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1 de julio de 2004


Editorial
Es la política, amigos
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Se acerca el momento de refrendar una política común, abierta y solidaria para los socios del MERCOSUR.  Los pasos convergentes dados en ese sentido por Lula y Kirchner dentro de sus países, en su relación bilateral y en las iniciativas con terceros tanto del Sur como del Norte, más los resultados electorales que se avizoran en Uruguay indican que eso es posible y deseable.

Pero esa política debería consensuarse e impulsarse lo antes posible, a la vez que se impulsa y fortalece una herramienta indispensable: el Parlamento del Mercosur,  instancia que al principio no tendría grandes potestades pero que sólo con instalarse ya estaría dando el mensaje de que hay consenso en la decisión de caminar con firmeza hacia la integración total. Más aún,  haría que la voz del bloque se sintiese cada vez con más fuerza en los foros internacionales, allí donde se adoptan las decisiones más importantes y que influyen de manera decisiva tanto en el día a día como en las grandes líneas comerciales, económicas y políticas que rigen la era global.

Lula y Kirchner así lo han comprendido y dieron una muestra de la nueva política en sus respectivos viajes a China donde, debe tenerse presente, recibieron nuevas aportaciones para la misma, al comprobar in situ las verdades económicas de un gigante que es presentado como un enemigo Sur-Sur, pero que no es imposible tenerlo como aliado, camino por el que se está transitando.

Al concluir su visita el presidente argentino fue terminante: «China está liderando un proceso de transformaciones muy importante y con una situación heterodoxa del manejo de su sistema».

Esa situación muestra los resultados positivos que dan allí las políticas activas del Estado pues, señaló Kirchner, «tienen una economía muy competitiva, con un manejo del cambio competitivo… algo que los argentinos tenemos que consolidar para curar el sufrimiento de los diez años de la convertibilidad, mantener un sistema competitivo con capacidad de generar nuevas inversiones, más trabajo y dar competitividad a nuestros productos en el mundo».

También, como signo de esos nuevos tiempos, se debe registrar su respuesta al español Rodrigo Rato, quien a los pocos días de estrenarse como gerente del Fondo Monetario Internacional planteó exigencias a la Argentina similares a las que este país vino sufriendo en los años anteriores y que ahora le reclamó a China que revalúe su moneda, el yuan.

Al preguntárselo por las palabras de Rato,  Kirchner fue categórico y claro: «China debe hacer para su economía lo que más le conviene. La Argentina va a hacer para su economía lo que más le convenga. Eso de ser primero alumnos en el FMI y que después todos terminemos aplazados, como nos pasó a los argentinos, espero que no les pase a los chinos».

Por eso, concluyó, «preferimos que mucho no le gusten por ahí las cosas a algunos opinadores del Fondo y hacer las cosas que a nuestros países les interesan». Con lo cual, en vez de aplicar aquella famosa frase de «Es la economía, estúpido», deslizó algo que puede interpretarse como: «Es la política, amigos».

 

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