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1 de abril de 2004


Editorial
Nuevos vientos alejan tempestades
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Cuando aún perviven en el recuerdo las durísimas horas que vivió la Argentina en los últimos tramos del gobierno de Fernando de la Rúa y las miradas de cariño hacia el ALCA que surgían de las tinieblas y en especial desde Montevideo, el Mercosur ve robustecer su estructura y confirmar los lineamientos que marcaron su fundación.

El anuncio de que en julio se incorporarán al bloque como miembros asociados tres países de la Comunidad Andina de Naciones: Colombia, Ecuador y Venezuela (Perú y Bolivia ya lo son), tiene una importancia que excede a la una simple ampliación del bloque sureño, pues es un paso cierto hacia la constitución de una zona de libre comercio que abarque a toda la América del Sur. Con esa incorporación no solamente quedan comprometidos todos los países de ambos bloques, sino que también alcanza a Chile que, habiendo sido fundador de la Comunidad Andina posteriormente se separó de ella, con la que vuelve a relacionarse formalmente ya que es miembro asociado del MERCOSUR.

Una segunda prueba de ese fortalecimiento es la convicción de los gobiernos de los países, basada en la firme alianza Kirchner-Lula, de que se deben fijar límites al Fondo Monetario Internacional y negociar con sus directivos poniendo en primer lugar los intereses nacionales. Sin exagerar pero sin doblegarse.

Ambos presidentes firmaron un documento con un párrafo clave, en el que se comprometen a  «conducir las negociaciones con los organismos multilaterales de crédito asegurando un superávit primario y otras medidas de política económica que no comprometan el crecimiento».

La decisión de los países ricos de abandonar su tradicional alineamiento con Estados Unidos para castigar a los deudores fue precedida por una auditoría que el propio FMI encargó y calificó de «independiente», que le recomendó a ese organismo que abandone su fracasada ortodoxia tradicional y tome en cuenta las demandas de los deudores de que se respeten sus necesidades de crecimiento. Esos técnicos fueron claros al señalar que sin crecimiento no habrá capacidad de pago sostenible, lo que volvería a provocar crisis que afectarían no solamente a los deudores sino a las propias arcas del Fondo y a su mayor socio, Estados Unidos.

En la misma línea de tomar en cuenta los intereses del Sur se ubican las negociaciones con la Unión Europea para establecer y poner a funcionar efectivamente una Zona de Libre Comercio Inter-Atlántica antes de que se cumplan los diez años del tratado firmado en Madrid en 1995, por el cual ambos bloques se comprometieron a establecerla.

Si a estas cuestiones prioritarias se unen el renacimiento económico de la Argentina, las buenas noticias del primer trimestre en Brasil y la reafirmación de los valores democráticos y sociales en los países de la zona que se vieron amenazados en los últimos años, el renacimiento del Mercosur es una realidad evidente.

También desde Uruguay han llegado buenas noticias a ese respecto, ya que Tabaré Vázquez, a quien todas las encuestas señalan como el futuro presidente de ese país, apoyó la creación de un bloque de deudores del Mercosur para negociar con organismos internacionales, en clara disidencia con el actual mandatario, más proclive a llegar a acuerdos unilaterales con Washington.

En este plano de cierto optimismo se deben incluir otros hechos positivos para la democracia en el bloque, comenzando por la forma en que Bolivia resolvió la crisis que llevó a la caída de la presidencia de Gonzalo Sánchez de Lozada.

De igual manera se debe ubicar el empeño de la Argentina por llegar hasta el final las investigaciones y el repudio a la última dictadura que azoló a los ciudadanos de ese país y  a sus vecinos. Los actos encabezados por Kirchner en lo que fuera la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y que a partir de ahora será el Museo del Horror para el ¡nunca más!, se inscriben en ese renacer del MERCOSUR, porque este bloque no puede ser una simple unión aduanera ni aspirar a una integración que deje en segundo lugar los temas políticos y sociales,  porque la propia historia de la región demanda marchar hacia delante transitando caminos económicos, comerciales, jurídicos, sociales y políticos.

 

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