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Mercosur | Editorial |
| Servicio informativo sobre el Mercado Común del Sur |
| Editorial Los políticos tienen la palabra | |
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Las negociaciones entre técnicos y funcionarios del Mercosur y la Unión Europea han llegado a un punto en el que aún se puede avanzar, pero los hechos demuestran que se está alcanzando «un punto muerto» y que difícilmente se alcance un acuerdo definitivo antes del 31 de octubre, fecha en la que asumen nuevas autoridades en la Comisión Europea. El status quo en el que se está, demuestra que la concreción del Tratado para establecer una Zona de Libre Comercio Interatlántica, voluntad asumida por ambas partes en diciembre de 1995, en Madrid, requiere, para hacerse efectiva, el compromiso de los líderes políticos de los dos bloques. Si eso no sucediese, ambas partes se verán abocadas a seguir presentando propuestas y contrapropuestas en los próximos meses, sin llegar a puerto alguno. Es comprensible que cada empresario, cada profesional, cada sector, cada cámara empresarial o sindicato laboral, cada ministerio, defienda sus propios intereses. ¡Sería irreal si sucediese lo contrario! También es lógico que esa defensa se haga sentir en las comisiones negociadoras, tanto del Mercosur como de la UE, ya que cada concesión debe previamente ser negociada con los actores internos de cada país, pero no es lógico que los plazos se prolonguen indefinidamente, porque conduce, inevitablemente, al desánimo y agotamiento común. La trascendencia que tendrá la puesta en funcionamiento de ese Tratado de Libre Comercio va mucho más allá del comercio, de la economía y de las inversiones, al tratarse del primero que involucra a dos regiones, tan alejadas geográficamente, con el Océano Atlántico de por medio, pero tan cercanas en el aspecto cultural, social y político. De ahí la gran trascendencia que tiene esta negociación que, de alcanzar en el más breve tiempo posible buen puerto, influirá dando un contenido positivo al imparable proceso de globalización de la economía mundial. Un contenido que debe tener, desde luego, uno de sus principales pilares en una verdadera libertad de comercio, en la que todos puedan competir en igualdad de condiciones. Y que incluya la libertad para el intercambio cultural, laboral y profesional, sin olvidar que en su momento se podrá llegar a la libre circulación y residencia de las personas de una y otra orilla del Atlántico, aunque para esto último haya que esperar algunos años, en un proceso progresivo. Si se alcanzase un pronto acuerdo, positivo para ambas partes, teniendo en cuenta que también están muy avanzadas las negociaciones entre el Mercosur y la Comunidad Andina de Naciones, el resultado final sería una Zona Interatlántica que incluiría a 25 países europeos y 10 sudamericanos, a los que más temprano que tarde se unirían los de Centroamérica y México. Al ir más allá del simple libre comercio, los dos grandes bloques podrán influir positivamente en el proceso de globalización, para un mundo más justo, democrático, equitativo y en paz. Por todo ello, los líderes políticos tienen ahora la palabra. |
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