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OPINIÓN La seguridad humana encara nuevos desafíos Por Gro Harlem Brundtland | ||
El Sida es destructivo y desestabilizador La salud nacional e internacional están vinculadas | ||
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Las recientes experiencias muestran que es peligroso desatender a los países en crisis. En todo el mundo los extremistas usan las frustraciones populares para justificar sus acciones. No es casualidad que ellos busquen refugio en los escombros de estados quebrados, donde las consecuencias de las crisis alimentan las frustraciones y la inseguridad. Un mundo donde mil millones de personas se encuentran desvalidas, inseguras y vulnerables es un mundo inseguro. La desesperación ante el estancamiento y el retroceso es campo fértil para las ideas extremas y puede ser explotada y utilizada como justificación para acciones que socaven la sociedad y aterroricen al pueblo. Debemos contrarrestar esta manipulación de la desesperación y comprometernos aún más activamente con los países en crisis para promover la libertad, la democracia y la justicia. Existe, sin embargo, otra razón compulsiva para comprometerse a favor del apoyo y la reconstrucción de los países débiles y quebrados. Las enfermedades se están extendiendo, principalmente como resultado de los reducidos esfuerzos dedicados a controlarlas y del debilitamiento de los sistemas sanitarios por causa de la pobreza. No podemos permitirnos tener grandes áreas olvidadas en las que se deja simplemente que la población se las arregle por su propia cuenta contra las enfermedades. Una terrible enfermedad infecciosa, el ébola, por ejemplo, ha sido contenida porque ha sido confinada a pequeñas aldeas lejos de las grandes ciudades. Pero ¿qué pasaría si un brote de ébola se produce en un devastado país de África central carente de servicios locales para el cuidado de la salud? Y ¿qué sucedería si las personas infectadas comienzan a huir hacia las ciudades, a países vecinos y, eventualmente, fuera de la región? | ||
El Sida es destructivo y desestabilizador Nada, ni siquiera la guerra o el hambre, tiene un efecto tan destructivo y desestabilizador en las sociedades en vías de desarrollo como el VIH/SIDA. El SIDA despoja a los países de sus ciudadanos más valiosos y productivos: los maestros, los empleados civiles, los profesionales de la salud, los trabajadores industriales especializados. El VIH ataca principalmente a personas de entre 15 y 40 años, dejando a los niños huérfanos y a las personas de edad mayor en situación de desamparo. Los estados quebrados funcionan como depósito de reserva para numerosas enfermedades, como la poliomielitis y la malaria. Hace falta un estado fuerte para sostener a la salud pública a fin de prevenir las epidemias y crear condiciones que reduzcan las posibilidades de transmisión de las enfermedades. A pesar de los enormes progresos económicos y tecnológicos alcanzados, grandes sectores de la población mundial siguen siendo tan vulnerables ante males asesinos como lo eran varios siglos atrás. Los profundos cambios registrados en el estilo de vida, en las comunicaciones y en los movimientos de bienes y de personas influyen en las formas de difusión de las enfermedades. Obsérvese, por ejemplo, la reiterada aparición de casos de Fiebre del Nilo Occidental en Estados Unidos, primero en la ciudad de Nueva York y más recientemente en el sur del país. Además está el reciente aumento agudo de casos de tuberculosis en países que durante décadas habían considerado como ganada la lucha contra esa enfermedad. Esta nueva oleada de casos de tuberculosis, a menudo en formas resistentes a todos los tratamientos normales, es en gran parte el resultado de los movimientos de personas de países endémicos hacia Europa y América del Norte. | ||
La salud nacional e internacional están vinculadas El problema es aún mayor con la malaria. Un descenso en el aporte de fondos, la resistencia de los insectos al DDT y las preocupaciones ambientales vinculadas con el uso del DDT llevaron a que la campaña de erradicación de la malaria haya sido abandonada en 1972. La malaria ha estado rebotando de una región a la otra desde entonces y ahora está reapareciendo en algunos países que previamente la habían eliminado. El número de muertes anuales que causa es ahora de 1 millón 100 mil, casi el mismo que el de los años 50. La separación entre los problemas de la salud doméstica y la internacional está perdiendo su valor en la medida que las personas y los bienes viajan fácilmente a través de los continentes. Más de dos millones de personas atraviesan las fronteras internacionales cada día, o sea aproximadamente la décima parte de la humanidad cada año. A diferencia de la mayoría de las inversiones en defensa, la vigilancia y el control de las enfermedades tienen beneficios sociales inmediatos, dado que mejoran la protección contra todos los brotes epidémicos. Lo que está surgiendo actualmente es una nueva y más amplia noción de la seguridad nacional, a la que podemos llamar más propiamente "seguridad humana". La primera fuente de conflicto no son ya las disputas territoriales sino que está cada vez más relacionada con batallas sobre el mal manejo de recursos como consecuencia de crisis humanitarias, de la escasez de alimentos y de agua y de la difusión de la pobreza y de las enfermedades. Los niveles de enfermedad en países que representan la mayoría de la población mundial plantean una amenaza directa para sus propias economías nacionales y para su viabilidad política y, por lo tanto, para la economía global y los intereses políticos de todas las naciones. (Ginebra/IPS-Comunica) | ||
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Gro Harlem Brundtland,
Directora General de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y ex primera
ministra de Noruega. | |
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