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Mercosur | Editorial |
| Servicio informativo sobre el Mercado Común del Sur |
| Editorial Marines y acusaciones de corrupción perturban al Mercosur | |
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La autorización del gobierno paraguayo para que tropas de Estados Unidos se instalen en su país y la impunidad absoluta que se les ha concedido, ha causado justificada alarma en sus socios y vecinos del bloque, además de constituir una seria amenaza para llevar adelante el proceso, en marcha, de la integración de América del Sur. Es verdad que, como señalan los gobiernos de Argentina, Uruguay y Brasil, no existe ninguna norma dentro del bloque que impida a uno de sus países miembros establecer acuerdos militares con otros, pertenezcan o no a la región, que Paraguay es un país soberano y como tal puede disponer acerca de lo que se haga en su territorio, pero no es menos cierto que decisiones de tal envergadura se han tomado hasta ahora por consenso en este bloque. Otro serio obstáculo que también ha incidido en las negociaciones y acuerdos pendientes dentro del bloque es la crisis política que afecta al Partido de los Trabajadores (PT) brasileño, movimiento político que llevó al gobierno al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, cuando el país comenzaba a recoger importantes frutos en el plano económico. No obstante, dentro de lo negativo de las acusaciones de corrupción, dimisiones y ataques interpartidarios, han surgido dos noticias positivas: la crisis no afectó el crecimiento económico y hubo alto grado de participación en las elecciones internas del PT, lo que permite pensar que se avanza hacia la normalización política del país. Trascendida la noticia de que Paraguay había concedido inmunidad a 400 marines estadounidenses para que realicen maniobras dentro de su territorio, el canciller brasileño, Celso Amorím, subrayó lo «innecesario de una base americana» en cualquiera de los países del Mercosur. Reclamó «transparencia en los acuerdos alcanzados» entre Paraguay y Estados Unidos y, aunque admitió que «Paraguay es un país soberano”, observó que éste tiene «obligaciones firmadas con el Mercosur». Voceros del gobierno argentino también reaccionaron con dureza, aunque coincidieron con Amorím en que cada país es soberano para adoptar decisiones. Así lo manifestó el vicepresidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados de la Argentina, Federico Storani, quien subrayó que el Mercosur sólo se pronuncia sobre uno de sus países miembros «si está en juego su institucionalidad», por lo que, en este caso, «jurídicamente» sus socios no pueden impedir la presencia de los marines en el país vecino. Dicho esto, Storani, representante de la opositora Unión Cívica Radical (UCR), admitió que «Eso (la presencia de las tropas en Paraguay) no me gusta nada, ni para Argentina, ni para los países del Mercosur». Pero los ecos de la decisión paraguaya no se escucharon sólo en los países vecinos, las protestas por la sorpresiva decisión del gobierno de Nicanor Duarte comenzaron a hacerse sentir dentro de su propio país y opositores y militares se preguntan si no existirá una «agenda oculta» en el programa acordado, suspicacia que se repite también en los demás países de la región y afloró incluso en Washington, cuando, ante distintas consultas realizadas, algunos expertos admitieron sus dudas acerca de que exista «una agenda oculta» en los acuerdos alcanzados. Políticos, analistas y medios de comunicación se preguntan ¿Para qué necesitan los Estados Unidos una base militar dentro del MERCOSUR? No existen en el bloque ni en sus vecindades riesgos de enfrentamientos armados, internos ni externos. Afortunadamente han sido superados los litigios fronterizos que hace décadas hacían temer que llevasen a un enfrentamiento armado a Chile y Argentina o a Chile y Bolivia por una centenaria polémica. Podrían surgir diferencias y roces diplomáticos, pero quedó demostrado que está descartado cualquier conflicto de mayores dimensiones entre los países del Cono Sur de América Latina. Lo mismo ocurre con los conflictos internos de estos países, ya que la democratización que han alcanzado tras las dictaduras que los han atenazado ha permitido un acuerdo tácito entre gobiernos, oposición y fuerzas armadas, para resolver por vía pacífica cualquier diferencia que se presentase. Importante alianza en este sentido es la que han alcanzado los países socios y asociados del Mercosur para darse apoyo mutuo ante cualquier otra eventualidad. El MERCOSUR y las nuevas condiciones políticas y sociales que lo hicieron posible han sido la base sobre la cual se gestó y, fue avanzando año tras año, el proceso de desmilitarización y alejamiento de tropas de las respectivas fronteras entre sus países miembros. Esto ha ido creando una política de confianza, de «puertas abiertas”» entre los Estados sureños y ha permitido la realización de ejercicios conjuntos entre sus ejércitos. En ese panorama el montaje de la base en Paraguay y sobre todo la inmunidad que les ha sido concedida a los militares norteamericanos (no podrán ser detenidos ni juzgados por ningún delito que cometan, sea civil o penal), por el gobierno de Nicanor Duarte dejará huellas y constituirá, sin lugar a dudas, un serio obstáculo en el proceso de integración. Un retroceso para los países del bloque, de forma individual o en su conjunto, y para todos lo que integran la recién creada Unión Sudamericana, que ha nacido impulsada por dos fuertes sostenes: la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y el MERCOSUR. Si cualquiera de los dos fallase, le será muy difícil afianzar el camino hacia delante. |
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