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1 de abril de 2004


OPINIÓN
MERCOSUR-UE, un tratado de última generación por Rafael Bielsa
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Abrir mercados garantizará una relación equilibrada
Principios que defendemos
Una relación vital

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Hace tan sólo unos días concluimos en Buenos Aires una nueva ronda de negociaciones comerciales entre el MERCOSUR y la Unión Europea (UE) -la duodécima desde que iniciamos formalmente el proceso negociador entre ambos bloques con el Acuerdo de Madrid de 1995- con progresos concretos en las discusiones, que alientan el cauto optimismo que caracteriza esta fase final del proceso.
No es éste el único escenario negociador para la Argentina sino que, en el marco de la nueva inserción internacional de nuestro país, basada en la integración productiva con las naciones que poseen complementariedad comercial con la nuestra, hemos abierto siete canales de negociaciones comerciales simultáneas, con la misma meta: maximizar el acceso de nuestra producción a todos los mercados del mundo, procurando diversificar las exportaciones y derramar sus beneficios sobre un sector cada vez mayor de nuestra economía.
En este contexto, la asociación birregional MERCOSUR-UE se destaca por su integridad, dado que busca no sólo conformar una zona de libre comercio, sino también profundizar y revitalizar el diálogo político entre ambas regiones e intensificar cualitativamente la cooperación. En otras palabras, se trata de una negociación que excede la mera promoción de la integración comercial y que se basa en la comunidad de los valores que promueven ambos bloques, propios de los tratados llamados de «última generación».

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Abrir mercados garantizará una relación equilibrada

Bajo esta premisa, desde la Cancillería avanzamos con espíritu constructivo e idoneidad técnica para cumplir con los objetivos acordados en el programa de trabajo consensuado en 2003 (Bruselas) y encontramos en nuestra contraparte europea un equipo igualmente idóneo, lo que permite intercambios fructíferos y progresivos desarrollos que van dotando de contenido concreto a esta asociación integral.
Claro que, con un enfoque de absoluto pragmatismo, debemos reconocer que existen importantes cuestiones pendientes de definición, particularmente en una de las áreas más sensibles de todo el proceso, la agricultura. Sin embargo, estas negociaciones constituyen un ejemplo contundente de cómo mediante un trabajo competente de todas las partes, y sin dejar de velar por el interés nacional en la mesa de negociación, es posible prosperar en pos de un objetivo beneficioso para nuestros pueblos.
Frente a estos desarrollos, resulta casi inevitable aludir a la negociación del ALCA, y a la inflexibilidad que, hasta ahora, han demostrado tener algunos de los actores más relevantes del hemisferio en su planteo negociador. Basta citar, por ejemplo, la posición que mantiene Estados Unidos, el país más desarrollado y también uno de los más proteccionistas de toda la región, que no alcanza a mostrar en el papel, a pesar de sus promisorias declaraciones en el contexto multilateral, propuestas realistas para los temas que más preocupan a países como el nuestro —por ejemplo, en temas de acceso a mercados o en cuestiones de agricultura—. En éste, como en los restantes escenarios de negociación en que se encuentra la Argentina, apuntamos a lograr la apertura efectiva de los mercados para nuestros productos a través de una liberalización comercial que garantice un relacionamiento más equilibrado en todo el hemisferio.

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Principios que defendemos

Aquí, la posición argentina es categórica. La política comercial que hemos diseñado se sustenta en una serie de principios rectores que aplicamos en todos y cada uno de los escenarios de negociación, entre los que se destaca el concepto de reciprocidad, mediante el que afirmamos que nada daremos si no recibimos, de nuestras contrapartes, un valor equivalente, y el de pluritematismo, que presenta a la Argentina como una Nación con intereses múltiples, que no se limita a los desarrollos en el campo de la agricultura: buscamos también un mejor acceso para nuestra industria, para los servicios, la propiedad intelectual y las inversiones.
Aplicamos esta política comercial orientada hacia la diversificación de las exportaciones, por productos y por destinos, de manera tal que los bienes exportados cuenten con valor agregado para no atar la suerte de nuestras ventas a las fluctuaciones en el precio de unos pocos bienes o al nivel de actividad económica de unos pocos socios comerciales.
En este sentido, cabe señalar que, durante el último año, las exportaciones argentinas alcanzaron el mayor índice de diversificación de productos y desconcentración de destinos de las dos décadas pasadas. De igual modo, el año 2003 fue especialmente relevante para las relaciones comerciales bilaterales Argentina-UE, ya que por primera vez en los últimos diez años, este mercado —caracterizado por una demanda con altas exigencias de calidad y sofisticación— se constituyó en el principal destino de nuestros embarques al exterior, por un total de 5.800 millones de dólares (20% del total de las exportaciones argentinas al mundo) con un incremento del 14% respecto de las ventas del año anterior.

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Una relación vital

Esta es una de las razones por las que consideramos que la relación comercial con la UE es crítica para nuestro país, al igual que para el bloque regional. Europa es hoy el principal socio comercial de la Argentina, tanto por el origen de nuestras importaciones como por el destino de nuestras ventas, lo que revela el alto grado de complementariedad comercial existente entre las estructuras productivas de ambas regiones.
De allí que, como la Argentina se especializa en exportar lo que Europa se especializa en importar, no dudamos en afirmar que la conclusión de las negociaciones abrirá oportunidades para nuestros productos a partir de un mejor acceso al mercado europeo.
Conforme estudios realizados por el Centro de Economía Internacional de la Cancillería, el Acuerdo MERCOSUR-UE impactará positivamente en el producto bruto interno argentino, estimándose un incremento de más del 4% del mismo; por otra parte, se produciría un aumento de más del 10% en las exportaciones argentinas totales, con crecimientos remarcables en el caso de la industria agroalimentaria (aceites, lácteos, azúcar, bebidas, etc.), productos de la pesca, automóviles y autopartes, productos de cuero y productos químicos, entre otros.
Tenemos en nuestras manos la oportunidad de incrementar el bienestar de nuestro pueblo profundizando los lazos históricos que nos unen con el Viejo Continente. Sólo así podremos asegurar a nuestra Nación su inserción definitiva en la senda del crecimiento sostenible. (Clarín, Buenos Aires).

Rafael Bielsa es Ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina

 



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