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15 de agosto de 2002


Editorial
La tormenta amaina, pero continúa
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La tormenta financiera que estalló en la Argentina a finales de 2001 y que se propagó, con diversas intensidades, por los otros estados socios del Mercosur, Brasil, Uruguay y Paraguay, amainó en las últimas semanas, pero los vientos huracanados siguen soplando mientras el cielo se mantiene cubierto por negros nubarrones.

Muestra de esta situación es el Brasil, país que finalmente recibió un apoyo del Fondo Monetario Internacional… aunque en verdad la mayor parte de ese apoyo queda condicionado a que el gobierno que surja de las elecciones de octubre acepte las condiciones impuestas por ese organismo internacional. Si eso no sucediese, podrían repetirse los esquemas aplicados por el FMI en la Argentina y el real comenzaría otra vez a temblar acosado por los fuertes vientos del norte..

En la Argentina aún no se han resuelto ningunas de las facetas de la crisis, sea la financiera, la económica o la política. Pero se aprecia que, al menos, se han detenido en su avance. En el plano económico y financiero se anotan algunos progresos, como la estabilización del precio del dólar, el aumento de las reservas en el Banco Central y los ingresos por exportaciones. Pero se mantiene la inquietud social de las mayorías, que siguen soportando el peso de la crisis derivada de la ineficiencia y la corrupción de una minoría enquistada en la cúpula del poder y la dilación del FMI para otorgar los créditos acordados en 2001.

En Uruguay también aparecen signos de estabilización, mientras su presidente, Jorge Battle, aún debe de estar cumpliendo penitencias por sus despectivas palabras hacia el pueblo argentino cuando su país aún no había sido azotado por la cruel tormenta que barría con fuerza el otro lado del Río de la Plata. Las buenas noticias se anuncian, asimismo, en Paraguay, que ya ha recibido el apoyo del FMI.

Pero para que la tormenta se aleje totalmente y desaparezcan los nubarrones, es necesario que cambien muchas otras cosas y en especial que se logre la consolidación del Mercosur, una tarea en la que no están muy empeñados los máximos responsables políticos de los cuatro miembros plenos. De los asociados, Chile y Bolivia, casi no hay noticias a este respecto y de la incorporación solicitada por Venezuela nada se sabe. Si esa consolidación no se produce, se habrá dejado pasar otra oportunidad y la inestabilidad socioeconómica continuará, arrasando lo que queda de sus frágiles economías. Es bueno que los gobernantes de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay recuerden que la unión hace la fuerza, que juntos podrían negociar mejor y lograr buenos réditos para sus países, mientras que si continúan la senda actual serán doblegados de uno en uno como está sucediendo.

 

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