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Septiembre de 2006


Editorial
El Sur se amplía y mientras el Norte espera
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Mientras el Mercosur comienza a consolidarse nuevamente como bloque y refuerza su vinculación con sus países vecinos, dos situaciones contradictorias comienzan a gestarse fuera de la región, producto de relaciones directas de economías emergentes con algunos de sus estados miembros. Por un lado surge con fuerza la negociación con países de Asia y África para mejorar sus relaciones comerciales, por otro se producen tímidas declaraciones, sin demasiado entusiasmo, sobre el reinicio de las negociaciones para un tratado de libre comercio con la Unión Europea, iniciadas con gran alboroto en diciembre de 1995. En esa fecha, y teniendo en cuenta las circunstancias de las economías latinoamericanas, la esperanza de un intercambio propiciatorio y respetuoso para ambas partes originó esperanzas a ambos lados del Atlántico. 

No obstante, las reuniones entre expertos de ambos bloques resultaron cada vez más frustrantes y los años fueron pasando sin que esos acuerdos se concreten, debido a la indecisión mutua a la hora de dar los pasos necesarios para alcanzar la meta buscada.

Hoy, ante la buena situación que atraviesa América Latina y el fuerte crecimiento de las economías asiáticas y sudafricanas, no caben dudas de que para ambas partes será beneficioso alcanzar acuerdos de bloque a bloque, reducir tarifas arancelarias y abrir nuevos mercados, pero los más beneficiados serán los países del Mercosur, dado que China, India y Sudáfrica no necesitan salir a golpear puertas pues ya han abierto mercados con su propia fuerza.

Pero no todos los acuerdos proyectados por el bloque sureño tienen un horizonte tan promisorio ya que los bilaterales que Paraguay y Uruguay están gestionando con Estados Unidos, por ejemplo, podrían producir un efecto contrario y llegar a debilitarlo.  Si estos dos socios menores pero plenos del Mercosur concretasen dichas negociaciones individuales y al mismo tiempo volvieran a fracasar las próximas conversaciones con la UE, la integración sudamericana sufriría un nuevo estancamiento que sólo podría revertir la concreción de los pactos que han comenzado a establecerse con India, Sudáfrica y China. Si esto sucediese,  no sólo se fortalecería el libre comercio SUR–SUR, sino que daría más fuerza a ambas partes en el desequilibrado escenario internacional

En cuanto al dilatado acuerdo con la UE, para que éste se concrete ambas partes deben asumir que tienen que aceptar algún sacrifico y ceder en sus posiciones: la Unión Europea admitiendo que no puede seguir subsidiando a sus productores agropecuarios y el Mercosur abriendo puertas a los servicios e inversiones. Es evidente que eso perjudicaría a determinados sectores dentro de cada bloque, pero quienes llevan las negociaciones tienen que admitir que ambas restricciones, a la larga, terminan siendo perjudiciales para sus propias economías.

No caben dudas de que los agroganaderos europeos merecen ayuda, pero éstas no deben ser  permanentes y no quedará más salida que plantear con claridad un programa escalonado para su reducción, prestando especial atención a los pequeños y medianos agroganaderos.

También el sector servicios del Mercosur debe ser protegido, y hay que controlar el flujo de las inversiones extranjeras para preservar las soberanías nacionales. Nadie duda de ello, pero la mejor manera alcanzar esa protección es incentivando su desarrollo, con inversiones nacionales y extranjeras. ¿Qué hay que controlar éstas últimas? Claro que sí, pero no con barreras intransitables, sino encendiendo luces para que todo se haga con transparencia y sin ninguna posibilidad de corrupción de por medio.

Todo esto es factible, pero lo cierto es que el tiempo pasa y ambas partes tienen que tomar decisiones. Europa debe comprender que mientras se dilata el acuerdo, los países del Mercosur han comenzado un importante período de recuperación económica, con buenas predicciones respecto de un futuro próximo y que, mientras ella continúa estudiando el platillo de la balanza,  el Sur se amplía para este bloque con nuevas relaciones y nuevos proyectos.

Un muy buen pronóstico para ambas partes (UE y Mercosur) sería que esta espera concluyera con la decisión firme de suscribir el dilatado Tratado Interatlántico de Libre Comercio y que la UE se sumara a los posibles acuerdos que en un futuro cercano llegasen a alcanzar el Mercosur con China, India y Sudáfrica. Esto beneficiaría a todos los países y a todas las partes implicadas, gobiernos, sociedades y sectores empresariales, incrementando el desarrollo y el bienestar común.

Lo contrario puede significar no sólo que los países miembros del Mercosur pierdan una importante posibilidad de desarrollo y crecimiento, sino que también la UE pierda un tren que le ayude a fortalecer sus economías y ampliar su comercio exterior.

 

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