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Mercosur | Opinión |
| Servicio informativo sobre el Mercado Común del Sur |
| Volver a la portada de Mercosur 24 de noviembre de 2000 |
| OPINIÓN América Latina: Muchas inversiones pero poco desarrollo | ||
Grandes cambios en la IED La IED no incentivó el desarrollo Importa más la calidad que la cantidad | ||
| No
obstante el impacto de la reciente crisis financiera internacional sobre
los flujos de capital, la Inversión Extranjera Directa (IED) hacia América
Latina y el Caribe mostró un sostenido dinamismo en los últimos años.
Con un aumento del 11 por ciento, la IED pasó de 69 mil millones de dólares
en 1997 a más de 76 mil millones en 1998, y se estima que ha llegado a
casi 86 mil millones en 1999, superando a todas las regiones en
desarrollo, incluso a Asia. La
IED en la región ha registrado un extraordinario aumento en el último
decenio, ya que se multiplicó cerca de ocho veces entre 1990 y 1998.
Este aumento es en buena medida el resultado de los importantes cambios
operados en las políticas nacionales, tales como los procesos de
democratización que han conducido a una disminución del riesgo político. En el ámbito económico, la estabilización macroeconómica, la apertura comercial y financiera, una tasa de rentabilidad superior a la de otras regiones en desarrollo y amplios procesos de privatización han sido las causas del mencionado aumento. | ||
Cabe también destacar la profundización de la integración regional, factor éste que garantiza mayores economías de escala y más amplios mercados a los agentes económicos. Todos
estos factores se han visto consolidados mediante la suscripción masiva
de tratados bilaterales de inversión y de compromisos sobre inversión
en los nuevos acuerdos de integración y de establecimiento de zonas de
libre comercio. En el transcurso de los años noventa han ocurrido importantes modificaciones en las políticas de tratamiento a la IED en América Latina, las cuales han dejado de ser restrictivas para convertirse en francamente aperturistas, lo que explica en buena medida el crecimiento explosivo que experimenta la inversión extranjera en la región. | ||
Sin embargo, parece conveniente que las políticas sobre IED de los gobiernos de la región se complementen con políticas de fomento industrial y tecnológico, incluyendo mecanismos como los llamados requisitos de desempeño que contienen ciertas exigencias para el inversionista extranjero- así como incentivos para atraer o dirigir la inversión con el fin de obtener determinados objetivos de desarrollo económico y social. En
realidad, estamos ante una contradicción de difícil solución. Por una
parte, nuestros países tienen una imperiosa necesidad de captar
inversiones. Por la otra, se necesita canalizar esos flujos hacia
objetivos nacionales de desarrollo, para lo cual se requieren no
solamente políticas específicamente dirigidas a tales fines, sino
también normativas de aplicación multilateral que no restrinjan la
consecución de tales objetivos, como son las que pudieran derivarse de
la negociación de un marco multilateral de tratamiento a la inversión
que no contemple la dimeensión del desarrollo, sea en la Organización
Mundial de Comercio (OMC) o en otro foro. La
IED no incentivó el desarrollo En
estos años, no se ha podido determinar una correlación positiva y unívoca
entre inversión extranjera directa y crecimiento económico y, empíricamente,
no parece existir mucha coincidencia entre ambas variables. | ||
Acerca de las razones por las cuales el espectacular crecimiento de los flujos de IED a la región en los años recientes no ha tenido un impacto correlativo en el desempeño económico y en los indicadores sociales, el diagnóstico de la Comisión Económica para América (CEPAL) y de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) concluye en tres causas fundamentales: Primero,
que una buena parte de los ingresos generados por esa inversión fue el
resultado de transferencias de activos existentes que no condujeron a la
formación de nuevas unidades productivas, contribuyendo muy poco a la
formación de capital fijo. Segundo,
que los ingresos por concepto de privatizaciones fueron utilizados por
los gobiernos mayormente para financiar déficits de balanza de pagos o
fiscales. Tercero,
que la contribución de la IED al desarrollo industrial integral ha sido
exigua, como en el caso de la dirigida al ensamblaje de manufacturas con
partes y componentes importados. | ||
Importa más la calidad que la cantidad Por
lo tanto, en las negociaciones sobre comercio e inversión se plantea el
problema de la calidad de la inversión y la meta de obtener acuerdos
suficientemente flexibles como para que los países receptores de IED
puedan materializar sus propios objetivos de desarrollo, al tiempo que
protegen la inversión directa. Cómo
lograr una combinación efectiva de las medidas de protección
y liberalización de las inversiones con las políticas públicas
de fomento y desarrollo económico, es uno de los importantes retos que
tenemos por delante. Es
de una especial importancia conocer qué tipo de vinculaciones se deben
establecer entre la inversión directa y el resto de la economía. ¿Cómo
lograr que las inversiones no caigan en el vacío, ni recreen nuevos enclaves? ¿Cómo hacer para que la IED actúe
como impulsora de un crecimiento que se debe propagar al resto de la
economía? | ||
Por último, en esta fase de transición hacia sociedades del conocimiento, interesa apreciar el aporte tecnológico que pueden efectuar las IED en forma de investigaciones básicas y aplicadas, y también en qué medida facilitan el acceso a la «nueva economía», sustentada en las tecnologías de información y de comunicación. Como es sabido, si en estas nuevas actividades la tecnología que se utiliza es elaborada con exclusividad en los países centrales, se agigantará el abismo que media entre el mundo en desarrollo y el desarrollado. (Caracas). | ||
Otto Boye, es Secretario Permanente del Sistema Económico Latinoamericano (SELA). | ||
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