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Mercosur | Opinión |
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| Volver a la portada de Mercosur Índice de autores 8 de febrero de 2001 |
| OPINIÓN Los atletas químicos por Eduardo Galeano | ||
La mejor rodilla de cristal Tarjetas rojas, amarillas... y verdes | ||
| Hace
un par de años cayeron muertos, en plena carrera, dos de los caballos
que competían en el Palio. Uno era Pluma Blanca, el campeón de esta
fiesta que se celebra, desde la Edad Media, en la gran plaza de la
ciudad de Siena. Los caballos murieron por sobredosis de anfetaminas. En
otros lugares de Italia, mientras tanto, marcharon presos los veinte dueños
de feroces pitbulls que eran las estrellas de las peleas clandestinas de
perros. Los canes boxeadores estaban dopados. Los esteroides
anabolizantes les habían multiplicado la musculatura y la energía. Al mismo tiempo, el fiscal Rafaele Guarinello sentó en el banquillo de los acusados a los clubes de fútbol de primera, segunda y tercera división: los clubes habían suministrado a un centenar de jugadores, con supuestos fines medicinales, fármacos que en realidad servían para aumentarles artificialmente la resistencia y la potencia y para enmascarar la fatiga de los torneos extenuantes. Los controles anti-dóping, se comprobó, estaban mal hechos o desaparecían por milagro. Un año antes, a mediados del 98, el director técnico del club Roma, Zdenek Zeman, había denunciado que las drogas eran de uso frecuente en el fútbol italiano. | ||
Mientras se publicaban estas noticias, en el país vecino se disputaba el Tour de France, y los ciclistas avanzaban esquivando jeringas. Michel Drucker, periodista deportivo, comentó: «Estamos en plena hipocresía. Cualquiera sabe que es imposible soportar, con un tubito de vitamina C, una carrera tras otra: el Clásico belga, el París-Roubaix, el Milán-San Remo, el Tour de France y el Giro De Italia. Y lo mismo vale para todos los deportes. Sobre las espaldas de los atletas profesionales, pesa el dineral de los sponsors». Joao
Havelange, monarca jubilado de la FIFA, advirtió: «Todos los
ciclistas se dopan. Pero en el fútbol, eso es raro. Dejen en paz al fútbol». No
opinaron lo mismo dos astros de la selección francesa campeona del
mundo. Emmanuel Petit declaró: «Se juega un partido cada tres días.
Ningún atleta puede soportar tanto esfuerzo. Yo no quiero que las
drogas sean cosa cotidiana en el fútbol; pero hacia eso vamos». Y
Frank Leboeuf coincidió: «Ahora los jugadores se queman temprano.
Me preocupan los jóvenes. A este paso, no van a durar más que cinco o
seis años». Algunos años antes, el célebre guardameta alemán Toni Schumacher había sido acusado de traición a la patria cuando reveló que los jugadores de la selección de su país eran farmacias ambulantes, y que no se sabía si representaban a Alemania o a la industria química germana. Y al otro lado del océano, Luis Artime, uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, había comprobado: «La droga es un negocio en todos los deportes, y en el fútbol también. El fútbol argentino no me da asco: me da pena». | ||
La mejor rodilla de cristal Pienso,
por mal pensado, en la rodilla de Ronaldo, la rodilla de cristal del
mejor jugador del mundo. ¿Recuperará Ronaldo su rodilla perdida? ¿Volverá
Ronaldo a ser Ronaldo? Imágenes: el ídolo cae, se agarra la rodilla
derecha, las cámaras enfocan su cara estrujada de dolor. Imágenes:
seis años antes, llega a Europa un muchachito con dientes de conejo y
magia en las piernas, salido de un suburbio pobre de Río de Janeiro.
