|
|
Mercosur | Editorial |
| Servicio informativo sobre el Mercado Común del Sur |
| Editorial No hay mal que por bien no venga | |
|
La crisis argentina, la inestabilidad del Brasil y las posiciones inflexibles del Fondo Monetario Internacional y del gobierno de la potencia que mayor poder tiene en esa institución, pueden llegar a hacer cierto ese refrán que dice que no hay mal que por bien no venga. A estas alturas ni siquiera el gobierno uruguayo, --tan encantado hasta no hace mucho tiempo en negociar individualmente con Washington,-- se pronuncia hoy por hacerlo al margen de sus socios del Mercosur para constituir el Área de Libre Comercio de las Américas. Ahora todos los miembros del bloque admiten –y los más fuertes lo plantean como condición ineludible-- que primero deben llegar a un acuerdo de libre comercio con la Comunidad Andina de Naciones y fortalecer el propio bloque antes de establecer la unión con el Norte. Además de reiterar que en la negociación del ALCA el MERCOSUR debe hablar con una sola voz. Dentro de los males a los que se podría aplicar el refrán mencionado se ubica la devaluación de las monedas argentinas y brasileña, que en los últimos días se colocaron a la par entre ellas y por lo tanto con una cotización similar en relación con el dólar y el euro. Es decir que hoy vale lo mismo un real que un peso, una equivalencia que ya está fortaleciendo el intercambio comercial entre ambos países a pesar de la crisis. Quizás sea apresurado pensar que esa paridad cambiaria puede llevar a establecer –a corto plazo- una moneda única para el bloque. Pero lo cierto es que la paridad, sobrevenida sin buscarla, quita uno de los obstáculos que impedían que se pudiera iniciar la marcha hacia ese ambicioso objetivo. Verdad es que crear y mantener una moneda común requiere mucho más que esa paridad previa, como lo prueba la experiencia de la Unión Europea con el euro. En este caso no existía paridad entre sus monedas y la relación de cada una de las nacionales con el euro se negoció sobre la base de acuerdos macroeconómicos y una base política común bastante sólida. Por ello se puede afirmar que, ante todo, se necesita acordar una política macroeconómica común y crear organismos supranacionales de diversa índole, entre los cuales el no menos importante es un Banco Central del MERCOSUR. Ambas cosas se plantearon como necesarias hace ya más de cinco años en una reunión de los mandatarios del bloque, pero no se avanzó hacia su concreción. Los resabios de un nacionalismo que podía encontrar justificación décadas atrás, pero no ahora, impidieron progresar en la integración creando organismos supranacionales con la consiguiente cesión parcial de soberanía de los países. La necesidad y conveniencia de la política macroeconómica común no pasó de las palabras. Ahora, la crisis y la inestabilidad que sufren las naciones, a pesar de cumplir con las recetas del FMI, exigen la búsqueda de nuevos caminos. Nuevos porque no se han transitado todavía, pero bastante conocidos ya que se ha hablado de ellos una y otra vez y porque en otras regiones, notoriamente en la Unión Europea, están llevando a buen destino. La situación actual demuestra que no se puede volver a caminar exactamente por la misma ruta que colocó a la Argentina al borde del abismo y que hace tambalear al Brasil, amenazando con arrastrar tras ellos a los socios menores. De esos males hay que extraer enseñanzas. Si no se pueden obtener más créditos, hay que esforzarse en resolver los problemas con los recursos que se tienen dentro. Si la crisis puso las monedas de las dos economías mayores del bloque al mismo nivel, hay que aprovechar esa coyuntura para volver a evaluar la necesidad de contar con una moneda común y comenzar a dar pasos para concretarla. Hay que buscar nuevos caminos, porque los peligros se mantienen y son más que conocidos. A las inestabilidades financieras se unen las políticas en los dos socios mayores, Brasil y Argentina, cuyos gobiernos están en fase de transición, mucho más difícil en un caso que en el otro. Y ahí se anota otro punto a favor de la integración: ninguno de los candidatos con posibilidades de triunfar en ambos países se plantea debilitar el MERCOSUR, sino todo lo contrario. En los meses que vienen el desafío será convertir esos planteamientos en realidades, para salir de la crisis fortalecidos. Si así fuera, el mal trago de los últimos meses acabaría por dejar un halo de esperanza y se podría acreditar aquello de que no hay mal que por bien no venga. |
|
|
|
|
- Inicio - Opinión - Análisis - Noticias - Mercobreves - ¿Qué es? - Países - Documentos - Enlaces - |
|
© Comunica Press 1999 - 2006 Reservados todos los derechos |