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21 de junio de 2002


Editorial
El último gran desafío para Cardoso
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El presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, meses antes de dejar la presidencia de su país, en medio de una aguda y difícil disputa electoral y sintiendo en sus fronteras la crisis de Argentina, su mayor socio en el MERCOSUR, se enfrenta al desafío de lograr que el bloque subsista sin que sus bases se vean afectadas seriamente, con la esperanza de que en 2003 todo vuelva a una cierta normalidad.

La crisis de la Argentina y la constante presión del FMI sobre ese país sin renovarle créditos, afecta cada día más a todo el Mercosur y a cada uno de sus socios en particular, en una medida que pocos se atreven a determinar, aunque desde Brasil, con algunas excepciones, se rechaza la posibilidad del contagio. El «efecto tango» no llegará a la tierra del samba, sostienen, pero sus radiaciones negativas comienzan a sentirse.

Con este panorama, Brasil asumirá en julio la presidencia semestral del MERCOSUR. Y a pesar de que no se esperan grandes decisiones, ni cambios profundos en los acuerdos e iniciativas en marcha, Cardoso deberá emplear toda su capacidad de liderazgo para acometer la tarea. Solamente con que se cumpla lo ya establecido, que se siga ayudando a la Argentina de manera directa e indirecta, que el comercio entre sus países miembros pueda reactivarse y que se avance en la incorporación de nuevos miembros, aunque no sea todavía en el carácter de socios plenos, podría sentirse satisfecho.

La Argentina necesita ayuda directa a través del comercio con los demás estados del bloque e indirecta, con la solidaridad de éstos en los organismos y relaciones internacionales, ya que el Fondo Monetario Internacional (FMI) alarga sus decisiones imponiendo nuevas condiciones cada día. Entre tanto las consecuencias de la crisis han llegado a Uruguay obligándole a renunciar a la banda de flotación en la que mantenía encerrado el tipo de cambio, con la inmediata reacción del mercado depreciaciando la moneda nacional y  comienzan sentirse en Brasil al que agencias internacionales aumentan su nivel de riesgo financiero.

Con todos esos antecedentes deberá enfrentarse Cardoso, pero sus aliados esperan que su personalidad, experiencia y el peso institucional que ostenta en su carácter de presidente de una de las grandes potencias emergentes en el mundo, le permitan superar el gran desafío. Sea quien sea su sucesor, mucho le agradecerá recibir un MERCOSUR medianamente equilibrado.

Y el desafío es, nada más ni nada menos, que revitalizar el bloque, sin grandes cambios, sin declaraciones altisonantes. Simplemente, contribuyendo a que funcionen los acuerdos adoptados y a que entre sus socios se haga más fuerte la solidaridad. Para eso, incluso, no hacen falta fondos especiales ni grandes inversiones, sino algo que Fernando Henrique Cardoso ha demostrado que es capaz de hacer: fortalecer la solidaridad política entre los cuatro estados miembros, los dos asociados –Bolivia y Chile- y Venezuela, que acaba de solicitar su asociación.

La primera respuesta se tendrá en la ceremonia de traspaso, en julio, de la presidencia de la Argentina al Brasil,  y  pocas semanas más adelante se sabrá si Cardoso acepta el desafío o este queda en el baúl de los emprendimientos inconclusos.

 

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