Llega flaco como un alambre. Imágenes: un par de años después, ya
convertido en negocio millonario, Ronaldo parece Tarzán. El doble de músculos
para los mismos tendones; el doble de carrocería para el mismo motor. Y
me pregunto: esta asombrosa metamorfosis, ¿se explica sólo por la
carne que comió y la leche que bebió? Las
drogas se burlan de los controles. Muy pocos atletas cayeron atrapados
en las pruebas anti-dóping, el año pasado, durante las Olimpíadas de
Sydney. Jacques Rogge, uno de los dirigentes del Comité Olímpico
Internacional, lo explicó así: «Cayeron
por estúpidos, porque se doparon por cuenta propia, o porque vienen de
países pobres. Los países ricos tienen un sistema sofisticado de
dopaje, que cuesta mucho dinero, con drogas caras, supervisión
especializada y chequeos secretos. Los pobres no pueden pagarlo. Es tan
simple como eso». El Comité Olímpico Internacional consagró a Carl Lewis como el atleta del siglo. En Sydney, durante la ceremonia, el rey de la velocidad y el salto largo expresó su opinión, un poquito diferente: «Los dirigentes mienten», dijo Lewis. «Los controles anti-dóping no funcionan. Ellos pueden controlar, pero no quieren. El deporte está sucio». | ||
Sea como sea, por habilidad científica o por vista gorda, o por obra y gracia de las dos, el hecho es que resulta perfectamente posible enmascarar la eritropoeitina sintética, las hormonas artificiales de crecimiento, los esteroides anabolizantes y otras drogas. Aplicadas masivamente a los deportistas, pueden producir medallas de oro, trofeos internacionales, infartos, apoplejías, alteraciones del metabolismo, trastornos glandulares, impotencia, deformaciones musculares y óseas, cáncer o vejez prematura. Según
las investigaciones publicadas por las revistas Scientific American y
New Scientist, todo esto no es más que un juego de niños comparado con
lo que vendrá. En diez años, se anuncia, tendremos atletas genéticamente
modificados. Al precio de la hipoteca del cuerpo, porque nada viene
gratis en este mundo, el dóping de genes artificiales hará maravillas
de velocidad y fuerza con una sola inyección, y será imposible
descubrirlo en la sangre o en la orina. Tarjetas
rojas, amarillas... y verdes En estos días, mi amigo Jorge Marchini, recién llegado de Finlandia, me trae de regalo el reglamento del fútbol infantil y juvenil en ese país. Así me entero de que en Finlandia el árbitro no sólo saca la tarjeta amarilla, que advierte, sino también la verde, que premia al jugador que ayuda a un adversario caído, al que pide disculpas cuando golpea y al que reconoce una falta cometida. | ||
En el fútbol profesional, tal como se practica hoy por hoy en casi todo el mundo, esto de la tarjeta verde parecería ridículo o resultaría inútil. Por ley del mercado, la mayor rentabilidad exige mayor productividad, y para lograrla vale todo: la deslealtad, las trampas y las drogas, que forman parte del juego sucio de un sucio sistema de juego. En
el fútbol, como en todo lo demás, el deporte profesional está más
dopado que los deportistas. El gran intoxicado es el deporte convertido
en gran empresa de la industria del espectáculo, que acelera más y más
el ritmo de trabajo de los atletas y los obliga a olvidar cualquier escrúpulo
con tal de alcanzar rendimientos de superhombres. La
obligación de ganar es enemiga del placer de jugar, del sentido del
honor y de la salud humana; y es la obligación de ganar la que está
imponiendo el consumo de las drogas del éxito. Hace medio siglo, Uruguay venció a Brasil en el estadio de Maracaná y se consagró, contra todo pronóstico, contra toda evidencia, campeón mundial de fútbol. El principal protagonista de esa hazaña imposible se llamaba Obdulio Varela. El se dopaba con vino. Le decían Vinacho. Eran otros tiempos. (Montevideo, IPS) | ||
| Eduardo
Galeano Escritor
y periodista uruguayo, autor entre otros libros de "Las venas
abiertas de América Latina" y "Memorias del fuego". | ||
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