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Mercosur | Editorial |
| Servicio informativo sobre el Mercado Común del Sur |
| Editorial Cancún encendió la luz de alarma | |
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Los ecos de la reunión de la OMC en Cancún aún resuenan por todo el mundo y seguirán escuchándose con intensidad en los meses venideros, al tenor de lo anticipado por los bloques enfrentados. Uno de los elementos más discutidos es la firme actuación del G-22, grupo constituido poco antes de que se instalase la Cumbre. Tras su enérgica actuación, el G22 podría enfrentarse ahora a un duro contra-ataque del Norte y en especial desde Washington. Vista desde el Sur, parece lógica la actitud de los 22 estados que integran ese bloque de reclamar que, de una vez por todas, se comiencen a levantar las barreras arancelarias y para-arancelarias que les impiden llegar con sus productos agropecuarios a los mercados de los países desarrollados. ¿Acaso esos países del Norte, con Estados Unidos a la cabeza, no son los paladines del libre comercio? ¿No son ellos los que una y otra vez exigen que sus inversiones y servicios puedan entrar libremente en los países en desarrollo, a los que además reclaman todo tipo de seguridad para los mismos? Desde el Norte se registran diversas apreciaciones, se auguran respuestas distintas y en tanto que unos marchan hacia el enfrentamiento directo con duras declaraciones, otros procuran encontrar puntos de entendimiento. Por un lado está la posición de Estados Unidos, un estado que subsidia a las grandes empresas agroalimentarias, que son las que ejercen mayor presión para que ese sistema se mantenga. Por otro lado, en el plano del proteccionismo agrario, está también la Unión Europea, pero a diferencia de los Estados Unidos ésta concentra su atención en los trabajadores rurales y los pequeños y medianos campesinos, sin descuidar a los grandes. Pero –y esa es la gran diferencia con Washington— su disposición es la de llegar a un acuerdo para la disminución e incluso la eliminación gradual de esos subsidios. Una eliminación que está condicionada en gran medida por la evolución de su economía y la reubicación de los trabajadores y pequeños empresarios del sector rural. En América Latina el panorama también ofrece claros y sombras, ya que la firme posición de Brasil y Argentina encuentra su contraparte en países como Colombia y El Salvador, dispuestos a ceder y negociar bilateralmente con Estados Unidos, para evitar sus represalias. La señal de alarma que sonó en Cancún puede impulsar al G-22 a continuar negociando como bloque, aunque tenga que ceder en algunas de sus demandas para no llegar a la ruptura. En lo que afecta directamente al Mercosur el sonido de las campanas indica a sus mandatarios que deben apresurar al máximo su proceso de integración y ampliación. Integración eliminando aún más las trabas al comercio entre ellos, fortaleciendo la coordinación en política internacional y su propia estructura organizativa, dando prioridad a órganos similares a los que rigen en la Unión Europea. Y la ampliación apresurando la negociación para el acuerdo de libre comercio con la Comunidad Andina y aceptando el ingreso al bloque de Venezuela, país que ha presentado formalmente su solicitud y que se distingue por su defensa de la unidad de la región. Todo ello sin olvidar que está pendiente de concreción el Tratado Trasatlántico de Libre Comercio, que fue firmado en diciembre de 1995 por el Mercosur y la Unión Europea. Concretar ese Tratado y ponerlo en práctica sería una manera de favorecer las negociaciones pos-Cancún, al margen de que en sí mismo sería provechoso para las dos partes. |
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