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24 de octubre de 2002


Editorial
América del Sur tiembla
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Hay motivos para preocuparse, pero también para ser moderadamente optimistas. Los problemas económico-financieros son graves, es cierto, pero los peores pronósticos no se van cumpliendo. Y los políticos, con ser también preocupantes, tienen diques de contención democráticos que van dando buenos resultados. Y que todo indica que seguirán siendo efectivos.

En enero de este año la casi unanimidad de los pronósticos indicaban que la Argentina entraría en bancarrota, en una crisis total,  si antes de marzo no cerraba un acuerdo con el FMI. Y que en su caída arrastraría a los vecinos, el Brasil incluido.

Se ha cumplido con creces ese plazo, el FMI sigue demorando el acuerdo… y en la Argentina la situación no sólo no ha empeorado sino que comienza a presentar síntomas positivos, que permiten abrigar esperanzas en su propia fuerza interna. Se estabilizó el valor de la moneda, se reabrieron fábricas, mejoró la balanza comercial y aunque el problema social se mantiene, en algunos aspectos agudizados, su contraparte es la gran iniciativa ciudadana que la crisis ha despertado.

Hoy día ya nadie repite, salvo excepciones, aquellas advertencias de mal augurio sobre el acuerdo con el FMI. Se desea que haya acuerdo, se lo busca, pero desde otra perspectiva.

En cuanto a los contagios, si la crisis de la Argentina se podía calificar como una gripe intensa acompañada de bronquitis, los contagios han sido apenas unos resfríos, livianos en unos casos y algo más fuerte en otros.

Tampoco se cumplieron las previsiones negativas en política. Con sus más y sus menos, con muchas críticas merecidas por la actuación de su clase política, la Argentina sigue buscando salidas sin saltarse la legalidad constitucional. El panorama, sin embargo, se presenta más pesimista en un país que pidió el ingreso en el Mercosur, Venezuela, donde la amenaza de un golpe de estado y de una confrontación violenta sigue vigente.

Tampoco se presenta muy limpio el horizonte en un vecino, el Ecuador. En el Brasil, el socio más fuerte, no hay ninguna amenaza de golpe pero sí se tiene la seguridad de que gane el favorito, Lula, o que contra los pronósticos lo haga Serra, la demanda social en búsqueda de una menor inequidad será inmensa.

¿Cuál son, entonces, los motivos de optimismo en el plano político? Que existe una firme apuesta, absolutamente mayoritaria, para que en todos los países se respeten sus constituciones y las reglas democráticas. Y que esta apuesta está apoyada por la OEA, la Unión Europea y los organismos internacionales de defensa de los derechos humanos.

La América del Sur tiembla, pero no habrá sismo, no habrá terremoto que afecte a sus instituciones democráticas.

 

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