|
|
Mercosur | Opinión |
| Servicio informativo sobre el Mercado Común del Sur |
| Volver a la portada de Mercosur Índice de autores 4 de octubre de 2001 |
| OPINIÓN Con el ALCA se pierde más de lo que se gana por Germán A. de la Reza | ||
No está claro que permita captar más IED Hay que sacarse la venda de los ojos | ||
| Una
pregunta circula insistentemente entre los especialistas en el Área de
Libre Comercio de las Américas (ALCA): ¿Porqué América Latina pone
tanto empeño en la prosecución de un acuerdo que no le ofrece
concesiones sustanciales de Estados Unidos y que, por el contrario,
exige a los países pequeños y medianos del continente un elevado
esfuerzo de adecuación y de reducciones arancelarias? La
inquietud no obedece tanto a la falta de respuestas, sino al débil
fundamento que ofrecen los argumentos en boga. Consideremos algunos de
éstos, empezando por el principal y más obvio: lograr el acceso
preferencial al mercado estadounidense para las exportaciones
latinoamericanas. Por el tipo de acuerdo y considerando el rumbo de las
negociaciones, es probable que lo substancial de la liberalización
comercial se lleve a cabo en el terreno de los aranceles. Puesto que
Estados Unidos tiene un promedio cercano al dos por ciento (frente al 10
por ciento latinoamericano) y que los instrumentos unilaterales y no
arancelarios que emplea ese país para la protección de su mercado no
están sujetos a negociación, la creación del ALCA no parece
susceptible de generar un acceso muy distinto al actual.
Su vasto arsenal de disposiciones unilaterales incluye la Sección 301, la Super 301 y la Especial 301, consagradas a la defensa de intereses en materia de propiedad intelectual; la Sección 232 le permite limitar las importaciones que afectan la «seguridad nacional»; la Sección 122, por su parte, controla las situaciones de emergencia en los desequilibrios comerciales frente a países que logran excedentes; la Ley Agrícola de 1956 y sus enmiendas resguarda los precios y subsidios otorgados a esa industria en Estados Unidos. | ||
Entre los instrumentos no arancelarios resaltan por su utilización las medidas antidumping (147 casos iniciados a partir de 1987 contra productores latinoamericanos), destinadas a proteger a la producción nacional frente a las llamadas «prácticas desleales» de comercio. Ninguna de estas normas ha sido propuesta para su erradicación y es probable que el ALCA les confiera incluso un lugar más aceptable entre los usos y costumbres del comercio interamericano. No
está claro que permita captar más IED Otra
ventaja que se atribuye al ALCA es la mayor captación de inversiones
directas extranjeras (IED). Normalmente este tipo de inversión es
sensible a los proyectos de ampliación de mercados y a las
oportunidades que brinda a la industria de escala. Sin embargo, no es el
único factor que una empresa transnacional considera. Otros elementos
pueden ser tanto o más importantes, como la existencia de salarios
competitivos, la presencia de infraestructura y de legislaciones
adecuadas, la cercanía a mercados centrales, el desempeño macroeconómico
o político del país, entre otros. Esto
hace que la atracción de IED sea un asunto más complejo e incierto que
la mera proliferación de acuerdos de libre comercio, sin contar que la
masa de capital disponible es menor a las necesidades productivas de América
Latina y que la rivalidad internacional por esos flujos va en aumento. Un tercer beneficio que persiguen los gobiernos en las negociaciones del ALCA es la consolidación del modelo de crecimiento basado en las exportaciones. Además de las limitaciones que acabamos de reseñar, obsérvese en este caso una vulnerabilidad de tipo circular: si, como es probable, el sustento estructural que ofrece el ALCA no se combina con resultados económicos sólidos, el modelo exportador podría verse afectado en su legitimidad política y de esa manera restarle convocatoria. | ||
Existe una explicación adicional, quizás la más escurridiza en términos analíticos, pero que algunas declaraciones oficiales parecen avalar: los sectores que toman las decisiones en América Latina no tienen clara conciencia de lo que están negociando. Esto se combina con el hecho que la complejidad técnica de las negociaciones, extrema en la mayoría de los temas, ha disuadido la reflexión amplia y plural sobre las distintas implicaciones del ALCA. Pero
el galimatías de disposiciones jurídicas que caracteriza a las
negociaciones produce además de su aislamiento, el que la región se
deslice casi sin advertirlo hacia una situación comprometida: el ALCA
impulsa un acuerdo sin instrumentos de cooperación, carente de
tratamiento especial para las economías más vulnerables (salvo
calendarios prolongados, inútiles para hacer frente a las limitaciones
del menor desarrollo) y no sólo no toma en cuenta a los esquemas de
integración latinoamericanos, sino que los debilita mediante una
convocatoria estelar. Hay
que sacarse la venda de los ojos Tanto las negociaciones como la dinámica emergente del ALCA se presentan como un sistema de relaciones individuales de cada país con Estados Unidos. La probabilidad de que la perseverancia gubernamental se explique sobretodo por este último argumento, constriñe a los actores de la llamada «sociedad civil» a promover un debate cuyos significados la toma de decisiones podría querer ignorar. | ||
Esa tarea implica antes que nada el abandono de la actitud de avestruz que ha caracterizado hasta ahora a parte significativa de los análisis. Aunque la versión preliminar del tratado circula libremente por Internet (www.ftaa-alca.org), muchos analistas todavía prefieren ver en el ALCA un proyecto provisional capaz de ser vulnerado por problemas de coyuntura, tales como el retraso en la obtención del «fast track»(carta blanca del Congreso el ejecutivo estadounidense para las negociaciones), la posición menos entusiasta del Brasil y de Venezuela, incluso los recientes atentados contra el World Trade Center de Nueva York. Sin
embargo, es poco probable que estos hechos alteren las negociaciones
iniciadas en abril de 1998. Tampoco
lo hicieron las crisis financieras más severas de los últimos años.
La devaluación del peso mexicano, el efecto «samba» y los agudos
problemas fiscales de la Argentina, intervinieron poco después de las
Cumbres de las Américas de Miami, Santiago y Québec. Hasta
ahora el ALCA había sido identificado como un dato más de la «globalización»
y de la «inserción en la economía mundial» como resultado de una
operación intelectual, cómoda pero incorrecta. Aunque las
negociaciones no están exentas de dificultades y de disensos, es cada
vez más claro que el acuerdo se proyecta como un importante factor
sobre el devenir no sólo económico de América Latina. En varios sentidos constituye una estructura emergente que afecta a las estrategias externas de la región, y que según el texto preliminar del tratado tendrá elementos de irreversibilidad. En ese contexto, «la mejor versión del ALCA para América Latina», como propone el Sistema Económica Latinoamericano (SELA), implica el -ya apremiante- desafío de evitar trastocarse en objetos pasivos de una realidad que se construye ante nuestros ojos. (Ciudad de México, IPS) |
||
Germán A. de la Reza, es profesor de integración económica de la UAM y de la UNAM en México y coordina diversos equipos de investigación en integración latinoamericana en Suecia y México. | ||
| Volver al texto Volver a la portada de Mercosur | ||
|
- Inicio - Opinión - Análisis - Noticias - Mercobreves - ¿Qué es? - Países - Documentos - Enlaces - |
|
© Comunica Press 1999 - 2006 Reservados todos los derechos |