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Mercosur | Opinión |
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| Volver a la portada de Mercosur Índice de autores 7 de septiembre de 2001 |
| OPINIÓN Algunas modestas proposiciones por Eduardo Galeano | ||
Mejor que Kioto Cómo vender paraguas La conquista de la luna | ||
| El
soldado Timothy McVeigh puso la bomba, mató a 168 en el estado de
Oklahoma y ahora está en el infierno. El gobernador George W. Bush puso
la firma, mató a 152 en el estado de Texas y ahora es rey del planeta.
Bush suele decir: «Hazlo a mi manera o de ninguna manera». Y
de eso se trata. +l está ocupando a su manera el trono del mundo, y a
su manera hace y deshace, pero su categórico estilo, que tan exitoso
había resultado antes de la coronación, choca ahora con cierta
incomprensión universal. Da la impresión de que el mundo no lo
entiende, y a veces parece que el buen hombre está reinando en soledad. Aquí
van algunas sugerencias, animadas por el constructivo propósito de
colaborar en su gestión. Provienen de uno más entre sus seis mil
millones de súbditos, desde un país más bien ignoto que no es miembro
del G-7, ni del G-8, sino del G-181. 180 contra 1: los acuerdos de Kyoto fueron votados por unanimidad menos uno. El maestro Ronald Reagan había estudiado Ciencias Políticas en las películas del Far West. Ahora su alumno se bate, él solito, como en las películas, contra todos los demás. | ||
Bien sabe el justiciero que todo este asunto de Kyoto no es más que una conspiración. Se pretende sabotear la iniciativa privada y la libertad individual. Está en juego el derecho de los Estados Unidos a seguir desarrollando su modo de vida, que se funda en el amor a los miembros más queridos de la familia: los que duermen en el garaje. Y ellos, los automóviles, no tienen más remedio que sufrir en silencio las calumnias. Los ecoterroristas, agitadores a sueldo del transporte público, andan diciendo que los autos echan veneno al aire y arruinan la atmósfera. Así se abusa impunemente de la paciencia de los ciudadanos de cuatro ruedas, que no pueden decir ni pío. Resulta escandaloso, pero es así: los coches no tienen todavía derecho de voto, aunque son más numerosos que toda la población norteamericana adulta. Los
enemigos del progreso miran la realidad con lentes negros y anuncian catástrofes:
cielo intoxicado, clima enloquecido, planeta recalentado... A este paso,
dicen, nadie se salvará. Ni siquiera nosotros, los uruguayos: a la
larga, si se siguen derritiendo los hielos del polo, nos quedaremos sin
agua potable y sin playas. Pero el nuestro es un país libre. Si nos
quedamos sin agua para beber, tendremos la libertad de elegir entre la
Coca-Cola, la Pepsi y otros refrescos. Y si nos quedamos sin playas, que
son las culpables de la holgazanería nacional, nuestra maltrecha economía
podrá remontar espectacularmente sus índices de productividad. ¿Y qué?
¿Nos van a asustar con eso? ¿Hasta cuándo seguirá el mundo soportando estas apocalípticas profecías? ¿No habrá llegado la hora de prohibir de una vez por todas, en todos los idiomas y en todos los países, la circulación de los informes científicos que andan sembrando la alarma en la opinión pública? |
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Cómo vender paraguas Otro
tema espinoso: el paraguas anti-misiles. El presidente Bushno está
consiguiendo que se tome en serio la amenaza del terrorismo
internacional. No se comprende la urgente necesidad de elevar al espacio
un escudo que nos defienda de la agresión inminente desde las bases
terroristas en las estrellas. El mundo libre está actuando como si no
hubiera más misiles que los misiles de juguete que McDonald¦s regala a
los niños en su cajita feliz. Me
tomo la libertad de opinar, y perdón por la insolencia: el invento es
bueno, y muy necesario, yo diría que imprescindible, pero me parece que
el vendedor se ha equivocado de clientes. El presidente Bush insiste en
promover el paraguas entre los países que no sufren ninguna lluvia. Aunque suene a pedantería, me parece oportuno recordar la ley
primera del mercado: entre la oferta y la demanda, la víbora debe
morderse la cola. Esta sabia enseñanza fue legada a la humanidad por
Marco Licinio Craso, que vivió entre los años 115 y 53 antes de
Cristo. Don Marco Licinio fundó la primera empresa de bomberos en Roma.
Tuvo mucho éxito. +l provocaba los incendios y después cobraba por
apagarlos. Creo que rompe los ojos: la demanda está en Irak, que viene sufriendo bombardeos desde hace diez años. El presidente Bush ha sabido perpetuar una tradición familiar que su padre inició en 1991, descargando misilazos sobre Irak en misiones de rutina que no perdonan ni a las canchas de fútbol. Es Saddam Hussein quien necesita el escudo defensivo. Y si él se niega a comprar el invento, no habrá más remedio que bombardear a otros países, para diversificar el mercado. |
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La conquista de la luna El
«Acuerdo que regula las actividades de los estados en la luna y en
otros cuerpos celestes» establece que «ni la superficie ni el subsuelo
de la luna será propiedad de ningún estado, organización ni persona».
Los Estados Unidos no han firmado este tratado internacional. Y el US
Space Command, que coordina sus fuerzas armadas de aire, mar y tierra,
está proclamando oficialmente, y públicamente, la necesidad de
«controlar el espacio» para poder «dominar» la tierra. Y esos
son los términos, palabra más, palabra menos, con que el presidente
Bush explica su resurrección de la Guerra de las Estrellas, que había
iniciado Ronald Reagan. Esto
ha multiplicado las dudas y la desconfianza. Los países aliados, reinos
menores en torno al reino mayor, sospechan que el monarca del planeta
quiere apoderarse de la luna y de los demás astros del cielo. Ya se lo
imaginan clavando carteles que dicen «Private property» en todo el
espacio sideral. Quizás,
quién sabe, ciertas dificultades de expresión no ayudan a la buena
fortuna que merecen sus mensajes: el presidente Bush suele no decir lo
que quiere decir, y con frecuencia dice lo que no quiere. Humildemente
sugiero que aclare sus intenciones. Que haga pública la verdad,
mediante una declaración escrita por quien sepa y pueda, sin agregar
dudas a las dudas: los Estados Unidos quieren | ||
| Y ya me dejo de dar la lata. San George está muy atareado en su guerra solitaria contra el dragón de la envidia; y no hay que robarle el tiempo. (Montevideo, IPS) | ||
| Eduardo Galeano Escritor y periodista uruguayo, autor de «Las venas abiertas de América Latina» y «Memorias del fuego». | |
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