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3 de diciembre de 2004


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CHILE:
La lectura vence impuestos
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Con cifras sin precedentes en asistentes y ventas, la Feria Internacional del Libro de Santiago tuvo este año su mejor versión, aunque los editores mantienen las quejas por los altos impuestos que impiden un mayor crecimiento de los hábitos de lectura en Chile.

En dos semanas, esta vigésima cuarta feria atrajo 228.000 visitantes, un 14 por ciento más que el año pasado, mientras la cantidad de ejemplares vendidos superó los 340.000, una cifra sin precedentes en la historia de la muestra. El presidente de la Cámara Chilena del Libro, Eduardo Castillo, señaló que la feria de este año, realizada del 1 al 14 de noviembre, superó todas nuestras expectativas del sector y se convirtió en un buen preámbulo para celebrar en grande el próximo año la duodécima quinta versión, que tendrá a España como invitada de honor, condición que ahora correspondió a México.

Con la asistencia de más de 20 escritores y poetas extranjeros y 230 actividades entre foros, lecturas, presentaciones de libros, conciertos musicales y obras de teatro, esta muestra, que desde hace 14 años se realiza en el centro de exposiciones de la Estación Mapocho, de Santiago, está legítimamente reconocida como «el mayor evento cultural de Chile».

Entre los autores de mayor renombre que llegaron a Santiago en esta oportunidad estuvieron el mexicano Carlos Fuentes, el español Arturo Pérez-Reverte y el argentino Mempo Giardinelli, además de los chilenos Luis Sepúlveda y Roberto Ampuero, quienes residen en España y Estados Unidos, respectivamente.

Ampuero, un novelista que no pasa el examen de los críticos más rigurosos, sigue siendo sin embargo uno de los autores locales con mayores ventas. Su último libro, «Halcones de la noche», presentado el sábado seis en la feria, vendió 8.000 ejemplares hasta el cierre de la muestra.

En general, los autores chilenos lograron la mayor aceptación del público. El ex trabajador minero Hernán Rivera Letelier, autor de la celebrada novela «La reina Isabel cantaba rancheras», ha vendido igualmente 8.000 copias de «Canción para caminar sobre las aguas», su novela más reciente, mientras que el debutante novelista chileno Pablo Simonetti, completó al final de la feria la venta de 7.000 ejemplares de su narración «Madre que estás en los cielos». No obstante, la Feria Internacional del Libro rindió tributos a las «súper ventas» de extranjeros con una alta demanda de títulos como «Angeles y demonios» y «El código Da Vinci», del estadounidense Dan Brown, mientras que la última obra del colombiano Gabriel García Márquez, «Memorias de mis putas tristes», vendió 1.000 ejemplares durante el evento.

 


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Un IVA exagerado

Pero los éxitos comerciales de la feria no fueron gratuitos, ya que los organizadores tuvieron que apelar a recursos como mantener el precio de la entrada en el mismo rango del año pasado, en torno a los 2,5 dólares. Del mismo modo, hubo dos jornadas con ingreso gratuito para las mujeres, lo cual repercutió positivamente en las ventas, ya que ellas son mejores lectoras que los hombres, según lo certifican varios estudios sobre consumo de libros en Chile. La exhibición del boleto de entrada daba también derecho a un descuento del 10 por ciento en las compras de libros, en tanto una firma de tarjetas de crédito negoció también con los organizadores una disminución en los precios del 30 por ciento para sus clientes.

La Cámara Chilena del Libro, además, aumentó este año la oferta a los colegios para visitas guiadas de estudiantes con ingreso gratuito. En total 12.000 niñas y niños llegaron a esta versión de la feria.

No obstante, pese a todos estos esfuerzos, Chile sigue siendo un país de libros caros, sobre todo cuando se comparan los precios locales con los de la vecina Argentina, donde las ofertas editoriales para los chilenos no sólo están en Buenos Aires, sino también en ciudades más cercanas como la occidental ciudad de Mendoza y la central Córdoba.

Castillo advirtió que, pese a los buenos resultados de la feria, el promedio de lectura de los chilenos sigue siendo muy bajo, ya que se vende menos de un libro al año por habitante, una relación cinco veces menor de la que se da en países industrializados. Una de las razones de este bajo registro radica en que los libros están sujetos al mismo régimen de gravámenes de todos los bienes de consumo, con un impuesto al valor agregado (IVA) que recarga su costo al público en un 19 por ciento. «Llevamos 28 años repitiendo que en Chile (el libro) para un IVA exagerado, el más alto del mundo», se quejó el presidente de la Cámara Chilena del Libro. Castillo agregó que ahora existen esperanzas de alcanzar acuerdos con el Consejo Nacional de la Cultura, un organismo de rango ministerial creado este año, con el cual la cámara busca coordinar mecanismos para fomentar la lectura y reprimir efectivamente la piratería en la edición de libros. La propuesta de los editores es rebajar el IVA a los libros al cuatro por ciento, con lo cual aumentará la demanda de ejemplares y a la vez se neutralizarán los márgenes de ganancia de los imprenteros ilegales. (Santiago).


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