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19 de enero de 2001

OPINIÓN
Argentina afirma su despegue en Madrid, Londres y Nueva York.  (Tito Drago)
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Un préstamo que supera el nivel anecdotario
Sin reactivar la industria el despegue fracasará
La desconfianza continúa en el sector  industrial
Los inversores comienzan a mostrar confianza

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El Gobierno argentino empleó todas sus fuerzas para afirmar el despegue de su economía con una gira del ministro de Economía, José Luis Machinea, por Madrid, Londres y Nueva York. Su mensaje fue claro y también lo fueron las respuestas obtenidas.

Sin embargo, hará falta tiempo, unos meses al menos, para saber si esta vez el país logrará despegar y devolver la ilusión a la mayoría de sus habitantes, pues todavía se mantienen importantes incógnitas acerca de la capacidad de sus gobernantes y élites dirigentes para aprovechar esta nueva oportunidad.

Mientras Machinea iniciaba sus gestiones en Wall Street para convencer a los inversores de que, con la aplicación de las reformas encaradas por su gobierno y el apoyo internacional comprometido, la Argentina al borde de la quiebra será un fantasma del pasado, el Consejo de Ministros español aprobó una aportación de mil millones de dólares.

Un préstamo que supera el nivel anecdotario

Esos mil millones serían casi una anécdota, en relación con la cifra total del blindaje coordinado por el FMI de cuarenta mil millones, sino fuera porque implica una muestra de confianza y por la rapidez con que España –primer país en dar ese paso- lo concretó.

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Nadie duda de que el producto interno bruto de Argentina crecerá este año, lo cual ya constituye una buena noticia. Las diferencias surjen cuando se revisan las previsiones, ya que el gobierno cree que superará el cuatro por ciento en tanto que economistas críticos, como Miguel Ángel Broda, entienden que será difícil que ese crecimiento llegue al 2,5 por ciento.

Pero, incluso este crítico no duda de que la crisis se ha detenido y que se comenzará a crecer.

También desde un punto de vista crítico, pero constructivo, se debe anotar la posición de los gobernadores peronistas de las tres provincias argentinas más desarrolladas, Carlos Ruckauf de Buenos Aires, José de la Sota de Córdoba y Carlos Reutemann de Santa Fé.

Los tres se reunieron y señalaron que las exportaciones por sí solas no podrán sustentar el despegue de la economía y que es necesario apoyar a la industria.

Para ello plantearon que se rebajen los impuestos a los automotores, que en su precio final incluyen un 47 por ciento de impuestos, por encima de Europa (24 al 28 por ciento), Estados Unidos (del 20 al 22) y Asia (diez por ciento). Esas tres provincias producen el 98 por ciento del total de automotores fabricados en la Argentina.

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Sin reactivar la industria el despegue fracasará

Sin embargo, el gobierno del presidente Fernando de la Rúa, de signo contrario,  se resiste a aprobar esa rebaja porque teme vulnerar los acuerdos con el FMI, que exigen el mantenimiento de un equilibrio presupuestario. Pero sin una reactivación de la industria, y con ella del mercado interno, será difícil asegurar que ese despegue llegue a buen término y no se frustre antes de alcanzar una velocidad de crucero.

La razón es clara: los productos que constituyen la mayor parte de las exportaciones requieren poca mano de obra: petróleo, carnes y productos agrícolas.

El desafío está, entonces, no sólo en asegurar una estabilidad financiera para el país, que contribuya a atraer inversiones, sino que éstas se puedan volcar también en la industria, para atacar de raíz el cáncer de la desocupación, insuflar nueva vida al mercado interno y con todo ello volver a crecer con ímpetu, atendiendo a las demandas sociales.

La buena noticia es que las condiciones están dadas. Ahora cabe al gobierno demostrar que sabe aprovecharlas. Así lo ha dejado entrever, con mucha diplomacia, el vicepresidente y ministro de Economía de España, Rodrigo Rato al señalar: «La Argentina tiene ante sí una gran oportunidad, ha sido testigo de la confianza de los organismos multilaterales, del sector privado y de España. Hay una dinámica positiva que la Argentina debe aprovechar en toda su intensidad».

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La desconfianza continúa en el sector industrial

Rato insistió en que la sociedad argentina, en su conjunto, debe aprovechar esta coyuntura,  pero un sector importante de ella aún recela. Sus dudas están fundadas en una amarga experiencia.

Aunque en diciembre la actividad industrial subió un 7,1 por ciento en relación con el mes anterior y es la subida más alta registrada en diciembre desde 1993, ese porcentaje no alcanzó para levantar el ánimo de los industriales.

Una encuesta del oficial Instituto de Estadística y Censo (INDEC) mostró que mantienen una gran prudencia, ya que el 51,8 por ciento de los entrevistados manifestó que no espera cambios en la demanda interna, el 25,9 por ciento cree que habrá una nueva caída y sólo el 22,3 por ciento dijo confiar en que habrá mejoras.

Machinea, en su reciente paso por Madrid, dijo a los empresarios españoles que ya hay algunos indicadores de mejora en el consumo y que en 30 ó 40 días se podrá hablar más seriamente a ese respecto. Y se manifestó convencido de que el crecimiento hacia finales del año registrará una tasa del cuatro al cinco por ciento. Al día siguiente, en Londres, se aventuró a pronosticar que el desempleo en su país comenzará a bajar, para situarse por debajo del diez por ciento cuando termine el mandato presidencial de Fernando de la Rúa en 2003. 

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Los inversores comienzan a mostrar confianza

Machinea basó sus declaraciones en informaciones telefónicas recibidas desde Buenos Aires, en la que le decían que las tasas de interés siguían bajando y que ese día, 18 de enero, el costo de los préstamos interbancarios se habían situado en el seis por ciento, medio punto menos que el día anterior. Todo un éxito, si se tiene en cuenta que sólo un mes antes estaba en torno al 17 por ciento anual.

En lo que va del año, y con la música del blindaje financiero de fondo, también bajaron las tasas de interés que los bancos cobran a las empresas de primera línea, que lo hicieron del 18,7 al 11,1 por ciento anual para los créditos en pesos y del 15,6 al 9,9 por ciento para los extendidos en dólares.

La Argentina ha comprobado que cuenta con un firme apoyo externo para despegar, con buenas intenciones de su Gobierno y la necesidad de resolver los serios problemas que aquejan a su sociedad. La mayor responsabilidad recae ahora sobre de la Rúa y sus ministros, que para responder al gran desafío deben poner fin a una era de inactividad en la promoción de la economía.

Es difícil comprender como un país poseedor de una variada y gran riqueza natural y con recursos humanos suficientes para responder a las demandas que impone la globalización se encuentre en situación tan crítica, pero ha detenido la caída. Y puede reiniciar el crecimiento e insuflar ánimo en su población para que, entre otras cosas, se terminen las colas frente a los consulados europeos demandando visas para abandonar el país y buscar una nueva y mejor vida en el extranjero.

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Tito Drago
Periodista, escritor, Director  General de Comunica y de IPS España. 

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