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Mercosur | Editorial |
| Servicio informativo sobre el Mercado Común del Sur |
| Editorial Contra todos los pronósticos | |
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Varios acontecimientos sucedidos en noviembre en América Latina han marcado los derroteros por donde avanzarán los países de la región a partir del 2005: la consolidación del proceso hacia la integración regional, la creación de la Unión Sudamericana, la XIV Cumbre Iberoamericana y la Cumbre APEC.
En torno a estos hechos, han marcado un hito histórico las visitas que, con motivo de su asistencia a la Cumbre de APEC, realizaron los presidentes de Rusia y China a Brasil y Argentina, países líderes en el Cono Sur, durante las que se firmaron acuerdos de cooperación y convenios bilaterales.
Si sumamos los avances hacia una integración regional firme y duradera con estos nuevos lazos comerciales, el futuro puede deparar –por primera vez en la historia- una nueva asociación SUR–SUR, que permitiría a los países en desarrollo utilizar todo su potencial para encarar la dolorosa deuda externa, combatir la exclusión social y mirar de forma más esperanzadora el futuro.
Eduardo Duhalde, presidente de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur, señala en un importante análisis que reproducimos en esta edición que «La unión de Sudamérica es la única posibilidad que tienen nuestros pueblos de enfrentar con éxito los desafíos que plantea un mundo cada vez más interrelacionado». Esa tarea, añade, sólo se concretará si se persevera en «la reconstrucción de la identidad común, de la pertenencia a un pasado y a un futuro compartidos”.
En ese camino, no tendría por qué estar ausente la Unión Europea, dado que las conversaciones para alcanzar el acuerdo definitivo con el Mercosur continúan, mientras muchas de las empresas ibéricas retoman las inversiones en América Latina al considerar que la región está recomponiendo su tejido económico y financiero.
Según evaluaciones del BBVA, la recuperación económica de América Latina es un hecho. Por primera vez desde 1997 todos los países de la región tendrán un crecimiento económico positivo. Se espera que este año crezca un cinco por ciento y que en 2005 no baje del cuatro. Por esa razón, las principales corporaciones españolas, con intereses en banca, electricidad, petróleo, agua, gas, telecomunicaciones, etc, se están replanteando volver a consolidar su posición y a hacer negocios en esta región.
Ante este panorama, no extraña la preocupación de la Casa Blanca por las nuevas relaciones comerciales que se están formando al margen de sus deseos, porque esa nueva relación Sur-Sur ayudaría a recomponer el escenario mundial, con un comercio internacional más equilibrado y justo. Y, en consecuencia, con posibilidades ciertas de desarrollo económico para los países del Sur.
Robert Zoellick, representante comercial de Estados Unidos en la APEC, lanzó una violenta advertencia: “El segundo mandato de George Bush planteará una voz clara. Llevaremos el libro comercio (como lo entiende Washington, claro está) a todo el mundo, abriremos mercados, en especial tras nuestra victoria en estas elecciones”.
Y mirando hacia el Mercosur lanzó una advertencia amenazante “Ya tenemos acuerdos comerciales con dos tercios de Latinoamérica”, un cálculo poco fiable y que se refiere a la posición del bloque sureño de negociar en conjunto el ALCA y no que lo haga separadamente cada uno de sus países miembros.
Todo esto sucede cuando la Argentina vive momentos preocupantes por la situación de la Deuda Externa, con todos los ojos y las mentes puestas en la negociación con los tenedores de bonos, que será particularmente activa en enero y en la posición del FMI al respecto.
Máxime que los primeros meses de Rodrigo Rato al frente del FMI terminaron con las esperanzas que en muchos suscitó su nombramiento. Por ser español y por las buenas relaciones que la región mantiene con su país, su suponía que él comprendería mejor la situación y mejoraría las relaciones de ese organismo con los países de América Latina.
Su posición hacia la Argentina a ese respecto es ilustrativa. Además de sus propias declaraciones afirmando que deberá cumplir las normas y pagar la deuda externa, su principal asesor, Jack Boorman, anticipó que no es viable que el Fondo suscriba un nuevo programa con ese país ni le otorgue créditos, a menos que llegue a un arreglo «sostenible a mediano plazo con sus acreedores».
En esa línea, el FMI volvió a anunciar el dos de diciembre la suspensión de sus negociaciones con el Gobierno argentino hasta que finalice el canje de deuda en default, cuyo inició comenzaría el 17 de enero, según declaraciones del Ministro de Economía, Roberto Lavagna. Esa suspensión significa un castigo para el país deudor, ya que no podrá recuperar al finalizar diciembre unos 2.100 millones de dólares pagados este año y además tendrá que pagar 1.194 dólares más en el primer trimestre de 2005.
La desilusión por la actitud de Rato, quien mantiene la misma línea de conducta de sus antecesores, afortunadamente tiene contrapartida en las actitudes del jefe del Gobierno de España, el socialista José Luís Rodríguez Zapatero, quien planteó en la Cumbre Iberoamericana de San José de Costa Rica, el 19 de noviembre, la necesidad de impulsar un programa multilateral de canje de deuda externa por programas de desarrollo en los países deudores.
E incluso desde Repsol-YPF llegan buenas noticias, ya que la empresa acaba de comprometerse a invertir cien millones de dólares para financiar las obras de ampliación del Gasoducto del Norte, suma que forma parte de su programa de inversión en la Argentina en su Plan Estratégico 2003-2007, que suma unos seis mil millones de dólares.
Si las empresas españolas, con el apoyo de su Gobierno, apuestan por aumentar sus inversiones en América Latina. ¿Puede Rodrigo Rato mirar hacia otro lado? ¿Pueden asimismo el Gobierno y los líderes empresarios españoles inhibirse de presionarlo para que mejore la postura del FMI? Una mejora en general y en concreto en la situación argentina ayudaría a que su economía mejore más rápido y mejor de lo previsto. Lo que sería bueno tanto para América Latina como para la Unión Europea, en la búsqueda de un equilibrio en las relaciones económicas internacionales. |
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