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5 de marzo de 2004


ANÁLISIS
Se evapora el ALCA por Mario Osava
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Brasil entre el quiero y no debo
Puebla abrió la puerta al pesimismo
Un fracaso anunciado
 

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El poderoso sector de negocios agrícolas de Brasil ve con disgusto como se acentuó, tras las últimas negociaciones en México, la posibilidad de que al final no se llegue a conformar el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Hay «un horizonte muerto», la perspectiva de un «ALCA nada, ni siquiera light», y no sólo por culpa de Estados Unidos sino también porque Brasil nada ofrece para reclamar mayor acceso al gran mercado del Norte, dijo a IPS Gilman Rodrigues, presidente de la Comisión de Comercio Exterior de la Confederación Nacional de Agricultura y Ganadería (CNA).
Su homólogo del sector industrial, Osvaldo Douat, tiene una visión distinta, y atribuye la obstrucción de las negociaciones a la rígida posición de Washington de no abrir su mercado agrícola ni disponerse a reducir subsidios.
El endurecimiento de Estados Unidos se debe al clima electoral que prevé una fuerte disputa por la presidencia de ese país en noviembre, opina Douat. En época preelectoral, el gobierno se hace más vulnerable a la presión de los grupos de interés, como el de los agricultores, apuntó.
En la meridional ciudad mexicana de Puebla se definieron en la primer semana de febrero los dos grupos adversarios. De un lado quedó el Grupo de los 14 (G-14) países, encabezado por Estados Unidos y compuesto por las demás naciones norteamericanas, las centroamericanas más Chile, Colombia, Ecuador y Perú, y del otro aparece el Mercosur, conformado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.
Los negociadores estadounidenses dejaron claro que sólo podrán ofrecer mayor acceso a los productos del Mercosur si este bloque acepta alguna apertura en sus reglas para servicios, compras gubernamentales, inversiones y propiedad intelectual.

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Brasil entre el quiero y no debo

Fue Estados Unidos el que primero limitó el alcance del ALCA, al excluir los subsidios agrícolas y las reglas antidumping (comercio desleal) de las negociaciones regionales para sólo aceptar discutirlos en la OMC, destacan diplomáticos brasileños como el embajador en Washington, Rubens Barbosa. Luego Brasilia adoptó la misma actitud en relación a los servicios, las compras gubernamentales y las patentes.
Pero Brasil podría hacer una «propuesta más osada» para destrabar las negociaciones, sin afectar sus intereses, sino favorecerlos, sostuvo Rodrigues. Al país le interesa, por ejemplo, atraer inversiones para mejorar su infraestructura, cuya insuficiencia es reconocida como obstáculo para el desarrollo, argumentó.
Es el área de negocios agropecuarios lo que asegura a Brasil el superávit comercial, que el año pasado fue superior a los 24.000 millones de dólares. Para mantener ese desempeño, basado en productos de bajo valor agregado, el volumen exportado es enorme y tiende a expandirse, exigiendo inversiones urgentes en medios de transporte, acotó el empresario agrícola.
En esas condiciones, acompañadas de la escasez de capitales nacionales, estatales y privados, no se entiende una negativa de abrir ese mercado a inversiones extranjeras, con un marco regulatorio adecuado, como una oferta en el ALCA que podría dar paso a concesiones estadounidenses en el sector agrícola, razonó Rodrigues. En su opinión, la «mala voluntad de todos» está trabando el proceso. Condicionar una oferta en inversiones, servicios o en el sector industrial a una contrapartida previa en agricultura «no es negociar», concluyó.

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Puebla abrió la puerta al pesimismo

El pesimismo aumentó después de Puebla entre los empresarios, negociadores y expertos brasileños, en relación a la posibilidad de cumplir los plazos fijados para el fin de las negociaciones a comienzos de 2005 y poder instalar la zona de libre comercio continental a fines de ese mismo año.
«Brasil necesita evaluar con preocupación y espíritu crítico el costo del no-ALCA», porque podrá perder comercio, inversiones y empleos ante la consolidación de más de 15 acuerdos bilaterales de libre comercio entre países del continente y Estados Unidos, advirtió un informe del Instituto de Estudios de Comercio y Negociaciones Internacionales (ICONE), especializado en temas agrícolas.

Esa situación se acentúa si los miembros del G-14 firman acuerdos sobre los temas en negociación, agravando el desinterés por el ALCA. Washington adoptó esa estrategia de «liberalizaciones competitivas», con que busca obtener el máximo de concesiones ofreciendo muy poco, como se nota en los convenios bilaterales que firmó últimamente, según ICONE. El azúcar, por ejemplo, quedó excluido del acuerdo con Australia, que es gran exportador del producto.
Pero queda una «última esperanza» en la nueva reunión negociadora del ALCA que tendrá lugar en la misma ciudad de Puebla, a comienzos de marzo, según Mario Marconini, director ejecutivo del Centro Brasileño de Relaciones Internacionales (CEBRI).

Un fracaso anunciado

La primera ronda de Puebla estaba casi condenada al fracaso, después de la confusa resolución anterior, estableciendo acuerdos en dos niveles, uno básico y para todos y otro restrictivo a grupos de países que acepten compromisos adicionales en cada tema, evaluó Marconini. Si falla también el encuentro de marzo no habrá ALCA en el plazo pretendido, porque luego vendrán las presiones electorales en Estados Unidos, sentenció.
Pero quizás sea preferible «no concluir un acuerdo malo en 2004» y esperar mejores condiciones en 2005, con Bush reelegido o con un nuevo presidente en la Casa Blanca, concluyó. (Río de Janeiro)

 

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