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| ANÁLISIS Brasil: Los que apuestan por la zozobra Por Ca | ||
Puntos preocupantes Especulación desatada | ||
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Demasiado poco duró el efecto supuestamente benéfico
del préstamo de 30.000 millones de dólares que el Fondo Monetario
Internacional (FMI) concedió a Brasil el jueves 8. La virulencia de los
mercados sólo se sosegó unas horas: el viernes 9 el dólar se cotizaba un
2,9 por ciento más caro con respecto al real; el lunes 12 un 4,2 por ciento más
y el martes 13 un 0,6 por ciento más, hasta instalarse en los 3,17 reales. El llamado riesgo país trepaba el 12 de agosto
a casi 2.200 puntos, muy cerca del nivel máximo a que había llegado la
semana anterior y bastante lejos de los 1.800 puntos a que había descendido
tras el anuncio del acuerdo con el FMI. El Banco Central, por su parte, se vio obligado
a pagar tasas de interés de hasta el 33,7 por ciento para refinanciar títulos
públicos que se rigen por el tipo de cambio. También fue de corto aliento el alborozo
expresado por el presidente Fernando Henrique Cardoso, que saludó «el préstamo
tan abultado» a un gobierno próximo a terminar su mandato como una inequívoca
señal de confianza del Fondo en el país y como un golpe a la especulación. Los candidatos a sucederlo tras las elecciones de octubre próximo mostraron una exquisita comprensión hacia el acuerdo logrado con el FMI, empezando por el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, claro favorito según las encuestas, y siguiendo por el centroizquierdista Ciro Gomes, que marcha segundo en la intención de voto. | ||
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Puntos preocupantes Sin embargo, el acuerdo contiene algunos
puntos altamente preocupantes. Uno de ellos es la exigencia de mantener un
superávit fiscal equivalente al 3,75 por ciento del Producto Interior Bruto
para los próximos tres años, es decir, un plazo mayor que el de la
vigencia misma del convenio. Otro es la «autorización» a que el Banco
Central mantenga un mínimo de reservas de 5.000 millones de dólares. Y un tercer punto es que de la suma prometida
por el Fondo sólo 6.000 millones de dólares serán entregados durante este
año, a partir de septiembre. El 80 por ciento restante se otorgará desde
2003, de acuerdo con la «conducta» que muestre el nuevo gobernante. Los tres puntos implican un condicionamiento
estricto de las políticas que intente aplicar el partido que triunfe en los
comicios de octubre. Así, sin necesidad de someterse a ninguna elección
democrática, el FMI se erige como una instancia de gobierno unidireccional,
uniformizadora y omnipresente. Al fin y al cabo, parece coronar, aunque no
de la manera deseada, el sueño de tantos utopistas de un gobierno
universal. No faltaron las advertencias catastrofistas
apenas se conoció el crédito concedido por el Fondo. Kenneth Maxwell, director del Consejo de
Relaciones Internacionales de Estados Unidos, afirmó que «ese paquete de
30.000 millones de dólares no será suficiente para calmar a las personas e
instituciones del exterior que dan las líneas de crédito. Sólo postergará
por unos meses la debacle». Y, sombrío, predijo que «a partir de ahora
los riesgos serán más grandes para Brasil y para el propio FMI, porque
cuando venga la quiebra será mucho mayor». El economista John Williamson, uno de los animadores del Consenso de Washington, sostuvo en un artículo que la crisis de Brasil no es demasiado diferente de la de Argentina: ambos países se caracterizan por el enorme volumen de su deuda pública. | ||
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Especulación desatada Muchos analistas se empeñaron en interpretar
el apoyo financiero del organismo internacional a Brasil y Uruguay como un
giro radical en las políticas que venía adoptando la institución. En ese
esquema, la renuencia a conceder créditos a Argentina se explicaría como
«un castigo ejemplarizador para unos gobernantes díscolos». Parece conveniente, sin embargo, percibir la
continuidad de la línea central de actuación del FMI y su repertorio de
adaptaciones a determinadas situaciones concretas. Mientras tanto, la especulación parecía
haberse encarnizado con Brasil. En opinión de varios economistas, se
trataba de un ataque en toda regla dirigido a salvaguardar poderosos
intereses financieros, en primer lugar los de ciertos grandes bancos. En la Bolsa de Mercaderías y Futuros se
celebraron numerosos contratos apostando a que el dólar estaría por encima
de los tres reales en agosto. Según afirman varios expertos, hay cien mil
contratos de cambio futuro por unos cinco mil millones de dólares que
vencen el último día de agosto. Los que se embarcaron en esa apuesta, como
veteranos jugadores de ruleta, son los que se lanzan a comprar dólares para
presionar al alza la divisa norteamericana. Han hecho cuidadosamente sus cálculos
y concluyeron que ésa era la forma de preservar sus ganancias. También presionan los que apostaron en el
mercado futuro de tasas de interés. Para el último trimestre del año, éstas
se situaban entre el 23 y el 26 por ciento, pero tras el acuerdo con el FMI
Brasil no necesita conseguir fondos en el exterior y por lo tanto podría
reducir su actual tasa del 18 por ciento anual. Naturalmente, los que se verían
perjudicados por esa medida provocan volatilidad en el mercado. Así, entre los especuladores y el Fondo, Brasil se dirige a unas elecciones presidenciales que ciertos intereses quieren ver rodeadas de la máxima zozobra. (Comunica). | ||
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