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13 de abril de 2000

OPINIÓN
Los enigmas de la dolarización.
(Rodrigo Borja)
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Una camisa de fuerza
En el Ecuador, la idea prospera

Una camisa de fuerza

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Sólo hay tres Estados "dolarizados" en el planeta: Panamá, Timor Oriental y Ecuador. Por fuerza de las circunstancias, Panamá nació dolarizado en 1903 al iniciar su vida  independiente, ya que los constructores del canal pagaban con la moneda norteamericana a sus 75.000 trabajadores y de hecho el dólar se convirtió en la moneda panameña.

Timor Oriental --el pequeño Estado de 18.990 kilómetros cuadrados y 850.000 habitantes, situado al Este del archipiélago indonesio--  adoptó el signo monetario norteamericano en enero de este año por decisión de la fuerza internacional de paz que, bajo mandato del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, tomó posesión de su territorio y asumió el control político y administrativo para protegerlo de la cruenta "limpieza política" emprendida por el ejército de Indonesia.

Ecuador tomó el rumbo de la dolarización en pleno hundimiento del gobierno de Jamil Mahuad bajo el peso de su ineptitud y corrupción, cuando éste lanzó en enero último la propuesta como la tabla de salvación de un náufrago, sin ningún estudio serio que la sustente.

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Existen unos pocos y pequeños territorios, colonias, ex-colonias y dominios que han adoptado la moneda de sus metrópolis --junto con el idioma y las costumbres-- pero en rigor no es lo mismo que una dolarización, o sea de la sustitución de su moneda por el dólar, puesto que en ellos siempre rigieron las leyes, autoridades y moneda metropolitanas.

Entre 1994 y 1999 hubo aisladas propuestas de dolarización en El Salvador, Guatemala y Costa Rica, pero fueron rechazadas, entre otras razones, porque su situación fiscal no era lo suficientemente sana. Tampoco tuvo éxito en México la propuesta de ciertos empresarios a raíz de su última crisis financiera. Y cuando el presidente argentino Carlos Menem y su ministro de economía Roque Fernández plantearon una idea semejante recibieron, entre otros, el rechazo de Domingo Cavallo, lo cual no obsta para que hoy sus pupilos de la Fundación Mediterráneo propongan para el Ecuador aquello que no quisieron para la Argentina.

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En el curso de la crisis asiática del 97, cuando la rupia se derrumbó, el profesor norteamericano Steve H. Hanke aconsejó al presidente indonesio Mohamed Suharto que dolarizara la economía, pero éste desechó la sugerencia en atención a las opiniones contrarias del gobierno de los Estados Unidos y del FMI.

Dos premios Nobel de economía: Milton Friedman --el oráculo de los neoliberales-- y Amartya Sen impugnan este régimen cambiario, entre muchas razones, porque deja inermes a los países para afrontar los problemas de la balanza de pagos y de las depresiones temporales de la economía. Por eso el profesor de Harvard Jeffrey Sachs afirma que la dolarización es una "camisa de fuerza".

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En el Ecuador, la idea prospera

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Sin embargo, en el Ecuador la idea prospera. Una ley aprobada el 29 de febrero de este año por el parlamento adopta el dólar como la moneda ecuatoriana, prohíbe al Banco Central emitir dinero, salvo  fraccionario, y fija el plazo de seis meses (prorrogables hasta un año por decreto presidencial) para que los sucres sean convertidos en dólares a una equivalencia de 25.000 por 1. Nuestra reserva monetaria se esfumará en el proceso de la conversión, el Ecuador perderá los ingresos que ella produce en los bancos del exterior y además dejará de percibir el señoreaje por la emisión monetaria.

Bien sabemos que el dinero no es un factor neutral en la  economía. Sin llegar a los extremos de la teoría cuantitativa del dinero, no hay duda de que la cantidad de medios de pago en poder de la gente y la velocidad de su circulación tienen influencia en el proceso económico y en la formación de los precios.

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Sin embargo, en el Ecuador la idea prospera. Una ley aprobada el 29 de febrero de este año por el parlamento adopta el dólar como la moneda ecuatoriana, prohíbe al Banco Central emitir dinero, salvo  fraccionario, y fija el plazo de seis meses (prorrogables hasta un año por decreto presidencial) para que los sucres sean convertidos en dólares a una equivalencia de 25.000 por 1. Nuestra reserva monetaria se esfumará en el proceso de la conversión, el Ecuador perderá los ingresos que ella produce en los bancos del exterior y además dejará de percibir el señoreaje por la emisión monetaria.

Bien sabemos que el dinero no es un factor neutral en la  economía. Sin llegar a los extremos de la teoría cuantitativa del dinero, no hay duda de que la cantidad de medios de pago en poder de la gente y la velocidad de su circulación tienen influencia en el proceso económico y en la formación de los precios. 

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Con el nuevo régimen monetario la provisión de moneda a la economía dependerá del éxito de nuestras exportaciones. Si el volumen o los precios de ellas se incrementan, habrá la necesaria liquidez. De lo contrario, la economía se asfixiará. Los empresarios privados, particularmente los exportadores, reemplazarán al Banco Central en su función de regular el abastecimiento de medios de pago a la economía.

Los peligros de la dolarización son muchos y no era necesario llegar a una medida tan radical para corregir los desequilibrios macroeconómicos. Bien pudo optarse por el control de cambios, que durante mi gobierno (1988-1992) funcionó bastante bien. Este sistema, satanizado por los neoliberales más recalcitrantes, ha sido defendido en los últimos años por gobernantes, líderes políticos y economistas europeos y norteamericanos como medio de terminar con la anarquía en los flujos y reflujos de capitales. Tiene la ventaja de reservar para el Estado la facultad de conducir la economía, de regular el volumen de la masa monetaria, defender a las exportaciones de los golpes del mercado internacional y dotarlas de competitividad.

En cambio, con la "camisa de fuerza" de la dolarización las correcciones tendrán que hacerse por el lado del empleo y los salarios, cosa que es extremadamente grave desde la perspectiva social. La inflexibilidad del sistema --el "patrón dólar" no diferirá mucho del "patrón oro" de los años 30-- será compensada con la flexibilidad laboral, en detrimento de los trabajadores. (Quito)

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Rodrigo Borja

F
ue Presidente del Ecuador en el período 1988-92, es doctor honoris causa por la Sorbona de París y las universidades de Buenos Aires, de San Andrés en Bolivia y de North Carolina.

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