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20 de junio de 2003


OPINIÓN
El Mercosur trasciende ideologías  por Héctor Gambarotta
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Los espacios de las relaciones económicas, financieras y comerciales, antes sujetos a rígidas regulaciones y esquemas de protección, se abrieron urbi et orbe con celeridad en los años 90 para transformarse en espacios de combinaciones múltiples donde los viejos recelos se transmutaron en originales fórmulas de asociatividad y competencia.

La creación del Mercosur se inscribió en tal contexto: así fue como la proximidad geográfica, la historia compartida y la complementariedad económica sirvieron como elementos aglutinantes de cooperación para hacer frente de mejor manera a los desafíos de la globalización.
Su constitución y su desarrollo son un claro ejemplo de lo que se ha dado en llamar «regionalismo abierto».

Un rápido y profundo proceso de ajuste, desregulación, privatizaciones y apertura, tratando de adecuar sus economías a las condiciones que reclamaba la globalización dio marco al proceso de integración del Mercosur.

No se trató de lidiar con la integración de unidades autárquicas sino de ensamblar economías más abiertas que enfrentaran la competencia global. Así, de este proceso integrador pueden identificarse nítidamente cuatro «virtudes notorias»: la apertura trajo consigo una mayor competitividad, la desregulación impulsó el desarrollo del espíritu empresarial, las privatizaciones produjeron una nueva dinámica estructural en las economías y el ajuste contribuyó al logro de la estabilidad de precios.

La apertura llevó a que el arancel externo común negociado entre los países miembros del Mercosur se impusiera en el marco de una sensible rebaja en el arancel promedio respecto de terceros países. Este hecho significó que los posibles efectos de desvío de corrientes comerciales resultaran claramente disminuidos.

Aunque en algunas ramas industriales los aranceles siguen siendo superiores a los de los países avanzados, los socios del Mercosur dieron señales inequívocas en los 90 acerca de su vocación por avanzar gradual pero rápidamente hacia el logro de niveles de competitividad que permitieran una mayor apertura en un futuro cercano.

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Plataforma de lanzamiento

En el marco de la apertura, el comercio internacional total del Mercosur pasó del 13 por ciento del PBI en 1990 a valores que rondan el 19 por ciento en nuestros días, creciendo la participación del comercio intrazona del 16% a cifras que promedian el 30% en los últimos años.

La existencia de acuerdos en materia de desregulación representó en los hechos un límite frente a eventuales prácticas discrecionales por parte de las autoridades de alguno de los países miembros, algo que alentó sobremanera la inversión y el comercio dentro de la propia zona de integración y sirvió como plataforma de lanzamiento de empresas locales al mercado mundial.

Las privatizaciones atrajeron un flujo considerable de inversión extranjera directa que modernizaron y transformaron las condiciones de competitividad de los servicios públicos cambiando la dinámica estructural de la economía de los países socios.

La inversión extranjera directa en los países del Mercosur pasó de un promedio anual de Dls 2.225 millones en el período 1981-1990 a Dls 35.383 millones en el período 1996-2000.

El ajuste permitió que se erradicaran, en los cuatro países miembros, las raíces estructurales de las presiones inflacionarias provenientes de los desbordes fiscales que por décadas azotaron la región.

Así, las tasas anuales de inflación que en los años 80 superaban los tres dígitos en Argentina y Brasil, pasaron a valores promedio que no sobrepasan un dígito en los últimos años.

Los cuatro «pecados originales» —la vulnerabilidad externa, el malestar social, el abandono de las estrategias nacionales de desarrollo y la crisis ideológica frente a la globalización— subrayados por Aloizio Mercadante en su artículo de días atrás en estas páginas, deben necesariamente ser ponderados en el marco de las cuatro «virtudes notorias»: la mayor competitividad, el desarrollo del espíritu empresarial, la nueva dinámica estructural y la estabilidad, desarrolladas durante los 90 a consecuencia de la forma en que se desenvolvió el Mercosur.

Si trabajar sobre la enmienda de los «pecados originales», tarea por demás loable, no significa de aquí en más suprimir las «virtudes notorias», habremos avanzado en la madurez política de nuestros países. (Clarín)

 


Héctor Gambarotta es director de la maestría en negocios internacionales (UCES, Baires)


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