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3 de junio de 2004


OPINIÓN
Bases para un pacto productivo por Aldo Ferrer
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Nos endeudamos hasta el límite de la insolvencia
Se necesita un pacto operacional entre el campo y la industria
La gobernabilidad es responsabilidad de todos

 

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El acuerdo entre el campo y la industria es un componente clave de la gobernabilidad de la economía argentina y de nuestra capacidad de organizar la formidable dotación de recursos disponibles.
El campo y la industria han mantenido relaciones conflictivas en el transcurso de la historia argentina. En la segunda mitad del siglo XIX, el país se integró al mercado mundial como gran productor y exportador de productos agropecuarios. Desde entonces hasta la actualidad nunca logramos consensuar convergencias de largo plazo entre ambos sectores.
El conflicto reflejó visiones distintas sobre la organización y el desarrollo de la economía argentina y el falso supuesto que la industria nacional es intrínsecamente ineficiente o que la producción y las exportaciones rurales son reveladores del atraso y la dependencia.
El disenso entre el campo y la industria contribuyó a los vaivenes de largo plazo de la política económica argentina y, en un plano más profundo, a la inestabilidad institucional que prevaleció en la mayor parte del siglo XX. En tales condiciones, no fuimos capaces de responder bien a los desafíos y oportunidades de la globalización.

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Nos endeudamos hasta el límite de la insolvencia

Nos endeudamos hasta el límite de la insolvencia y el default, vendimos activos existentes en mayor medida que cualquier otro país, achicamos los espacios de rentabilidad y concentramos el ingreso en pocas manos, perdimos el comando de la realidad bajo la estrategia del piloto automático y, como era inevitable, terminamos agobiados, por el desempleo, la pobreza y la inseguridad. El campo y la industria, en verdad, todo el país, soportó las consecuencias de tamañas calamidades.
Hoy hemos adquirido suficiente experiencia para saber que no existe una Argentina viable sin campo o sin industria y que ambos sectores integrados son el sustento de un país próspero, confiado en si mismo, respetuoso de la seguridad jurídica y los contratos, abierto al mundo, capaz de decidir su propio destino en el orden global y, por esto mismo, apto para crear riqueza y distribuirla con equidad.
La oportunidad es excepcional porque la revolución tecnológica en la producción agropecuaria y la incorporación de centenares de millones de personas al mercado mundial, especialmente en China, India y otros países de la Cuenca del Pacífico, le abre a la producción agropecuaria argentina una inmensa frontera de expansión, como sucedió en la segunda mitad del siglo XIX con la Revolución Industrial y la demanda europea.

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Se necesita un pacto operativo entre el campo y la industria

Sólo que ahora sabemos que no alcanza. Que Argentina es demasiado grande para sustentarse en un solo sector y que la industria también cuenta con los recursos humanos, el talento y los factores necesarios, para ser el otro protagonista decisivo del crecimiento del país.
Sobre todo esto posiblemente existe hoy acuerdo. Pero es preciso transformarlo en un pacto operacional entre el campo y la industria que incluye una respuesta definitiva al dilema del tipo de cambio. En una nota anterior en este mismo espacio destaqué el dilema que enfrentan los países que sustentan sus exportaciones principalmente sobre la base de recursos naturales abundantes.
El problema se planteó incluso en una economía muy madura, como la de Holanda, en la cual la aparición repentina de hidrocarburos en el Mar del Norte provocó una avalancha de divisas que apreció el tipo de cambio y descolocó al resto de la producción del país.
La cuestión se conoce en la literatura como «la enfermedad holandesa» y nosotros somos pacientes crónicos de esta enfermedad y no es porque una compatriota sea princesa del Reino de los Países Bajos. Ese pacto debería incluir los temas centrales del desarrollo de ambos sectores y, como consecuencia, del de la economía nacional.

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La gobernabilidad es responsabilidad de todos

La agenda incluye cuestiones cruciales como la política cambiaria e impositiva, la expansión del mercado interno y la apertura de los externos, los incentivos para «endogenizar» el cambio tecnológico y el conocimiento científico en el sistema nacional de ciencia y tecnología, la seguridad, la cadena de valor que integra al campo y la industria en la producción de alimentos.
Es preciso reemplazar el endeudamiento externo y la venta de activos existentes por espacios de rentabilidad difundidos que eviten la fuga de capitales y retengan el ahorro interno en inversiones en un inmenso territorio, dotado de una excepcional riqueza y diversidad de recursos naturales.
La gobernabilidad que estamos recuperando poco a poco no es una responsabilidad exclusiva del sector público o de los actores políticos. Incluye responsabilidades desde el sector privado.
El pacto entre el campo y la industria es un componente clave de la gobernabilidad de la economía argentina y de nuestra capacidad de organizar la formidable dotación de recursos disponibles para el crecimiento con equidad.
(Buenos Aires/ Clarín)

Aldo Ferrer es profesor titular de Estructura Económica Argentina en la Universidad de Buenos Aires (UBA).

 



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