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Mercosur | Editorial |
| Servicio informativo sobre el Mercado Común del Sur |
| Editorial Se refuerza la mirada hacia dentro | |
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Tanto la evolución de la crisis argentina como los anticipos que va haciendo el presidente electo del Brasil, Luiz Inacio da Silva, “Lula”, de las medidas que impulsará durante su gobierno, refuerzan la convicción de mirar hacia dentro y confiar más en los propios esfuerzos que en los apoyos externos. Lula ha reiterado la necesidad de dinamizar el Mercosur y que este mercado cree una moneda propia. Esta misma semana planteó lo que puede ser un primer paso de gran significado en ese sentido: que haya a corto plazo una moneda común argentino-brasileña, que se utilizaría para el comercio y las finanzas entre los dos países, sin tener que depender, por lo tanto, del dólar ni del euro. La cotización de las monedas de ambos países, el real y el peso, es similar en relación con el dólar y el euro, hecho que facilita en gran medida la creación de un peso-real único. Pero eso no basta, ya que se necesitaría elaborar previamente un acuerdo por el que ambos países se comprometan a respetar ciertas normas de macroeconomía y, eventualmente, de corrección cambiaria si la evolución de sus monedas nacionales no se produjese de acuerdo a lo esperado. No obstante, el mismo hecho de que sus relaciones bilaterales se cobijasen bajo esa moneda común tendría otros efectos positivos, como el contagio a los restantes socios del bloque sureño y la influencia sobre sus respectivas economías, condiciones básicas para la estabilidad monetaria. Por otro lado, la evolución de la crisis argentina muestra signos positivos aunque, ¡paradojas de la vida!, derivados en buena medida de la intransigencia del Fondo Monetario Internacional. Seis meses atrás los pronósticos repetían lo dicho en diciembre de 2001: si la Argentina no cerraba un acuerdo con el FMI la crisis se profundizaría y el país terminaría en quiebra. Pero los hechos van desmintiendo esa profecía: el FMI pone cada día un nuevo requisito para suministrar los créditos comprometidos en 2001, mientras en el país la situación va mejorando: la inflación ha bajado, el superávit fiscal se mantiene desde marzo, aumentan los depósitos en los bancos y se ha reiniciado el crecimiento económico. Además, se suceden los planes de reactivación de la actividad productiva: esta semana el ministro de Economía, Roberto Lavagna, anunció planes reactivadores para los sectores de la construcción, industria automotriz, productores de leche y sus derivados y del autotransporte. La crisis está lejos de ser superada, pero hay certeza de que ha tocado fondo y los indicios de recuperación que se evidencian no están basados en la ayuda de los organismos internacionales, sino que se producen a pesar de la actitud de los mismos. Y, por sobre todas las cosas, la fuerza recuperadora surge desde adentro. Otra necesidad vital para que la Argentina supere la crisis es que se clarifique el panorama político. Si esto sucediese, el país daría un gran salto hacia delante y activaría más la recuperación económica, en especial si se consolida en la región ese “mirar hacia dentro” que sus líderes han comenzado a practicar. |
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