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6 de febrero de 2003


OPINIÓN
Globalizando la confusión  por Michel Ogrizek
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Las nuevas tecnologías de la comunicación hicieron posible la globalización
Podría fallar la globalización?

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En los últimos años, la globalización ha forzado al tradicional pensamiento capitalista a adoptar nuevas posiciones en relación tanto con el mercado como con la sociedad. El resultado ha sido la proliferación de numerosas y a menudo paradójicas interpretaciones de tecnócratas, solicitadas por diversos grupos en busca de popularidad.

El entero proceso ha sido acelerado, irresistible y caóticamente, por nuevas tecnologías y la agitación del mercado financiero. Dentro de este nuevo contexto de la mutación económica y social, la globalización ha conducido inevitablemente a considerables malentendidos y confusiones.

En años recientes el concepto de globalización se ha convertido en la clamorosa estrella del pensamiento mundial. Este nuevo icono del siglo XXI perpetúa su mito mediante un continuo flirteo con admiradores académicos en busca de nuevos modelos sobre el papel de los negocios. Editorialistas en procura de un buen tema y líderes de opinión asiéndose a una ideología, son todos serviciales empresarios de la globalización.

La globalización puede movilizar a grandes multitudes de opositores organizadas por autodesignados representantes de la «sociedad civil». La continuación de la saga de los medios de comunicación está garantizada por la incorporación de la globalización a la «sociedad del entretenimiento».

Para algunos soñadores la globalización se ha incluso convertido en una suerte de Arca de Noé que va a la deriva a través del océano que está actualmente tragándose a nuestro planeta. Eso basta en cuanto a la telenovela universal de la hora de mayor sintonía.

¿El resultado? Una generalmente distorsionada percepción acerca de lo que es la globalización, agravada por comportamientos simplistas de algunos dirigentes políticos y empresariales, por contradictorios datos económicos, por efectos secundarios sociales y culturales y por extremas reacciones

psicosociológicas. La cortina de humo global, generada actualmente por los actores en el escenario central, esconde no sólo la verdadera naturaleza del riesgo sino también el potencial impacto positivo.

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Las nuevas tecnologías de la comunicación hicieron posible la globalización

Resulta apenas sorprendente hallar en todas las lenguas las mismas ideas incorporadas y los clichés ontológicos sobre la globalización. La globalización puede ser fácilmente aplicable a toda clase de cuestiones-económicas, tecnológicas, culturales- por políticos que tratan de ganar votos, así como por grandes firmas que buscan un crecimiento sostenible. Ella es la «nueva ecuación», la «frontera final» para las instituciones internacionales de todo tipo -reguladoras, humanitarias y comerciales- que buscan aumentar sus cupos e incluso a veces justificar su razón de ser.

En términos de comunicaciones, la globalización significa conectar a los individuos a escala mundial. La consecuencia fundamental de ello es que grupos minoritarios virtuales son creados por personas con intereses similares. Sin las nuevas tecnologías en materia de comunicaciones la globalización jamás podría haber existido.

Estas nuevas tecnologías también representan una ruptura decisiva con las normas tradicionales de las relaciones sociales y económicas internacionales entre las naciones y los individuos. Los individuos, como ciudadanos y consumidores de comunicaciones, se han convertido en audiencias individuales, separadas y únicas, pero conectadas por una red virtual global. Ellos están potencialmente en contacto con millones de otras personas -y mañana posiblemente con miles de millones- donde quiera estén en el espacio y en el tiempo.

Vista en este contexto ¿deberíamos considerar a la globalización como el caballo de Troya para un nuevo orden mundial? No lo creo, por la simple razón de que las mismas tecnologías de comunicación que son la fuerza conductora de este fenómeno hacen imposible llevar a cabo tal supuesto proyecto imperialista. En efecto, si el «lobby» antiglobalización ha logrado cierto impulso es debido a que sus activistas también usan el «cibermundo» y se comunican globalmente.

Irónico ¿no es cierto? Ellos usan el ciberespacio para reunirse en pequeños grupos a través de su interés común en la antiglobalización. Se pueden organizar y desaparecer dentro de un mundo de protesta virtual habiendo formulado un mensaje disruptivo, convocando a demostraciones contra importantes reuniones institucionales sobre la globalización.

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Podría fallar la globalización?

Como podría haber dicho el Monsieur Jourdain de Moliére, uno a menudo globaliza sin saberlo. El colmo del discurso de la antiglobalización es por cierto abogar por medidas globales que protejan los valores locales.

¿Tendrá éxito o fracasará la globalización? Esta es una cuestión vital para los miles de millones que viven en la pobreza. No hay falta de argumentos políticos y económicos en cualquier dirección en los medios de comunicación. De hecho, la opinión pública depende en amplia medida de la habilidad de los grupos formadores de opinión para comunicar sus argumentos en pro o contra la globalización. En esta batalla sobre qué significa realmente la globalización uno debe reconocer que las organizaciones no gubernamentales han sido siempre mucho más eficaces que las instituciones

Habiendo dicho esto, no se debe olvidar que el «lobby» antiglobalización tiene el mérito de recordar a todos que no tenemos solamente que enfrentar un considerable desafío económico (de hecho el mundo está todavía muy lejos de constituir una única economía) sino que además la globalización es «una cuestión moral».

Visto desde este ángulo, realmente no sorprende hallar a dirigentes del Banco Mundial atormentándose públicamente sobre el tema de cuál es el mejor modo de manejar una de las fundamentales paradojas económicas, la interdependencia entre pobreza y sostenibilidad, entre la pobreza y la calidad del crecimiento. En otras palabras, se preguntan si un crecimiento rápido y global puede ser sostenido a largo plazo sin mejorar la suerte de los pobres.

Estas cada vez más importantes cuestiones sociales y culturales generadas por el proceso de globalización hacen recordar a la ley de Lavoisier de conservación de la materia, según la cual en una reacción química la materia no es creada ni destruida. (Ginebra, Copyright IPS)

 


 

Michel Ogrizek es director de comunicaciones del Foro Económico Mundial.


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