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Mercosur | Opinión |
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| Volver a la portada de Mercosur Índice de autores 7 de junio de 2001 |
| OPINIÓN América Latina exige reformas en el mercado agrícola mundial Por Otto Boye Soto | ||
Hay
que instaurar un sistema de comercio multilateral equitativo | ||
La
futura serie de negociaciones de la OMC sobre agricultura, así como los
resultados de las nuevas conversaciones comerciales multilaterales,
tendrán implicaciones significativas para la región. El dilema es
claro y desafiante: o la liberalización comercial le sirve a todos, o
simplemente no sirve y será, tarde o temprano, desechada. A
pesar de los logros de la Ronda Uruguay (1986-94) en cuanto a la reforma
de las políticas agrícolas y a la liberalización del comercio agrícola,
hay evidencias abundantes de que los mercados mundiales aún están
seriamente distorsionados como consecuencia de las distintas formas de
proteccionismo aplicadas por el Norte desarrollado. En
efecto, persisten las barreras no arancelarias, las cuotas arancelarias
frecuentemente dan como resultado un acceso no equitativo al mercado y
los subsidios a las exportaciones continúan quitándole coherencia y
seriedad a los mercados agrícolas mundiales. De acuerdo con los cálculos
de la OMC, los Estados Unidos y la Unión Europea otorgaron en 1997
cerca de 180 mil millones de dólares en ayuda a su propia producción
agrícola. La agricultura continúa siendo un sector importante para gran parte de la región, que aún depende de sus exportaciones agrícolas como fuente de divisas, ingresos y empleo. En la mayoría de los países, más de dos tercios de la población de menores recursos todavía vive en áreas rurales. La agricultura representa el 14 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de la región y un cuarto del empleo. | ||
Los
países latinoamericanos tienen interés en que se construya un sistema
alimentario eficiente y se mantenga la estabilidad del mercado. La
continuación de los procesos de reforma que reduzcan o eliminen las
distorsiones de ciertas políticas y mejoren la eficiencia en la
asignación de los recursos escasos en dichos países, puede ofrecer
ganancias significativas para el bienestar general y, a la vez, mejorar
los ingresos de productores y consumidores. Un
sistema de comercio multilateral equitativo ofrece el marco necesario
para hacer más eficiente el intercambio comercial y los regímenes de
políticas internas que afectan al sector rural en la región. Por lo
tanto, será provechoso para los países de América Latina y el Caribe
que participen plenamente en las próximas discusiones agrícolas de la
OMC, las cuales apuntan claramente hasta ahora hacia una liberalización
comercial progresiva. Nuestros
países necesitan evaluar los diversos temas que serán tratados en las
futuras negociaciones agrícolas, así como las respuestas a las políticas
y la reforma institucional (nacional e internacional) necesarias para
potenciar el desempeño de las exportaciones agrícolas. La próxima ronda de negociaciones probablemente se organizará en torno a las cuatro áreas principales regidas por el Acuerdo sobre Agricultura: acceso al mercado, apoyo interno, reducción de los subsidios a la exportación y tratamiento especial y diferencial. Entre los nuevos temas comerciales que surgen de la implementación del Acuerdo se incluye la administración de cuotas de tasas arancelarias, restricciones a la exportación, medidas y normas sanitarias y fitosanitarias y comercio internacional en organismos modificados genéticamente. Entre las preocupaciones no comerciales se incluyen temas de seguridad alimentaria, ayuda alimentaria nacional y variabilidad de precios, así como preocupaciones por las empresas comerciales estatales y acuerdos comerciales regionales. | ||
El
mejoramiento del acceso al mercado, así como la reducción de los
aranceles más altos, probablemente serán los objetivos de varios países
de América Latina y se convertirán por eso en objeto de negociación.
En relación a los subsidios a la exportación, algunos países que son
exportadores importantes encuentran que sus principales intereses están
en juego, pero para otros países de la región, no representan tal vez
ningún atractivo. Los principales objetivos, tanto de los países
desarrollados como en desarrollo, deberían expresarse en continuar
desarrollando un sistema de intercambio comercial más equitativo, para
poder aprovechar el comercio y usar el sistema para solucionar las
inevitables disputas. Muchos
de nuestros países pondrán énfasis en la forma diferente en que la
liberalización del comercio agrícola afecta económicamente a los países
desarrollados y a aquellos que aún no han alcanzado ese estadio.
Intentarán entonces, con toda lógica, asegurar que las nuevas reglas
multilaterales refuercen sus políticas de desarrollo. Esto convierte en un tema clave para los países de América Latina y el Caribe el dilema de si continuarán o no recibiendo un «tratamiento especial y diferencial» y, si lo hacen, la forma que adoptará el mismo. En este contexto habrá que evaluar muy cuidadosamente la posibilidad, subrayada por algunos, de que los tipos de concesiones otorgadas a los países de América Latina y el Caribe puedan desacelerar el desarrollo económico y la transición hacia economías de mercado libre en estos países. (Caracas, IPS). | ||
Otto Boye Soto, es Secretario Permanente del Sistema Económico Latinoamericano (SELA) | ||
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