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| ANÁLISIS La estrategia del gobierno argentino es aguantar, aguantar y aguantar por Pablo Guido | ||
El país se estrella a 350 km por hora y sin cinturón de seguridad Cambio de ministro pero no de programa | ||
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La receta que estos economistas proponen para el país es la que se ha seguido en las últimas siete décadas, con mayor o menor intensidad, pero ahora incentivados por la imagen instalada de que lo que fracasó en los últimos diez años en la Argentina fue el modelo «neoliberal» o «capitalismo salvaje». Esta estrategia de «salir del planeta Tierra» y refugiar al país en alguna lejana galaxia (económicamente hablando) es apoyada por una gran porción de la dirigencia política, sindical y empresarial argentina y quizás por gran parte de la población. Por eso la preocupación. Durante aquellos diez días en los cuales parecía que una nueva crisis de gobernabilidad iba a generar la caída de otro presidente, los gobernadores se encontraron ante la misma «sensación de abismo» que sobrevoló el país en la última semana de diciembre del año pasado y la primera de 2002. De ahí, la firma de los 14 puntos o principios básicos. ¿Lista de buenas intenciones o reconocimiento de la grave situación? En ningún país serio del mundo tiene sentido ni siquiera ponerse a pensar en que un acuerdo de estas características puede llegar a tener lugar, ya que lo obvio no merece ser discutido. No ocurre así en la Argentina. La seguidilla ininterrumpida de disparates que se han hecho en los últimos tiempos, principalmente la devaluación sin equilibrio fiscal o salida de la convertibilidad con un déficit fiscal de $16.000 millones anuales, la eliminación de la autonomía del Banco Central, declaración del cese de pagos (default) con aplausos y sin una negociación inmediata con los acreedores, pesificación asimétrica, licuación de deudas a determinados grupos empresariales, incremento de las retenciones, procesamientos judiciales a presidentes o gerentes de bancos vía Ley de Subversión Económica, «vendetta» del Poder Judicial al Ejecutivo usando de rehenes a los ahorristas, etc. coloca a los 14 puntos bajo el aplauso de muchos. |
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En este país pareciera que hay que dejar por escrito (y firmado) obviedades tales como que se reafirmará «la vocación de integrar la Argentina al resto del mundo» o «propiciar las políticas fiscales y monetarias que mantengan la disciplina y los equilibrios necesarios que eviten la suba descontrolada de precios y la inestabilidad cambiaria» o «instrumentar un nuevo acuerdo de responsabilidad fiscal para la administración nacional, provincial y municipal que asegure su cumplimiento mediante un sistema explícito de premios y castigos». ¿Es que esto no estaba claro antes de asumir el gobierno en enero? ¿Es que esto no lo debe tener claro cualquier político que se precie de tal y que tiene la sana ambición de ser algún día presidente de la república? Parece que los argentinos somos la excepción a la regla, ya que queda claro con este acuerdo que todos los políticos que actualmente se encuentran en cargos ejecutivos, incluyendo a los gobernadores provinciales y al presidente de la Nación, construyen su estrategia de manera inversa a lo que el «sentido común» indicaría: primero acceden al poder y después...después se verá. Es como si el dueño de una escudería de Fórmula Uno primero contratara a una persona para manejar su auto y después le preguntara, cuando el piloto se encuentra en la primera recta del circuito y a 350 Km por hora, si sabe qué es un volante o si sabe «leer» los innumerables «relojitos» que tiene frente a él. ¿Se imaginan la suerte del «piloto» en cuestión? Bueno, es lo que nos ha pasado a nosotros. Nos estrellamos a 350 Km por hora y sin cinturón de seguridad en la primera curva. O en la segunda con suerte. Da lo mismo. El final está «cantado». Y los resultados están a la vista: caída del PIB en el cuarto trimestre del 2001 superior al 10%, el consumo desplomándose el 13% y la inversión derrumbándose casi el 30%. La contrapartida de esta depresión económica se refleja en la recaudación, que en los primeros cuatro meses del año ya acumula una caída (con efecto inflacionario incluido) del 17% respecto del mismo período del año anterior o 21% si lo comparamos con el primer trimestre de 1998 ($ 2.500 millones). Una tasa de inflación que para los primeros cuatro meses del año ya habrá superado las previsiones contempladas en el Presupuesto para todo el año (20 % real contra el 14% proyectado). Un desempleo que haría temblar a los mismos norteamericanos que vivieron el desastre de la crisis del 29’: mientras que en octubre de 2001 la tasa de desocupación se ubicaba en 18,3% a nivel nacional, se estima que actualmente ya está alcanzando el 25% (más de 3,5 millones de personas). |
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Cambio de ministro pero no de programa El recambio ministerial de Remes Lenicov por Lavagna no augura nada nuevo ni bueno. La estrategia del actual ministro de Economía estaría enfocada en: 1) intentar controlar la salida de depósitos a plazo (corralito I) del sistema financiero a través de la Ley «Tapón» y de un remozado Plan Bonex mediante un mix de títulos públicos- privados; 2) alguna solución para los depósitos a la vista (corralito II) mediante el canje voluntario por bonos; 3) la intervención del Banco Central en el mercado cambiario para que la divisa norteamericana no termine explotando y dejando el terreno listo para una nueva hiperinflación; 4) la firma del acuerdo con el FMI que permita no caer en cesación de pagos con los organismos internacionales y abra el acceso a préstamos del Banco Mundial, BID y líneas de crédito para financiar exportaciones, y 5) la firma de acuerdos «caso por caso» con cada provincia para que cada jurisdicción cumpla con la reducción del 60% del déficit fiscal y nada más que esto. Una estrategia muy poco ambiciosa para la situación de descalabro institucional, económico, social y político en que nos encontramos. Estamos en medio de un incendio de un edificio de 50 pisos que se quiere apagar con «bombitas de agua» como las que usan los chicos para el Carnaval. Si hay una lección que se puede aprender de esta crisis que sufre el país es que no hay posibilidad de éxito de ningún programa económico que pretenda girar en el vacío. Le sucedió a Ricardo López Murphy en marzo de 2001 al tener que renunciar al cargo luego de que su propuesta de reforma del Estado colapsara por la oposición de la dirigencia política, sindical y parte de la empresaria. Le sucedió a Domingo Cavallo al no reconocer el problema de fondo, que era el descalabro fiscal, e intentar la reactivación por la vía del voluntarismo, apoyado por su sola presencia en el ministerio de Economía. Le sucedió a Jorge Remes Lenicov al plantear como panacea la devaluación y pesificación, «pateando» para el 2003 las reformas estructurales necesarias. Si el actual ministro de Economía Roberto Lavagna no proyecta, en poco tiempo más, una estrategia global (reforma del Estado, reforma tributaria, profundización de la estrategia de integración comercial con el mundo, una nueva convertibilidad fiscal que limite los gastos y el endeudamiento del sector público) su gestión fracasará. Los que tienen que apoyar este conjunto de normas que logren «reinstitucionalizar a la Argentina» son necesariamente los políticos que actualmente tienen obligaciones parlamentarias y ejecutivas. |
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Pablo Guido es Economista Jefe de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre
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