de mercado abierto del
Banco Central. Se trata, en definitiva, de una medida política dentro de
la esfera de decisión del país.
Demostrar la insolvencia de la argumentación
neoliberal es fácil. Lo difícil es resolver el problema que el tipo de
cambio efectivo no puede ser el mismo para los sectores que
explotan los recursos naturales abundantes y para el resto de los
sectores. Nunca hemos logrado alcanzar una solución estable y equitativa
de esta cuestión. |
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La solución es un tipo de cambio alto para las exportaciones
Los países como el nuestro, en los cuales sus recursos naturales son el
origen principal de sus exportaciones, registran presiones a la baja de
la paridad de sus monedas con el dólar y otras divisas. La explotación
del recurso natural goza de una ventaja competitiva internacional no
accesible al resto de la economía. Por lo tanto, la paridad suficiente
para la rentabilidad de esa actividad no alcanza para la competitividad
del resto de la economía productora de bienes y servicios
comercializados internacionalmente.
A su vez, si la paridad es consistente con la
rentabilidad de las otras actividades, se genera una renta exagerada en
el sector que exporta bienes originados en la abundancia relativa de
recursos naturales. En nuestro país el dilema se agrava porque
Argentina exporta el mismo tipo de bienes que consume. Por lo tanto,
un tipo de cambio exageradamente alto para la producción primaria
aumenta los precios relativos de la alimentación. En otros términos, el
tipo de cambio es una variable crítica de la distribución del
ingreso y del salario real.
La solución conveniente es establecer un tipo de
cambio alto con un impuesto o retención sobre las exportaciones
derivadas de la explotación de los recursos naturales abundantes. ¿Qué
es más conveniente para el sector exportador de productos agropecuarios:
un tipo de cambio bajo sin retenciones o alto con retenciones? La única
ventaja de la segunda variante puede ser el acceso a insumos y equipos
importados eventualmente más baratos. Pero tiene un costo indirecto por
la contracción del mercado interno (que es más estable que el mundial),
desempleo, pobreza y malestar social y, consecuentemente, mayor
inseguridad.
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Hay que impedir la
apreciación del peso
Como lo demuestra la experiencia internacional, incluyendo países con una
dotación semejante de recursos como Australia y Canadá, los productores
agropecuarios más prósperos son los de las economías industriales.
Es imprescindible una política de Estado para la
administración del tipo de cambio. El compromiso básico debería ser el de un
tipo de cambio efectivo, administrado por un régimen de retenciones
transparente y sujeto a un acuerdo que debería abarcar el conjunto de la
política referida a la producción primaria, consistente con la rentabilidad
de toda la producción argentina de bienes y servicios transables.
Es impostergable que el Gobierno fije una posición
categórica sobre esta cuestión e impida la apreciación del peso. No
existen impedimentos técnicos ni compromisos insalvables con el FMI que
impidan hacerlo. Se trata de una cuestión crítica reveladora de la densidad
nacional del país.
A saber, si el país y su Gobierno tienen o no capacidad
de defender el interés general y lograr consensuar, entre los sectores
fundamentales de la economía, una política de desarrollo con equidad.
(Buenos Aires/ Clarín).
Aldo Ferrer, ex ministro de Economía y
profesor titular de estructura económica argentina en la Universidad de
Buenos Aires (UBA).
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