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20 de junio de 2003


Editorial
Avances en política y economía
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Los resultados de la última Cumbre del Mercosur, realizada esta semana en Asunción del Paraguay, aumentan el optimismo creciente que se aprecia en los países miembros y asociados de ese bloque (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay y los asociados Chile y Bolivia), ya que los acuerdos y propuestas políticas y económicas así lo señalan.

En este sentido, quizá lo más importante para este bloque sea que en la Argentina, por primera vez en un lustro, el Producto Interno Bruto (PIB) creció en el primer trimestre en relación con el mismo período del 2002, y que ese crecimiento fue del 5,4 por ciento. Un dato esperanzador sobre todo si se tiene en cuenta que en el mismo período de tiempo la inversión bruta creció en un 20,6 por ciento.

Estos datos se unen a los del Brasil, donde la política impulsada por el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva confirma los lineamientos de estabilidad y desarrollo al tiempo que agrega, con decisión, medidas concretas para combatir la pobreza y la marginación social.

No obstante, lo que más optimismo genera sobre el futuro del bloque son los acuerdos en las grandes líneas políticas, que comparten tanto los miembros plenos como los asociados y a los que también se ha sumado Venezuela, país que ha formalizado su solicitud de ingreso al Mercosur en esa misma Cumbre.

En ese plano, la novedad la constituye el argentino Néstor Kirchner, quien en las primeras semanas de su mandato y sorprendiendo a muchos, evidenció con hechos concretos que comparte en gran medida los proyectos políticos y sociales de su vecino Lula.

Siendo de suma importancia la cuestión social,  la preocupación por eliminar la marginalidad y otros aspectos humanos, es necesario destacar también la firmeza manifestada por ambos mandatarios en el sentido de  «mirar hacia dentro» para impulsar el desarrollo de las industrias nacionales y fijar metas macroeconómicas comunes como inflación, deuda pública y déficit fiscal, entre otras variables. Así como la de poner límites a las presiones de los organismos financieros internacionales, única forma de poder cumplir los planes de desarrollo social.

Todo esto va dando la pauta de que el Mercosur inicia una nueva andadura, aunque aún deba aprobar algunas materias pendientes en materia de comercio e intercambio entre sus propios miembros.

La decisión de pugnar porque los beneficios de sus respectivas economías queden dentro de sus países permitirá aumentar las respectivas recaudaciones fiscales. En este sentido, uno de los aspectos esenciales es eliminar lo que se conoce como «doble facturación»,  que la practican grandes empresas nacionales y transnacionales, derivando hacia «paraísos fiscales» la casi totalidad de sus utilidades.

Asimismo, ese frente común, que cuenta con el apoyo comprometido de Ricardo Lagos, presidente de Chile, contribuirá a poner límites a las presiones del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, y fortalecerá la brega que mantiene el bloque dentro de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para que se consolide un intercambio verdaderamente libre, sin subsidios directos o encubiertos, hecho que permitiría aumentar las exportaciones desde los países del Mercosur hacia los del norte industrializado.

Estas notorias mejoras en la economía de los países líderes del bloque y  la política unificada de sus gobiernos, más los acuerdos en marcha anunciados con Venezuela, Ecuador y África y permiten alentar optimismo a corto y mediano plazo.

Las ventas de la India al Mercosur, en 2001, sumaron 710 millones de euros, en tanto que las exportaciones del Bloque a ese país fueron de 720 millones. La firma del acuerdo sembró la esperanza de que ambas partes puedan beneficiarse en un futuro próximo, al organizarse e incrementarse la política de intercambios.

Paraguay, país que ha sufrido en los últimos meses una fuerte crisis económica, también mira en derredor, ya que ha ratificado un acuerdo firmado en 2000 con Venezuela,  para adquirir combustible a este país. En este contexto, Uruguay asumió en Asunción la presidencia semestral del Mercosur, lo que implica a su gobierno en la responsabilidad de concretar las previsiones e incentivar los progresos.

 

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