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Mercosur | Editorial |
| Servicio informativo sobre el Mercado Común del Sur |
| Editorial La política debe actuar | |
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En un momento en el que comenzó a cundir el optimismo por el compromiso de los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva y Néstor Kirchner de reimpulsar el Mercosur y redoblar su apuesta por la integración sudamericana, la reciente resolución del gobierno brasileño de gravar la importación de productos, incluyendo los argentinos, cayó como un balde de agua fría sobre la región. Es evidente que la decisión brasileña no apunta exclusivamente contra sus socios mercosurianos, sino que tiene fundamentos sólidos y el principal de ellos es el que apunta a aumentar la recaudación para financiar, sobre todo, los programas sociales e impulsar el desarrollo económico. Por otro lado, es bueno tener presente que aumentar la recaudación es uno de los principales objetivos de todos los países del Mercosur, agobiados por déficits presupuestarios que se suceden una y otra vez. Todos sus gobiernos admiten que en sus estados, en unos más y en otros menos, la evasión impositiva es un grave problema que debe ser encarado resueltamente. No obstante, hay que tener claro que una cosa es perseguir la evasión y otra diferente crear impuestos. Por esa razón, se puede decir que el nuevo impuesto causante de la discordia, está al margen de esa cuestión y también debe ser enfrentado con decisión. No se trata de eliminarlo, ni mucho menos. Desde el punto de vista del desarrollo económico brasileño es positivo gravar la importación, pero si se mira a medio y largo plazo hay que diferenciar entre lo que se compra dentro y fuera del bloque. Por eso se requiere resolver de manera urgente, efectiva, satisfactoria e inmediata esa medida que afecta al consenso y al fortalecimiento del bloque sureño. Y el tema debe ser encarado de forma que la solución esté adoptada antes de que en enero entre en vigencia la disposición brasileña. Basta recordar que para resolver el problema el bloque tiene herramientas suficientes, como la llamada «preferencia Mercosur», que impide crear diferencias entre productos nacionales e importados cuando estos últimos son producidos dentro de un país miembro. Pero está claro que para que esa herramienta rinda los resultados esperados, debe ser utilizada por políticos del más alto nivel, y aquí es donde Lula y Kirchner tienen que demostrar que el consenso de Buenos Aires es mucho más que tinta sobre papel. Las declaraciones solemnes y publicitadas valen cuando en el día a día se siguen los pasos marcados en ellas. El desafío está planteado. Si se quiere mantener la confianza es necesario actuar y hacer que ese nuevo impuesto no afecte a los países miembros del Mercosur. |
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