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22 de diciembre de 2003


Editorial
Dos grandes decisiones
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El acuerdo firmado en Montevideo entre el Mercosur y la Comunidad Andina de Naciones y la incorporación del Perú como nuevo miembro asociado del bloque, constituyen un gran paso adelante hacia la integración de América del Sur, que se fortalecería de manera contundente si más temprano que tarde se resuelve de manera positiva el pedido de Venezuela de ingresar también como miembro pleno.

Ese paso hacia el frente se transita por el nuevo camino inaugurado por las coincidencias en las grandes líneas políticas y económicas de los dos mayores países de la región, Brasil y Argentina, a partir de que asumieran sus presidencias Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva respectivamente. Un consenso que se viene expresando en los últimos meses tanto en las cuestiones económicas como en las comerciales. Otra muestra de ese buen entendimiento es la decisión de ambos países de actuar de forma conjunta en el Consejo de Seguridad de la ONU, llegando al extremo de que hasta que se produzca, dentro de un año, la incorporación de la Argentina a ese organismo, un diplomático de este país formará parte de la delegación brasileña.

De esta manera, tras varios años de estancamiento e incluso de retroceso en algunos sectores, el Mercosur se ha revitalizado y retoma el camino con un objetivo claro: la integración de América del Sur, algo a lo que indiscutiblemente sirve de cimiento el reciente acuerdo logrado con la Comunidad Andina.

La incipiente y alentadora recuperación de las economías de varios de sus países y en especial de los dos grandes, Argentina y Brasil, contribuye de manera decisiva a esa consolidación que llega en un buen momento, cuando se concretan conversaciones con la Unión Europea para allanar dificultades en las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio, y se logra un acercamiento para la concreción de la Zona de Libre Comercio Interatlántica, pactada en diciembre de 1995 y cuya articulación aún se sigue discutiendo. Pero todavía es pronto para hacer repicar las campanas. Aún cuando se verifican progresos evidentes, la región vive en tensión por el peso de la deuda externa con las consiguientes presiones del Fondo Monetario Internacional y por las dificultades de acceso a los mercados del norte.

Pero incluso en ese contexto de dificultades, surge la posibilidad de ser más “osados” y apostar, tal como alienta el presidente Lula, por impulsar y desarrollar el G-20, grupo que representa el 60% de la `población mundial, más del 70% de los agricultores y más del 22% de la producción agrícola del mundo. En opinión del mandatario brasileño, el G-20 “está cambiando la dinámica de la diplomacia comercial multilateral”, al contribuir para que la cuestión agrícola tenga buen final en la OMC.

Todo esto demuestra que hay razones sólidas que permiten iniciar el 2004 mirando al frente con optimismo.

 

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