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Mercosur | Opinión |
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| Volver a la portada de Mercosur Índice de autores 8 de febrero de 2001 |
| OPINIÓN Como utilizar la globalización por Gro Harlem Brundtland | ||
| Hay
dos fuerzas sumamente importantes que están modelando el mundo actual:
la revolución en la información y la biotecnología y el creciente
impulso de la globalización. Ambas
fuerzas tienen un inmenso potencial para el bien. Sin embargo, también
entrañan riesgos. Entre las dos pueden ayudar a transformar las vidas
de millones de personas, pero no lo harán sólo por el simple hecho de
que nosotros queramos que eso suceda. Un
mundo en el cual la brecha entre los pudientes y los pobres continúa
ampliándose y en el cual sólo unos pocos privilegiados tienen acceso a
los frutos de la revolución tecnológica se volverá cada vez más
inseguro. En
el mundo moderno, las bacterias y los virus viajan casi tan rápido como
el dinero. No existen los santuarios sanitarios. Y no son sólo las
enfermedades infecciosas las que se difunden con la globalización. Los
cambios en el estilo de vida y en la dieta pueden estimular un
incremento de las enfermedades cardíacas, la diabetes y el cáncer. Más
que toda otra cosa, el tabaco está azotando al planeta a medida que es
entrecruzado por las fuerzas del mercado. Pocas semanas después de que
las viejas economías socialistas de Europa y Asia se abrieran a los
bienes y capitales occidentales, camellos y «cowboys» comenzaron a
aparecer en los muros de los edificios y carteleras publicitarias. Si el
aumento en el uso del tabaco sigue adelante sin restricciones, el número
de muertes relacionado con su consumo casi se triplicará y pasará de
los cuatro millones a 10 millones anuales en el curso de los próximos
30 años. | ||
Las diferencias en la situación sanitaria ilustran dramáticamente la brecha entre los ricos y los pobres en el mundo. Los pobres -aquellos que viven con menos de dos dólares diarios-sufren desproporcionadamente a causa de los estragos de las enfermedades contagiosas. En 1998, las enfermedades trasmisibles fueron responsables de cerca del 34 por ciento de la carga total de la enfermedad en todo el mundo, pero aproximadamente del doble -64por ciento- entre el quinto de la población global que vive en países con los más bajos ingresos per capita. Pese
a lo que pudieran decir los críticos, se puede evitar que la
globalización conduzca a la injusticia. Lo
que hace falta es un fuerte liderazgo político que impulse a los
gobiernos, a la sociedad civil y al sector privado a trabajar de forma
conjunta. Debemos comprometernos con estrategias que permitan a las
extraordinarias fuerzas de la globalización trabajar para el bien de
todos y no sólo para unos pocos elegidos. Pero
ello no significa realizar actos aislados de caridad, como ocasionales
donaciones empresariales, sino que necesitamos un programa estratégico
a largo plazo que concrete las experiencias de programas de desarrollo
efectivo y al mismo tiempo ponga por delante los intereses populares. Los
países pobres no pueden reducir el peso de las enfermedades asociadas
con la pobreza si sólo están en condiciones de gastar anualmente en
salud entre 5 y 10 dólares por persona. | ||
Para alcanzar los resultados en materia de salud que importan mayormente a la gente pobre se debe aumentar su acceso al cuidado esencial de la salud. Hay mecanismos e intervenciones con la efectividad requerida que ayudan a todas las personas a alcanzar su potencial completo. Por
ejemplo, hemos visto a Uganda y Tailandia revertir la difusión de las
infecciones VIH, a Perú reducir a la mitad en una década la
tuberculosis, mientras que las muertes a causa de la malaria cayeron en
más del 90 por ciento en pocos años en Vietnam. El
año pasado propuse que la Organización Mundial de la Salud (OMS),
tenga en cuenta la creciente preocupación internacional sobre los
aspectos negativos de la globalización. Sostengo la necesidad de un
programa estratégico dedicado a invertir en un porvenir equitativo para
todos los seres humanos. Esto significa dar mucho más peso que nunca
antes a cuestiones tales como la buena salud y la instrucción, así
como examinar su distribución en la sociedad. El acceso a la biotecnología presenta numerosos desafíos. No importa dónde estén -en Río de Janeiro, en Lusaka, en Bombay o en Moscú- las personas que viven infectadas con el VIH saben que ahora hay medicamentos a disposición que pueden efectivamente prolongar sus vidas. También saben, gracias a la globalización de las informaciones, que solamente los más privilegiados entre ellos pueden permitirse comprar tales medicamentos. Ese extendido conocimiento de la situación cambia radicalmente el contexto social y económico dentro del cual esos medicamentos se producen y venden. | ||
Sin duda que tales cambios se agregan a las presiones puestas en el sector tecnológico farmacéutico y sanitario, que está entre los más competitivos y lucrativos en la economía moderna. Para
sostener los esfuerzos a fin de reducir el sufrimiento humano y promover
un desarrollo equitativo, necesitaremos las mejores herramientas que la
ciencia pueda ofrecer --nuevas vacunas, nuevos medicamentos y nuevos
diagnósticos--, con precios que espondan a las exigencias sanitarias de
los países más pobres. Si
no actuamos positivamente, con coraje y recursos, se incrementará la
brecha entre los tres mil millones de seres que viven con menos de dos dólares
por día y el resto del mundo, lo que significará una amenaza para el
desarrollo económico de amplias partes
del mundo y afectará tanto la prosperidad como la estabilidad política
y militar de todo el planeta. (Ginebra, IPS). | ||
| Gro
Harlem Brundtland, Directora General de la Organización Mundial
de la Salud (OMS) y ex Primera Ministra de Noruega. | ||
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