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1 de julio de 2004


ANÁLISIS
Una nueva geografía comercial para la UNCTAD por Mario Osava
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El G20 confirmó su unidad
Las metas de la ayuda al desarrollo

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La XI Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) clausurada el 18 de junio en San Pablo, Brasil, será recordada por traducir en términos prácticos una «nueva geografía comercial», evaluó el canciller anfitrión, Celso Amorim.

Entre los instrumentos del cambio estará el Sistema Global de Preferencias Comerciales (SGPC), cuya tercera ronda de negociaciones fue lanzada el 13 de junio en el estado paulista. También acuerdos regionales y entre regiones ya formalizados o aún en negociación, como los del Mercosur, con India y Sudáfrica.

El éxito de esta ronda del SGPC, después de los escasos resultados de las anteriores en las dos últimas décadas, se hizo posible por «condiciones objetivas y subjetivas más favorables», dijo Amorim a IPS.

El comercio Sur-Sur aumentó mucho últimamente. El de Brasil con Tailandia, por ejemplo, casi alcanza ya un millón de dólares anuales, tras crecer un 50 por ciento el año pasado, y lo mismo pasa con países mayores como China, India, Irán y México, indicó. Eso comprueba potencialidades «que animan a los agentes económicos», y no hay dudas sobre la mayor disposición actual de aprovecharlas, aseguró el experto.

Con una reducción arancelaria del 30 por ciento, el comercio entre los 43 actuales participantes del SGPC tendrá un aumento de 8.500 millones de dólares al año, que se elevarían a 18.500 millones de dólares en caso de reducción del 50 por ciento, destacó a

su vez el secretario general de la Unctad, Rubens Ricúpero.

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El G20 confirmó su unidad

Otros países, como Sudáfrica, manifestaron interés en adherir al sistema, y eso aumenta las posibilidades de expansión del intercambio.  Como se trata de un sistema de preferencias concedidas sólo entre países en desarrollo, resulta más viable que los que involucran a éstos y a naciones industrializadas, apuntó Amorin.

La «buena» declaración final y otras exitosas reuniones paralelas atraídas por el «imán de la UNCTAD» constituyeron los resultados positivos de esa semana, en que ministros y otros representantes de 192 países discutieron los problemas de desarrollo relacionados con el comercio, desde el inicio de la conferencia.

El Grupo de los 20 países (G-20) que luchan contra los subsidios y otras distorsiones en los mercados agrícolas confirmó su unidad y el acercamiento a otros países en desarrollo, como aquellos a los que se define como «menos adelantados», defendiendo un tratamiento diferenciado para ellos en los acuerdos comerciales.

El «Consenso de Sao Paulo», aprobado en la sesión plenaria final, pide un nuevo orden económico internacional, con el desarrollo como prioridad, y el cumplimiento de los objetivos de la Ronda Doha de negociaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Ese documento, de 116 puntos, recomienda a la Unctad continuar y profundizar su labor de apoyo a los países en desarrollo, con especial atención a los más vulnerables, como los menos adelantados, y especialmente a los que dependen de pocos o únicos productos básicos, duramente golpeados por los bajos precios internacionales.

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Las metas de la ayuda al desarrollo

También insta a los países ricos a cumplir la meta de destinar el 0,7 por ciento de su producto interno bruto a la asistencia oficial para el desarrollo, fijada en el marco de la Organización de las Naciones Unidas, para que los países empobrecidos cumplan las Metas de Desarrollo del Milenio que también planteó el foro mundial. Esas metas incluyen reducir la pobreza, la mortalidad infantil y otras llagas que afectan gran parte de la humanidad.

El Consenso de San Pablo defiende también los «espacios para políticas nacionales», que Amorim consideró «un concepto fundamental» para que los países puedan adoptar programas y medidas que favorezcan su desarrollo.

Un ejemplo de su importancia es el derecho de los países a relativizar los derechos de patentes de medicamentos necesarios para contener epidemias graves como la del sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida), que ha sido ejercido por Brasil, entre otras naciones, y es reconocido formalmente por la OMC.

Ante las críticas de las organizaciones no gubernamentales (ONG) que reclaman mayor participación, el canciller brasileño señaló que ya hay «una percepción positiva» de la importancia de esa participación, y un ejemplo en la cuestión de los medicamentos fue el decisivo apoyo a Brasil del grupo humanitario Oxfam Internacional, reconoció.

La sociedad civil es cada día más oída, incluso en las negociaciones comerciales, y la delegación brasileña a la V Conferencia Ministerial de la OMC, realizada el año pasado en la ciudad mexicana de Cancún, incluyó a representantes de algunas ONG como miembros oficiales, señaló. Pero esa participación, amplia en algunas instancias, como en los foros sobre tecnología de la información, es nula «en el núcleo duro de la economía», se quejó Iara Pietricovsky, de la Red Brasileña para la Integración de los Pueblos (San Pablo, IPS).

 

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