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3 de diciembre de 2004


ANÁLISIS
Argentina: Tarea para nuestros intelectuales   por Eduardo Duhalde
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Unidad política y cultural
Por un futuro compartido

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La integración económica y política de Sudamérica se consolidará sólo a partir de la reconstrucción de la unidad cultural y espiritual de nuestras comunidades. Una vanguardia de creadores será central en este proceso. La Comunidad Sudamericana de Naciones será realidad en un futuro muy próximo. Concluido el proceso de protocolización del Tratado de Libre Comercio entre los países del Mercosur y la Comunidad Andina, el paso siguiente será la unidad política de las diez naciones del subcontinente. Al izarse sus diez pabellones, quedará plasmado lo que considero será el acontecimiento político más importante de la década en nuestra región. Las máximas autoridades políticas de nuestros países habrán hecho realidad lo que hasta hace pocos años parecía el sueño de afiebradas mentes idealistas. La unión de Sudamérica es la única posibilidad que tienen nuestros pueblos de enfrentar con éxito los desafíos que plantea un mundo cada vez más interrelacionado, donde se esfuman las distancias, caen fronteras y actúan bloques poderosos, centrados en sus propios intereses.
Esta Comunidad Sudamericana que hoy se perfila con nitidez no es tan sólo producto de la fatalidad histórica sino también, y por sobre todas las cosas, un viejo anhelo. Tan antiguo, al menos, como las gestas de la Independencia, que no se llevaron a cabo en nombre de un puñado de naciones aisladas aún inexistentes sino en pos de un proyecto de vida soberana en común. Nos une todo: el pasado común, el presente pleno de desafíos y el futuro cargado de sueños y anhelos compartidos. Sin embargo, nuestras comunidades no perciben esta nueva realidad que se avecina. Sumidos en las enormes dificultades de la vida cotidiana, acuciados por la pobreza, la injusticia, la inseguridad y la disolución de los vínculos solidarios, nuestros pueblos no participan de este proceso unificador.

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Unidad política y cultural

Pero la integración económica y política de Sudamérica podrá consolidarse a largo plazo sólo a partir de la activa reconstrucción de la unidad cultural y espiritual de nuestras comunidades, algunas enfrentadas todavía por viejas disputas que sólo se resolverán en el marco más amplio de la unión. De manera que los gobiernos podrán adoptar las decisiones políticas y avanzar en los aspectos comerciales, jurídicos e institucionales de la unión, pero esta Nación de Repúblicas, para decirlo con la feliz expresión de Bolívar, tendrá existencia plena cuando las sociedades civiles la sientan propia, cuando nuestros pueblos se sientan ciudadanos de un magnífico espacio común. Y para llegar a esa instancia las experiencias históricas conocen un camino: el de la cultura. La labor, pues, de los intelectuales y creadores sudamericanos será central en este proceso. En la agenda prioritaria de la unidad —además de los aspectos físicos, energéticos, financieros, jurídicos, comerciales, etc.— debe figurar la formación de una vanguardia intelectual que contribuya a la interpretación y desarrollo del imaginario sudamericano, una conciencia plena de pertenencia a una Nación de naciones que nos reconcilie con el pensamiento originario de la emancipación y nos prepare mejor para los desafíos del futuro.  En este punto central, Europa es una referencia obligada. Lograda su integración económica y política plena, la Unión Europea se encamina hoy, no sin dificultades, hacia la recuperación de su unidad espiritual; concretamente, de su esencial identidad europea. Brillantes intelectuales de toda Europa se han puesto a trabajar en la determinación de los factores comunes que como europeos los unen y les dan su rasgo peculiar, mas allá de una larga historia a menudo signada por dramáticos desencuentros.

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Por un futuro compartido

He aquí pues, sin compulsión alguna, una tarea de primer orden para los intelectuales, pensadores y artistas sudamericanos: la reconstrucción de la identidad común, de la pertenencia a un pasado y a un futuro compartidos. Apasionante aventura. Y digo «reconstrucción» porque la percepción de un origen, una historia y un destino comunes está aún viva, a pesar de los ocasionales desentendimientos y pérdidas de rumbo. Más viva quizá que en Europa, donde los conflictos han alcanzado demasiadas veces una intensidad desconocida entre nuestros pueblos.
Por lo demás, no faltan entre nosotros antecedentes en los cuales apoyarnos, fuentes nutricias, porque durante los doscientos años que nos separan del grito emancipador han surgido sin solución de continuidad hombres y mujeres y, frecuentemente, poderosos movimientos de opinión que han consagrado todos sus esfuerzos a elaborar y enriquecer la visión de la América unida, a pesar de la circunstancial fragmentación.
Si nuestros pensadores, intelectuales y artistas dan las espaldas a esta tarea, nadie podrá tomar su lugar. Es preciso que a través de sus múltiples medios expresivos construyan sus versiones de la visión común. Que tendrá toda la riqueza de los diferentes aportes y perspectivas. Ya que un imaginario compartido no es un pensamiento único.
Para que lo dicho se haga realidad, es necesario generar una gran movilización cultural. Las universidades, en sus carreras de grado, deberán incorporar la problemática de la integración y los sistemas educativos deberán prepararse para formar a los ciudadanos de una nueva Nación. Esta es la gran tarea que tenemos por delante. (Buenos Aires/Clarín)

Eduardo Duhalde es presidente de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur

 

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