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5 de marzo de 2004


OPINIÓN
Se pueden ampliar los beneficios de la globalización
por Tarja Halonen y Benjamín Mkapa
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Hay que globalizar los beneficios de la capacidad productiva
La falta de equidad profundiza la desconfianza

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El 23 de septiembre de 2003 el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, advirtió a la Asamblea General de que ese organismo internacional se encontraba ante una encrucijada. Nosotros, como Copresidentes de la Comisión Mundial sobre la Dimensión Social de la Globalización, creemos que el mundo enfrenta un momento histórico y decisivo.

La Comisión fue creada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para abordar algunos de los desafíos que enfrenta el mundo en esta hora. Como seres humanos, de nosotros depende que tomemos la senda correcta, que haría de este mundo un lugar más seguro, justo, ético, integrador y próspero para la mayoría y no sólo para unos pocos, tanto dentro de los países como entre ellos. Pero tememos que se prefiera  andar con rodeos, ignorar las señales y dejar que el mundo se vea sumido en nuevas espirales de turbulencia política, conflictos y guerras.

Creemos que el informe de la Comisión Mundial que presentamos el 24 de febrero ofrece argumentos suficientes para que los dirigentes políticos, tanto del ámbito nacional como internacional, se convenzan y escojan la senda adecuada a efectos de lograr una globalización para todos.

En la actualidad la globalización es un tema muy polémico. Cuando iniciamos este proceso también las opiniones de los 26 miembros de la Comisión eran disímiles, como reflejo de experiencias muy diferentes. Provenimos de algunos de los países más ricos y más pobres. Y formamos un grupo en el cual participaron presidentes, sindicalistas, empresarios, parlamentarios, representantes de grupos indígenas, académicos y asesores gubernamentales.

Esta fue la riqueza y la fortaleza de nuestro trabajo. Fuimos capaces de lograr opiniones comunes, una visión unificadora. Y el resultado de eso es el informe.

Nuestra conclusión es que el futuro de nuestros países y el destino de nuestro planeta nos exige replantearnos todos juntos la cuestión de la globalización. Nuestra meta final es lograr que la globalización sea una herramienta importante para promover el trabajo decente, reducir la pobreza y el desempleo, y respaldar el crecimiento y el desarrollo.

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Hay que globalizar los beneficios de la capacidad productiva

Está claro que la globalización debe cambiar. Su rumbo actual no es ni ética ni políticamente viable. Se ha creado riqueza, y la economía de mercado ha demostrado en forma clara su gran capacidad productiva. La globalización podría generar grandes beneficios. Sin embargo, hay demasiada gente que no logra cosechar esos beneficios.

Es mucho lo que se puede hacer para aprovechar el potencial de la tecnología, los mercados, el conocimiento y la creatividad humana.

Proponemos un proceso que permitiría recoger los beneficios de la globalización a todos los niveles, comenzando por el impulso a las comunidades locales y las mejorías en la gobernanza de las naciones, pues el camino hacia una globalización más justa comienza en casa. Además consideramos necesarios estados nacionales fuertes, que provean los servicios básicos (educación, salud, apoyo a las familias y a los trabajadores migrantes). Los estados nacionales donde predomina la injusticia no pueden contribuir a un sistema mundial más justo.

Una globalización justa que cree oportunidades para todos también requiere el desarrollo de instituciones internacionales representativas de los intereses de todos los habitantes del mundo. La gobernanza mundial debe ser más efectiva, más coherente y democrática, para responder a las demandas de la mayoría. Esto significa cambiar las metas, las estructuras y los equilibrios de poder en las organizaciones internacionales. Significa darle prioridad a temas como el crecimiento sostenible, empleo e inversiones, migraciones, objetivos sociales, y también a la generación de reglas justas para el comercio y las finanzas. Significa más democracia, más transparencia y responsabilidad en las instituciones encargadas de la gobernanza global.

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La falta de equidad profundiza la desconfianza

En este momento la injusticia caracteriza al sistema. Reglas iguales para actores desiguales son una garantía de resultados desiguales. Algunas reglas, como aquellas relacionadas con la agricultura, textil o comercio, implican claras desventajas para los países en desarrollo. La falta de una mayor equidad en este campo está profundizando las desconfianzas, y perpetúa las divisiones sociales.

Creemos que el trabajo decente debe ser un objetivo a nivel mundial. El empleo y la falta de empleo generan preocupaciones compartidas por todos los países del mundo. El empleo provee sustento y cohesión social, y permite trabajar contra la pobreza.

También nos parece necesario movilizar recursos internacionales de varias fuentes para lograr algunas metas planteadas a nivel mundial, en particular las Metas de Desarrollo del Milenio. El objetivo de alcanzar el 0,7 por ciento del PIB de las naciones industrializadas para la asistencia oficial al desarrollo es crucial, y debería servir para apoyar a los países más débiles en la búsqueda de acceso a los mercados. Pero los gobiernos no pueden lograrlo por si solos. Las empresas, por lo tanto, tienen un papel primordial y una gran responsabilidad en la promoción de un crecimiento mundial equilibrado y en la lucha contra la pobreza.

La verdadera pregunta no es si la globalización puede ser beneficiosa para todos. Se trata más bien de cómo lograrlo. Los aspectos positivos deben ser destacados, los negativos minimizados. Sólo cuando todos tengan participación podremos considerar que la prosperidad obtenida de la globalización es sostenible. Y entonces podremos aspirar a un futuro pacífico, asentado sobre bases sólidas. (Ginebra/IPS-COMUNICA)

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La Presidenta de Finlandia, Tarja Halonen, y el Presidente de Tanzania, Benjamìn Mkapa, fueron los Copresidentes de la Comisión Mundial sobre la Dimensión Social de la Globalización, que difundió su informe este 24 de febrero tras dos años de deliberaciones y consultas. 

 



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