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Mercosur | Editorial |
| Servicio informativo sobre el Mercado Común del Sur |
| Editorial El Mercosur contra la guerra | |
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Los gobiernos de los países del Mercosur se pronunciaron contra la invasión a Irak, a pesar de las presiones recibidas por los impulsores de la misma. Una oposición en algunos casos tajante, como la que ejerce el presidente del Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en otros diplomática y luchando tenazmente por lograr una solución negociada en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en lo que se esforzó el mandatario chileno Ricardo Lagos y, algunas más ambiguas como la del argentino Eduardo Duhalde, quien dijo que su país no participaría en la guerra pero dispuso el envío de ayuda militar «humanitaria», lo que se hará efectivo a partir del primer disparo de las fuerzas atacantes. Tampoco apoyan la guerra los otros tres socios del bloque, Uruguay, Paraguay y Bolivia. Ni Venezuela, país que solicitó su ingreso como miembro asociado. En todo caso, la coincidencia destacable es que todos estos países dejaron clara su posición a favor de que cualquier acción que se decidiera ejecutar debería contar con la aprobación expresa del Consejo de Seguridad. Lo que finalmente no sucedió. Los análisis gubernamentales a la hora de definir posiciones no se centraron exclusivamente en determinar si el régimen de Sadam Husein amenazaba la paz mundial, o si constituía una dictadura que debía ser derrocada en aras de la paz, la democracia y los derechos humanos, como sostienen Washington, Londres y Madrid. Los mandatarios se pronunciaron contra la guerra a la vez que reiteraron su rechazo al régimen dictatorial de Bagdad. Pero sobre las mesas de estos gobernantes aparecieron otras cuestiones, como la posible evolución económica de la región con y sin guerra, la afectación de la corriente de inversiones y las silenciosas pero no por eso menos conocidas presiones de los tres coaligados del Norte, sin olvidar el caso de la Argentina, que está en vísperas electorales y la mayoría de la población, al igual que en el resto del mundo, se pronunció en contra de la invasión y de la falta de respeto a la ONU. No se espera que los países del Mercosur sufran efectos directos de esta guerra, no sólo porque es impensable que se produzcan acciones militares en sus territorios, sino porque tampoco enviarán tropas de combate ni destinarán fondos para la financiación de la invasión ni, previsiblemente, para la llamada reconstrucción de Irak, que según el frente bélico comenzaría una vez derrocado Sadam Husein. En cuanto a los efectos indirectos, podrían variar según cual sea la duración del conflicto. Si se cumplieran las expectativas del presidente norteamericano, George Bush, de que la contienda será breve, analistas de diversas instituciones internacionales prevén que la influencia sobre la economía sudamericana será positiva, ya que aumentarán sus exportaciones y también se incrementará el ingreso de inversiones extranjeras. Pero si la guerra se alargase, es previsible que la economía de los Estados Unidos se estanque e irradie su clima de crisis hacia el resto del mundo y en especial hacia América Latina, donde el país más afectado sería México, porque la mayor parte de su comercio exterior lo sostiene con su vecino del norte y siendo los menos perjudicados los países del MERCOSUR, aunque no quedarían exentos de perjuicios. |
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