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4 de agosto de 2000

OPINIÓN
El insostenible peso de la deuda externa argentina. (Alfredo Allende)
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El ahorro sería monitoreado por los países ricos
Hay que restaurar el agro e invertir en ciencia y tecnología
 

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Las deudas externas de los países del Sur constituyen, en la mayoría de los casos, la imposibilidad de impulsar procesos sociales, culturales y económicos que les permitan afrontar los desafíos del dinámico mundo actual y que les posibiliten una presencia útil para sí y para la comunidad internacional. 

Más aún, de continuar el tren acumulativo de dichas deudas,  resultará indispensable hallar una solución para que esos países puedan mantener la paz interna, los valores de la solidaridad y la necesaria cohesión que evite desgarramientos internos de impredecibles consecuencias.

¿Cuál es el monto de la deuda externa argentina? Unos 120.000 millones de dólares, provenientes de obligaciones del Estado central, más unos 40.000 millones debidos por los estados provinciales y, además, una deuda privada de otros 40.000 millones. El monto total es superior al 60 por ciento del Producto Bruto Interno (PBl). Dentro de un año, se puede asegurar, la deuda externa total de Argentina estará próxima al 100 por ciento del valor de la producción anual de riqueza en el país. Mientras en 1989 era de 60.000 millones de dólares, hoy  triplica esa cifra largamente.

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En la actualidad la deuda absorbe recursos indispensables para una política de desarrollo y de ocupación; los créditos externos se encarecen a medida que crece la deuda («riesgo país») y la ausencia de trabajo resta posibilidades de creación de riquezas y de recaudación fiscal, todo lo cual, a su vez, reincide en un mayor endeudamiento. Es un círculo vicioso que se profundiza peligrosamente para todos, incluidos los acreedores.

Frente al cuadro descrito y antes de que se inicie un proceso de cese forzado de pagos, merece elevarse una propuesta, aunque no sea detallada pero sí global y realizable, que contenga la intención de un alivio parcial para el deudor y sea a la vez una garantía para los acreedores. Se parte del presupuesto de que la Argentina quiere honrar sus deudas y no perjudicar a tenedores de la deuda pública.

El ahorro sería monitoreado por los países ricos

La Argentina, en números redondos, está pagando unos 10.000 millones de dólares en concepto de intereses anuales. La amortización del capital no sólo no existe, sino que el monto de éste crece a ritmo sostenido.

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¿Cuál es la propuesta que se puede hacer? El club de los países poderosos -sea la OCDE o el G-7-, podría constituir un fondo de unos 25.000 millones de dólares equivalente al 50 por ciento de las obligaciones argentinas durante cinco años en materia de intereses internacionales. Esa suma sustituiría las obligaciones argentinas por ese lapso y el país obtendría así un «ahorro» que tendría que dedicar exclusivamente a un programa de desarrollo monitoreado por esos países con la intervención de los organismos internacionales. La reactivación de las actividades generadas por el capital invertido daría la seguridad de repagar el anticipo del fondo, crearía trabajo, un aumento del Producto Bruto Nacional, el incremento de la recaudación fiscal y, lo que es objetivo básico de estas reflexiones, renovadas seguridades de honrar la deuda.

La Argentina es un país óptimo para realizar este programa por su tradición industrial no completamente extirpada, por la potencialidad de su agro, la disciplina demostrada a los efectos de adecuar sus cuentas a las exigencias internacionales y la mano de obra profesional aún existente. O sea, la capacidad de reacción de la economía argentina no es discutible si obtiene esta gracia temporal y repagable.

Esta cooperación internacional -basada en un préstamo como se ha visto y no en un regalo- permitiría al Norte dar un sentido ético a las relaciones con un país del Sur de importancia por su extensión y presencia en la región latinoamericana.

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Hay que restaurar el agro e invertir en ciencia y tecnología

Sólo por vía de ejemplo se señala que una tercera parte de esos posibles 25.000 millones de dólares podrían ser aplicados a la restauración del equilibrio agrario hoy sofocado por prendas, hipotecas y ausencias de crédito, con lo que se conseguiría que el productor medio y pequeño rural volviese a invertir en semillas, máquinas, tecnología, etcétera. Otra tercera parte se podría volcar a las empresas pequeñas y medianas industriales en créditos blandos, incluso de interés cero y de devolución en plazos no breves, para desencadenar una ola de actividades y de modernizaciones, actualmente desaparecidas.

Otros tramos del «ahorro» configurado por la parcial reprogramación de los pagos podrían dedicarse al desenvolvimiento de la ciencia y la tecnología productivas y a obras de envergadura para las aguas potables y cloacales que facilitarían el desarrollo sustentable del país y el incremento de puestos de trabajo. En estas tareas propuestas, obviamente se daría preferencia a las empresas privadas de cualquier origen radicadas en el país.

De otra manera no se avizora, a pesar de la corrección y la seriedad del manejo de las cuentas públicas que se vienen efectuando desde diciembre de 1999, otra perspectiva que ajustes sucesivos, reacciones populares y presagios de ceses forzosos del cumplimiento del pago de la deuda. (Buenos Aires, IPS).

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Alfredo Allende

Es diputado nacional por la Unión Cívica Radical y ex ministro de Trabajo de  Argentina.

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