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19 de diciembre de 2002


ANÁLISIS
En Argentina el precipicio queda atrás por Marcela Valente
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La devaluación estimuló las exportaciones
El fin de la depresión
 

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El optimismo gana terreno en Argentina ante signos de recuperación en algunos sectores, que parecen alejar la economía del borde del abismo al que se asomó un año atrás, aunque persiste el alto grado de pobreza y desempleo.

La firma Mora y Araujo indicó que el pesimismo respecto del futuro económico argentino bajó del 47 al 29 por ciento entre los entrevistados en marzo y en noviembre, mientras en un informe de Ibope que compara igual lapso aumentan del 16 al 43 por ciento las respuestas a favor de que «la situación mejorará».

El punto de inflexión se remonta a la devaluación dispuesta en enero por el gobierno de Eduardo Duhalde, tras más de una década de paridad cambiaria con un peso argentino cotizado igual a un dólar. La depreciación de la moneda nacional llegó al 70 por ciento.

La derogación de la llamada ley de convertibilidad, acuñada por el presidente Carlos Menem (1989-1999) y su ministro de Economía, Domingo Cavallo, provocó en principio inestabilidad e inflación, pero empujó las ventas externas y una creciente sustitución de importaciones de productos manufacturados.

No obstante, esa recuperación económica incipiente no ha minado la crisis social de este país, donde este año la pobreza alcanzó al 51 por ciento de los 37 millones de habitantes, el desempleo trepó al 21,4 por ciento de la población económicamente activa y los salarios fueron devastados por la inflación.

«Los sectores beneficiados por esta recuperación son los bancos y los exportadores, pero una enorme mayoría de argentinos está fuera de la producción, porque no tiene empleo o trabaja de modo precario», dijo el secretario de Organización de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), Edgardo Depetri.

Los trabajadores no tienen esperanzas para 2003, apuntó el dirigente de la CTA, la central sindical opositora.

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La devaluación estimuló las exportaciones

«Es probable que haya sectores en los que está aumentando la producción, pero no son indicadores que puedan frenar la tendencia al aumento de la pobreza. Puede sí ocurrir que se estabilice el nivel de desempleo, pero sin cambios de fondo», advirtió Depetri.

La economía argentina comenzó un proceso recesivo a fines de 1998 y desde entonces el producto interno bruto cae de manera persistente.

Para este año se calcula un retroceso de la economía en torno al 12 por ciento, pero las proyecciones para 2003 del gobierno y de estudios privados indican un crecimiento del orden del tres por ciento.

En tanto, la inflación desatada a principios de año llevará a que al finalizar diciembre se ubique en el 45 por ciento anual, pese a que se frenó el aumento de precios en los últimos meses, mientras que para 2003 se calcula en el 22 por ciento.

A su vez, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, espera un descenso del desempleo al 19 por ciento de los activos a fin de año, luego del salto del 14,3 en 1999 al 21,4 por ciento según la última medición.

Los bancos, que estaban en el epicentro de la crisis en diciembre de 2001, se encaminaron en los últimos meses en un proceso lento de recuperación de depósitos y de normalización del llamado corralito, que mantuvo inmovilizadas las colocaciones de ahorradores en cuentas a la vista y en plazos fijos.

Pero sin dudas que la devaluación de la moneda argentina frente al dólar tuvo el efecto en la economía similar al de una copiosa lluvia tras largos meses de sequía.

Las exportaciones, en especial agrícolas, y la actividad de algunas industrias se incrementaron por efecto de la mejora de la competitividad externa.

Una muestra de ese repunte se manifiesta en el hecho de que los productores rurales utilizaron más fertilizantes, plaguicidas y maquinarias.

Ese freno en la caída de la actividad comenzó a advertirse desde mediados de año y más notoriamente en los últimos tres meses. En la primera parte del año, la devaluación del peso provocó un fuerte impacto en los precios sin una contrapartida en el aumento de la actividad, el empleo ni en los ingresos.

Sin embargo, a partir de junio el tipo de cambio se estabilizó en torno a 3,50 pesos por cada dólar y los precios detuvieron su ascenso, logrando que sectores con capacidad ociosa pudieran relanzar su producción, sustituyendo importaciones o recuperando mercados externos gracias a esas ventajas comparativas.

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El fin de la depresión

La industria del calzado pasó de utilizar el 10 por ciento de su capacidad instalada en diciembre de 2001 y apenas el cinco por ciento un mes después al 70 por ciento en la actualidad, señaló el presidente de la cámara del sector, Carlos Bueno.

Las fábricas de calzado, que sufrieron la competencia de productos de Brasil a precios más bajos desde que en 1999 ese país devaluara su moneda, aumentaron sus exportaciones de modo constante en la segunda parte del año, al punto que en octubre ya vendían el 300 por ciento más que en igual mes de 2001.

«El primer semestre de este año fue de estancamiento y en el segundo fuimos recuperando paulatinamente mercados externos en América Latina y en Europa», explicó Bueno.

Para el próximo año la expectativa es consolidar esos logros, tanto en mercados externos como en el propio país por la desaparición de los artículos importados, comentó.

«El consumo interno de calzado cayó este año un 21 por ciento, pero nuestra producción creció el 26 por ciento por el aumento de exportaciones y la sustitución de importaciones, por lo cual esperamos que el año próximo se pueda incrementar un 15 por ciento el personal» ocupado en la industria del calzado, indicó.

Datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos señalan que, además del calzado, creció la actividad en la industria aceitera, siderurgia, de aluminio, minería, en la fabricación de juguetes, sectores del plástico, la química y de neumáticos.

También se registraron aumentos en las exportaciones de lácteos, de carnes y de producción papelera, aunque su expansión se vio limitada por la caída del consumo interno. En tanto, se beneficiaron con la sustitución de importaciones la industria textil, del vidrio y química.

La mejora en esos sectores llevó optimismo a las filas del gobierno, que se animó a pronosticar el fin de la depresión económica a final de año si se mantiene esa tendencia, pues se habrán acumulado tres trimestres seguidos de recuperación del producto.

Pero los analistas ponen énfasis en la permanencia de la crisis en sectores que tradicionalmente constituyen la locomotora de la economía argentina, como es el caso de la producción de cemento y, en particular, de la industria de automotores, cuya actividad cayó un 37 por ciento en los primeros 10 meses de este año.

Los economistas afines al neoliberalismo reconocen la recuperación sectorial, pero critican al gobierno por su decisión de no pagar los compromisos externos.

Argentina declaró a fines de 2001 el cese de pagos a los acreedores privados y desde hace un mes dejó de abonar vencimientos de deuda con organismos multilaterales de crédito.

Por eso es aún apresurado sostener que Argentina está en franca recuperación. Sólo ocurre que, después de un año en que el país vivió en peligro, la amenaza de una catástrofe económica desapareció del horizonte inmediato y los síntomas indican una mejora creciente. (Buenos Aires)

 

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