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Mercosur | Editorial |
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| Editorial América del Sur tiembla | |
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Hay motivos para preocuparse, pero también
para ser moderadamente optimistas. Los problemas económico-financieros
son graves, es cierto, pero los peores pronósticos no se van cumpliendo.
Y los políticos, con ser también preocupantes, tienen diques de contención
democráticos que van dando buenos resultados. Y que todo indica que
seguirán siendo efectivos. En enero de este año la casi unanimidad de
los pronósticos indicaban que la Argentina entraría en bancarrota, en
una crisis total, si antes de
marzo no cerraba un acuerdo con el FMI. Y que en su caída arrastraría a
los vecinos, el Brasil incluido. Se ha cumplido con creces ese plazo, el FMI
sigue demorando el acuerdo… y en la Argentina la situación no sólo no
ha empeorado sino que comienza a presentar síntomas positivos, que
permiten abrigar esperanzas en su propia fuerza interna. Se estabilizó el
valor de la moneda, se reabrieron fábricas, mejoró la balanza comercial
y aunque el problema social se mantiene, en algunos aspectos agudizados,
su contraparte es la gran iniciativa ciudadana que la crisis ha
despertado. Hoy día ya nadie repite, salvo
excepciones, aquellas advertencias de mal augurio sobre el acuerdo con el
FMI. Se desea que haya acuerdo, se lo busca, pero desde otra perspectiva. En cuanto a los contagios, si la crisis de
la Argentina se podía calificar como una gripe intensa acompañada de
bronquitis, los contagios han sido apenas unos resfríos, livianos en unos
casos y algo más fuerte en otros. Tampoco se cumplieron las previsiones
negativas en política. Con sus más y sus menos, con muchas críticas
merecidas por la actuación de su clase política, la Argentina sigue
buscando salidas sin saltarse la legalidad constitucional. El panorama,
sin embargo, se presenta más pesimista en un país que pidió el ingreso
en el Mercosur, Venezuela, donde la amenaza de un golpe de estado y de una
confrontación violenta sigue vigente. Tampoco se presenta muy limpio el horizonte
en un vecino, el Ecuador. En el Brasil, el socio más fuerte, no hay
ninguna amenaza de golpe pero sí se tiene la seguridad de que gane el
favorito, Lula, o que contra los pronósticos lo haga Serra, la demanda
social en búsqueda de una menor inequidad será inmensa. ¿Cuál son, entonces, los motivos de
optimismo en el plano político? Que existe una firme apuesta,
absolutamente mayoritaria, para que en todos los países se respeten sus
constituciones y las reglas democráticas. Y que esta apuesta está
apoyada por la OEA, la Unión Europea y los organismos internacionales de
defensa de los derechos humanos. La América del Sur tiembla, pero no habrá sismo, no habrá terremoto que afecte a sus instituciones democráticas. |
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