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5 de mayo de 2005


Editorial
Los dos grandes tienen la responsabilidad
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El Mercosur pasa por unos malos momentos de los que la responsabilidad de superarlos recae sobre los dos grandes del bloque: la Argentina y Brasil, algo de que sus presidentes, Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva, parecen estar tomando conciencia, de acuerdo a sus últimas declaraciones. Ahora se trata de que las palabras se conviertan en hechos sino no se quiere que los malos momentos se conviertan en peores.

Al margen de los desacuerdos sobre temas comerciales, que son de fácil solución, aparecen temas de política internacional en primer plano, como las candidaturas para integrar el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la propia reforma de ese organismo y la posición del Mercosur en el proyecto de integrar una Unión Sudamericana.

Quizás valga la pena que los gobiernos de la región y en especial los de Brasil y la Argentina tengan presente el origen de la Unión Europea, un bloque en continuo y renovado fortalecimiento que comenzó su andadura a los cinco años de finalizar la Segunda Guerra Mundial (1939-45) y que lo hizo nada menos que por idea y compromiso firme de dos países, Alemania y Francia, que se destruyeron mutuamente en esa guerra y en la primera (1914-18).

Si dos países que sufrieron la devastación de esos enfrentamientos bélicos, con millones de muertos y heridos en ambos bandos, pudieron vencer las diferencias cuando todavía las heridas estaban abiertas y sangrantes y junto a Italia, Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos fueron capaces de negociar en apenas un año y en 1951 firmar el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, origen de la actual Unión Europea ¿por qué diferencias realmente menores entre la Argentina y Brasil se alzan como piedras en el camino del Mercosur?

La respuesta puede ser que, hasta ahora, faltó decisión política para pasar sobre ellas y reforzar la apuesta por una política de verdadera integración del Mercosur que, por otra parte, es la que puede dar paso serio y acelerar el camino para la constitución de la Unión Sudamericana. Y para moverse con fuerza en el escenario internacional, tanto dentro de la ONU como en las relaciones con la Unión Europea, Estados Unidos y otros bloques regionales.

Algo de esto parece haber sido empezado a tener en cuenta por Lula y Kirchner, que en los últimos días rebajaron sus enfrentamientos dialécticos, dieron instrucciones a sus ministros y, en especial, acordaron una reunión bilateral en la Cumbre de América del Sur y los Países Árabes, convocada para el martes diez en la capital brasileña. Las cosas tienen que arreglarse y pronto porque, como dijo Lula “Nos tenemos que gustar porque Brasil y Argentina dependen uno del otro”.

Ahora se trata de que ese gusto y los propósitos de mejorar las relaciones entre los dos gobiernos pasen de las palabras a los hechos y abran una nueva etapa de fortalecimiento del Mercosur. Lo contrario sería decretar su muerte por inanición.

 

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