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El
poderoso sector de negocios agrícolas de Brasil ve con disgusto como se
acentuó, tras las últimas negociaciones en México, la posibilidad de que al
final no se llegue a conformar el Área de Libre Comercio de las Américas
(ALCA).
Hay «un horizonte muerto», la perspectiva de un «ALCA nada, ni siquiera
light», y no sólo por culpa de Estados Unidos sino también porque Brasil
nada ofrece para reclamar mayor acceso al gran mercado del Norte, dijo a IPS
Gilman Rodrigues, presidente de la Comisión de Comercio Exterior de la
Confederación Nacional de Agricultura y Ganadería (CNA).
Su homólogo del sector industrial, Osvaldo Douat, tiene una visión distinta,
y atribuye la obstrucción de las negociaciones a la rígida posición de
Washington de no abrir su mercado agrícola ni disponerse a reducir
subsidios.
El endurecimiento de Estados Unidos se debe al clima electoral que prevé una
fuerte disputa por la presidencia de ese país en noviembre, opina Douat. En
época preelectoral, el gobierno se hace más vulnerable a la presión de los
grupos de interés, como el de los agricultores, apuntó.
En la meridional ciudad mexicana de Puebla se definieron en la primer semana
de febrero los dos grupos adversarios. De un lado quedó el Grupo de los 14
(G-14) países, encabezado por Estados Unidos y compuesto por las demás
naciones norteamericanas, las centroamericanas más Chile, Colombia, Ecuador
y Perú, y del otro aparece el Mercosur, conformado por Argentina, Brasil,
Paraguay y Uruguay.
Los negociadores estadounidenses dejaron claro que sólo podrán ofrecer mayor
acceso a los productos del Mercosur si este bloque acepta alguna apertura en
sus reglas para servicios, compras gubernamentales, inversiones y propiedad
intelectual. |
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Brasil entre el quiero y no debo
Fue Estados Unidos el que
primero limitó el alcance del ALCA, al excluir los subsidios agrícolas y las
reglas antidumping (comercio desleal) de las negociaciones regionales para
sólo aceptar discutirlos en la OMC, destacan diplomáticos brasileños como el
embajador en Washington, Rubens Barbosa. Luego Brasilia adoptó la misma
actitud en relación a los servicios, las compras gubernamentales y las
patentes.
Pero Brasil podría hacer una «propuesta más osada» para destrabar las
negociaciones, sin afectar sus intereses, sino favorecerlos, sostuvo
Rodrigues. Al país le interesa, por ejemplo, atraer inversiones para mejorar
su infraestructura, cuya insuficiencia es reconocida como obstáculo para el
desarrollo, argumentó.
Es el área de negocios agropecuarios lo que asegura a Brasil el superávit
comercial, que el año pasado fue superior a los 24.000 millones de dólares.
Para mantener ese desempeño, basado en productos de bajo valor agregado, el
volumen exportado es enorme y tiende a expandirse, exigiendo inversiones
urgentes en medios de transporte, acotó el empresario agrícola.
En esas condiciones, acompañadas de la escasez de capitales nacionales,
estatales y privados, no se entiende una negativa de abrir ese mercado a
inversiones extranjeras, con un marco regulatorio adecuado, como una oferta
en el ALCA que podría dar paso a concesiones estadounidenses en el sector
agrícola, razonó Rodrigues. En su opinión, la «mala voluntad de todos» está
trabando el proceso. Condicionar una oferta en inversiones, servicios o en
el sector industrial a una contrapartida previa en agricultura «no es
negociar», concluyó. |
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Puebla abrió la puerta al
pesimismo
El pesimismo aumentó
después de Puebla entre los empresarios, negociadores y expertos brasileños,
en relación a la posibilidad de cumplir los plazos fijados para el fin de
las negociaciones a comienzos de 2005 y poder instalar la zona de libre
comercio continental a fines de ese mismo año.
«Brasil necesita evaluar con preocupación y espíritu crítico el costo del
no-ALCA», porque podrá perder comercio, inversiones y empleos ante la
consolidación de más de 15 acuerdos bilaterales de libre comercio entre
países del continente y Estados Unidos, advirtió un informe del Instituto de
Estudios de Comercio y Negociaciones Internacionales (ICONE), especializado
en temas agrícolas.
Esa
situación se acentúa si los miembros del G-14 firman acuerdos sobre los
temas en negociación, agravando el desinterés por el ALCA. Washington adoptó
esa estrategia de «liberalizaciones competitivas», con que busca obtener el
máximo de concesiones ofreciendo muy poco, como se nota en los convenios
bilaterales que firmó últimamente, según ICONE. El azúcar, por ejemplo,
quedó excluido del acuerdo con Australia, que es gran exportador del
producto.
Pero queda una «última esperanza» en la nueva reunión negociadora del ALCA
que tendrá lugar en la misma ciudad de Puebla, a comienzos de marzo, según
Mario Marconini, director ejecutivo del Centro Brasileño de Relaciones
Internacionales (CEBRI).
Un fracaso anunciado
La
primera ronda de Puebla estaba casi condenada al fracaso, después de la
confusa resolución anterior, estableciendo acuerdos en dos niveles, uno
básico y para todos y otro restrictivo a grupos de países que acepten
compromisos adicionales en cada tema, evaluó Marconini. Si falla también el
encuentro de marzo no habrá ALCA en el plazo pretendido, porque luego
vendrán las presiones electorales en Estados Unidos, sentenció.
Pero quizás sea preferible «no concluir un acuerdo malo en 2004» y esperar
mejores condiciones en 2005, con Bush reelegido o con un nuevo presidente en
la Casa Blanca, concluyó. (Río de Janeiro) |