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9 de mayo  de 2002


ANÁLISIS
Salud y Desarrollo. En busca del círculo virtuoso
por Gro Harlem Brundtland
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En busca de una equidad sanitaria global
Salud, alimentación y trabajo: la trilogía del desarrollo

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Cuando la mitad de la población mundial vive en la pobreza no puede haber ni desarrollo sostenible ni seguridad global. Durante demasiados años las inversiones en materia de salud eran vistas por numerosos economistas sólo como accesorias. Asimismo, esos economistas afirmaban que los países en vías de desarrollo sólo podían permitirse esas inversiones después de haber alcanzado un nivel más alto de ingresos. Pasaban por alto el hecho de que la salud y el desarrollo económico están inextricablemente unidos.

En realidad, lo que se necesita es un enfoque asentado sobre dos pilares. Una población saludable es un requisito previo para el crecimiento tanto como un resultado del mismo.

En la década de los años 90, el sistema de las Naciones Unidas organizó una sucesión de conferencias mundiales que consiguieron acuerdos en una serie de importantes estrategias para el desarrollo internacional, así como sobre las metas a las que la comunidad mundial podía aspirar. Hubo un consenso sobre compromisos internacionales en temas como los de la niñez, la población, la salud reproductiva, el ambiente, la vivienda, la nutrición y la equidad para las mujeres.

Al mismo tiempo, se dio un énfasis creciente al apoyo para medidas de estabilización económica en países en desarrollo y de ingreso mediano. Entre esas medidas se preveían un cambio en los términos del intercambio con las naciones en desarrollo y nuevas iniciativas para el alivio de la deuda, junto con respuestas más fuertes en los casos de emergencias y de reconstrucciones luego de conflictos.

Por otra parte, a comienzos de los años 90, las ideologías del libre mercado, unidas a esfuerzos sistemáticos para reducir el poder de los gobiernos fueron alabadas y señaladas como el camino a seguir. Sin embargo, al final de la década se vio que buenos y vigorosos gobiernos, instituciones democráticas y efectivas, así como administraciones inteligentes resultan vitales para un desarrollo equitativo. Más y mejores mercados requieren más y mejor gobierno.

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En busca de una equidad sanitaria global

Al llegar al año 2000, los líderes mundiales estaban prontos para acordar los «compromisos del milenio» de largo alcance, poniendo las bases para acuerdos sobre derechos, metas, pautas y responsabilidades que habían sido negociados durante la década anterior. Los líderes del G-8 estaban prestando más atención a los asuntos globales en sus reuniones anuales.

También lo hacía el sector privado. Al mismo tiempo, muchas organizaciones no gubernamentales extendieron su atención hacia el suministro de servicios para hacer campañas a favor de la equidad y de la justicia social. La organización Médicos Sin Fronteras, por ejemplo, se ha convertido en un influyente factor en la búsqueda de una equidad sanitaria global.

En este contexto, el año 2001 será recordado con ilusión como el año en que un agitado mundo se dio cuenta de la importancia de la salud de la gente. El informe de la Comisión sobre Macroeconomía y Salud presentado en Londres en diciembre de 2001 muestra, con total simplicidad, de qué modo la enfermedad es un perjuicio para el desarrollo y cómo las inversiones para la salud pueden ser una puerta de entrada concreta para el desarrollo económico. Ese informe también establece que el mejoramiento de la salud de la gente puede ser el más importante y determinante factor para el desarrollo en Africa.

El informe representa un verdadero golpe de timón, pues le reconoce a la salud su papel verdaderamente central.

La Comisión argumenta a favor de un enfoque global total de la salud, con metas concretas y marcos temporales específicos. Asimismo, quiere ver a las fuerzas de la globalización canalizadas para reducir el sufrimiento y promover el bienestar de los seres humanos.

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Salud, alimentación y trabajo: la trilogía del desarrollo

Las inversiones propuestas son bien probadas intervenciones que se sabe funcionan. Su impacto puede ser medido en términos de reducción de la carga de la enfermedad y de mejoramiento del rendimiento del sistema de salud. El énfasis, en todo, está en los resultados: en invertir dinero donde éste hace la diferencia.

Un estudio sobre las cifras globales demuestra que tres enfermedades -VIH-SIDA, tuberculosis y malaria- son sin duda alguna las más importantes. Las condiciones de salud de las madres y los niños, las enfermedades de la reproducción, las lesiones y las consecuencias del tabaquismo son también prioridades sanitarias mundiales.

Toda tentativa seria de reducir la carga de la enfermedad llevada por la gente más pobre del planeta debe concentrarse en todas estas condiciones. Además, debe hacerse un gran esfuerzo para estimular el desarrollo económico y social global para de ese modo promover la seguridad humana. Los desafíos son formidables, pero la oportunidad para aprovechar las fuerzas potenciales a fin de enfrentarlos, nunca ha sido tan grande. (Ginebra).

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Gro Harlem Brundtland, ex primera ministra de Noruega, es Directora General de la Organización Mundial de la Salud (OMS).


 



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