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El acuerdo
Washington-Santiago de Chile, de libre comercio bilateral tuvo impacto
inmediato en el Meercosur. Brasil ya replicó a lo que considera una jugada
estratégica de Estados Unidos para condicionar las negociaciones en la
Asociación de Libre Comercio de las Américas al modelo del pacto
chileno-norteamericano.
El presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva y
su, canciller Celso Amorim, consideran que las discusiones en el ALCA se
han vuelto ociosas. Deben pasar ahora a una instancia superior: la
Organización Mundial del Comercio. En función de esa nueva línea de
política externa, Lula y Amorim anunciaron la constitución del G3: un
grupo constituido por Brasil, India y África del Sur. A ese núcleo se
sumarán dentro de unos días China y Rusia. La función de este flamante
bloque es disputar las políticas comerciales proteccionistas de las
potencias mundiales con las mismas armas que aplican contra los países
emergentes. Y la batalla será en la OMC.
El gobierno brasileño sabía, de antemano, que el acuerdo con Chile
pretendía ser usado por EE.UU. como un modelo para el ALCA. Pero el
esquema chileno, tal vez válido para ese país de economía abierta, no se
adapta ni a la Argentina ni a Brasil.
Tiene dos grandes defectos: posterga decisiones sobre
las trabas de acceso al mercado norteamericano (es el caso de las medidas
antidumping) y aplaza la eliminación de subsidios a los bienes agrícolas.
En Brasilia evaluaban que no es casual el momento
elegido por Estados Unidos para anunciar ese acuerdo. Ocurre a días de la
visita oficial de Lula a Washington (20 de junio) donde tendrá su segunda
entrevista con George Bush.
Previamente, Lula dejó claro que no tiene expectativas
de las negociaciones con Estados Unidos. «Ellos no van a eliminar los
subsidios a la agricultura (una de las grandes reivindicaciones de
argentinos y brasileños). Y la razón es muy simple: Bush busca la
reelección en 2004».
Según fuentes consultadas por Clarín, Chile es una
economía pequeña y abierta, complementaria de la estadounidense. La
historia es muy distinta cuando se habla de Argentina y Brasil. En
el caso argentino, nunca hubo complementariedad con Estados Unidos. Por el
contrario, competían en el terreno agrícola por los mismos mercados. Para
la Argentina, las pérdidas comerciales que derivarán de la asociación
Santiago-Washington tienen importancia, pero menor de la imaginada.
Argentina, en conjunto con Brasil, tienen capacidad para abrir terceros
mercados.
Según el vicecanciller brasileño, Samuel Pinheiro
Guimaraes, un hombre que controla en Itamaraty la parte del león de la
política externa brasileña (Argentina, Mercosur, Sudamérica y ALCA), el
ALCA es parte de la estrategia hegemónica de EE.UU. «que busca realizar su
designio de incorporar en forma subordinada a América latina a su
territorio económico y a su área de influencia político-militar». Fue esa
percepción la que históricamente llevó a los gobiernos brasileños a
imaginar formas de quebrar el cerco. (Clarín, Brasilia, 16-06-03). |